Punto de vista de Alysha
Todo se resume en una frase: Descendiente del rey Midas.
En conjunto todos éramos llamados los hijos de Midas, pero yo nací para ser su princesa, no debido al rey, sino a su hija. Esa particularidad que deseo borrar de la historia.
Fantaseo con ello continuamente, con la normalidad que está más allá de los límites de nuestro mundo, lo deseo con toda mi fuerza vital mucho más aquí en la escuela, dónde Ashley -mi hermana- deja correr a rienda suelta sus ganas de desquitarse por lo que a su parecer le he robado.
Hacerme sufrir es su forma de "equilibrar las cosas", idear oportunidades para ridiculizarme todo el tiempo posible. Yo, solo aguanto sus embates con resignación, ya que no puedo cambiar lo que la naturaleza hizo cuando nos formamos al tiempo en el vientre de nuestra madre.
Empiezo a relajarme considerando que hoy lo dejará pasar, y es cuando entonces su voz se hace audible sobre el bullicio llegando a mis oídos. Dejo el tenedor inmovil en mi mano, mantengo la mirada en la bandeja de comida mientras se anuncia y hace que todos se percaten de su presencia.
- ¡Oh! ¡miren quién está aquí! -se escuchan las risitas de los espectadores- Encontré el lugar perfecto para sentarnos, pero tenemos un problema menor.
Apoya las manos sobre la mesa, del lado opuesto al que me encuentro e inclina su cuerpo hacia el frente. Me quedo inmóvil como una estatua, sintiendo como su séquito de amigos rodean los demás flancos de mi mesa.
<< Hazlo rápido >> digo para mis adentros, sea lo que sea que traigas en mente.
- ¿Otra vez en tu burbuja personal, Alysha? - pregunta en voz baja -quiero que te levantes de mi lugar y salgas de mi vista.
La miro por un instante sin hacer gesto de sentirme afectada, veo su cara enmascarada por una sonrisa burlona; estoy tan acostumbrada a sus sandeces que ya carecen de importancia para mí. Más sin embargo, dejo que saque su frustración para compensarla por no poder cambiar el destino.
Ella es parte de mi herencia genética o como mejor suelo llamarle: mi maldición de gemela.
Mi apetito ha desaparecido con su llegada y aún tengo puré de papas en mi bandeja, Ashley creerá que se debe a su desagradable presencia y espero que quede más que satisfecha al atribuirse también el dañarme las onces. Me levanto con la urgencia de alejarme del foco público y tropiezo mi espalda con alguien en medio del afán.
Si Ashley así lo ha planeado le salió de maravillas: caigo sentada nuevamente en la silla, con el puré vaciado sobre la falda de mi uniforme, mi instinto me grita que Ashley no ha terminado su número aún, y no se equivoca pues ella abre los ojos con un brillo malicioso y me sonríe, observando sin pestañear lo que ha causado. Capto el sonido de un vaso caer sobre la mesa, y entorno mis ojos en él, veo en cámara lenta el jugo de moras derramándose en lo poco que quedaba limpio de mi uniforme.
Estallan las risas en todo el comedor. Cierro con fuerza mis ojos y hago una inspiración profunda, actúo como si ninguno de aquellos que aplauden retorciéndose en la burla existieran.
Al mirar otra vez el desastre, coloco la bandeja sobre la mesa y me trago el malestar que me provoca sentir la textura pegajosa del puré contra mi piel. No puedo permitir que el enojo me invada, Ashley y yo compartimos la misma sangre, y lejos de toda su maldad la quiero por ser mi única hermana y porque entiendo su rabia contra mí:
Desde el origen de nuestra raza, cada 100 años el fenómeno ocurre, gemelas nacen y el don se manifiesta -pero solo en una de ellas- así ocurrió en una de nosotras, y ella no era la afortunada.
Recojo la bandeja y la llevo rápidamente hasta la pila, es mi momento de huir si no quiero encontrarme con mi guardián, sé que me está observando desde alguna parte, puedo sentirlo en el bello erizado de mi nuca y no quiero que se inmiscuya, se lo he prohibido.
Con Ashley ya he tenido suficiente por un día, y si ella lo ve junto a mí, se desatará un infierno en toda Frigia.
Sin levantar la mirada al caminar me dirijo a la salida del comedor, podría pasar un largo tiempo en el baño quitando el pegote de puré que se niega a abandonar mi falda, la sacudo con fuerza para liberarme de la sensación que recorre mi cuerpo al saber que él esta cerca.
Atravieso el pasillo un tanto desierto de espectadores y me detengo justo en frente de la puerta del baño para empujarla y abrirme paso. La energía sube por mis dedos y acaricia mi brazo antes de que su mano termine de envolver la mía, impidiéndome el ingreso al baño y haciéndome dar vuelta para quedar mirando justo a sus ojos azules, más brillantes que de costumbre, lo que me indica que su furia es un volcán en plena actividad.
- Esto es de tu talla.
Me entrega una falda del uniforme y sin esperar mi respuesta se marcha dejando la pieza de tela en mi mano.
Lo observo caminar alejándose de mí, su espalda ancha y hombros rectos, los brazos al compás lento de sus pasos y su cabello rubio brillando con las luces por dónde va pasando.
Agradezco que no apareciera en el comedor, después de todo, Ashley no representa ningún peligro para los que el realmente debe protegerme. Su energía aún circula en un viaje lento por mis venas haciendo que mi corazón trabaje torpemente, me obligo a dejar de mirarlo e ingreso al baño para cambiarme, solo espero que al salir no vuelva a encontrar esos brillantes ojos azules en mi camino o que al volver a clases algunos de los acompañantes de Ashley no hayan desaparecido de la escuela.
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TOUCH
RomanceTouch es el primer libro de una serie de mi autoría llamada Los hijos del Rey Midas, escrito desde el punto de vista de distintos personajes. Cuenta la historia de una chica favorecida con un fantástico don, guardianes y cazadores a su paso, intriga...
