Capítulo 22: Confesiones

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Comienzo a atar cabos.

John estaba cerca del hospital, sin una razón aparente y con todo el tiempo disponible para ayudar a una desconocida.

Cuando tomó mi mano, de seguro sintió mi energía y lo ocultó, fingió para mantenerme en las sombras.

Pero ¿Por qué?

No detendré está conversación hasta saber todo, por horrible que sea, aunque después llegue la muerte.

Si él hace parte de los cazadores ¿Por qué simplemente se ha dedicado a esconderme? ¿Por qué no ha intentado apoderarse del poder en mí?

John se recuesta al respaldo del sofá y echa la cabeza hacia atrás. Suelta el botón en el cuello de su camisa y comienza a recogerse las mangas.

- ¿Eres un cazador, John Jagger? - insisto, solo tenía que responder con un si o un no pero el mantiene la boca igual de cerrada que sus ojos- ¡¿Lo eres?! -levanto la voz.

- Lo fui, antes de la muerte de mi madre -responde al final, abriendo los ojos para observarme.

Aprieto con fuerza el maxilar para controlar el temblor que acompaña las intensas ganas de llorar.

- Pero no soy un asesino, Lys, ni antes ni ahora le haría daño a uno de los tuyos -termina.

- ¿Uno de los míos? Entonces ¿Sabes lo que soy? ¿lo que mi familia y yo somos?-la respuesta al cuestionario es obvia pero necesito hacerla, necesito escuchar las palabras salir de sus labios.

- Si.

Siento el dolor de la traición en mi pecho.

¿Por qué no lo dijo antes?

Pestañeo rápidamente para alejar la humedad que se acumula en mis ojos y continúo preguntando:

- ¿Desde cuándo?

Baja la mirada y exhala con cansancio.

- Desde aquella noche, en el momento en que toqué tus manos por primera vez.

Tal como lo presentía. Siento una mano invisible apretar mi garganta pero me lleno de valor y borro la sensación de mí, es el momento de la verdad, debo interrogarlo hasta que logre hacerme recordar o hasta que me dé lo suficiente para rehacer mi vida.

- La energía ...cuando me tomas de las manos siento la energía pasar por ellas -hablo en voz baja, lo miro y siento el enojo recorrer mi cuerpo- ¡me mentiste, descaradamente! ¡Siempre supiste quien soy y te lo callaste! -me levanto y camino por la sala apartándome de él.

Él me mira desde el sofá.

- Las cosas no son así. No sé quien eres. Hasta ahora pensé que eras tan diferente como lo soy yo. Pero eres la razón por la que los cazan a todos, por tu poder, es la información que puedan obtener para dar con tu paradero. Por eso te he protegido, por eso te oculté de mi padre. No tienes ni la más mínima idea de lo que son capaces de hacer y cree cuando digo que la pacífica muerte no está en la lista.

Me dejo caer en un sillón y me cubro el rostro con las manos.

» Siempre pensé que era un mito al que mi padre le daba más importancia de la que tenía realmente. A mi me había costado creer que existiera una humana capaz de hacer lo que haces ¿cómo iba a explicar algo tan inverosímil? Y aún siendo real, no se había manifestado tu don y no sabía si estabas al tanto de él. Tampoco sabía que tú percibes la energía que nos permite identificarte.

¿Mito? ¿poder? Cada vez entiendo menos.

» No tengo información de la caza porque ya no estoy con ellos, pero todo iba encajando. El que borraran tu información del hospital y lo de tu madre. Pero que tus padres se ocultaran sin esperar por noticias tuyas me hizo dudar de que realmente fueras la portadora del don de Midas. He esperado a que todo se acomodara por si solo.

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