17. HOSPITAL (Parte I)

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CAPÍTULO 17: HOSPITAL

POV KATNISS

-PARTE I-

Tengo la sensación de estar emergiendo desde un mundo de oscuridad, lugares encantados y terroríficos donde viajo sola y me encuentro con cosas desagradables que hacen que me erice la piel, donde mutos junto a criaturas no humanas me atacan, donde los charlajos me atormentan con gritos de las personas que amo, otros donde veo morir a Peeta y a muchos más de diferentes maneras. De algún modo, tengo claro que me sedaron, porque no puedo despertar aunque quiera, me mantengo sumida en ese alarmante mundo donde el peligro me acecha. Cuando vuelvo en sí, estoy sola, o eso creo hasta que giro la cabeza y veo a Finnick dormido boca arriba en una cama blanca.

¿Dormido?

¿Qué nos pasó?

Miro a mi alrededor, la enorme sala es blanca. Estoy en el hospital.

Los recuerdos vienen a mi mente. Mi primer ataque de pánico al salir a la superficie, luego las rosas para dos trágicos amantes, los paracaídas con el nombre de Finnick y el mío, cuando intenté grabar la propo, mi desesperación al escuchar el grito de Peeta, yo saliendo corriendo para alcanzarlo para descubrir que sólo eran charlajos. Haymitch consolándome, cargándome entre sus brazos y alejándome de los charlajos y sus gritos. Finnick llorando, y yo también. Ambos completamente quebrados y fuera de sí. Haymitch intentando calmarme y luego, yo sumergiéndome en la oscuridad, tras sentir un repentino pinchazo en el brazo.

-¿Finnick? –Pregunto, esperando que despierte y me responda, pero sigue dormido y no se mueve. -¡Finnick!

Necesito que alguien me diga que ocurrió, pero me rindo. Él sigue bajo el efecto del sedante, nos debieron inyectar lo mismo.

Suspiro y dejo salir las lágrimas, el llanto, todo mi dolor y frustración.

-¿Katniss? ¿Qué te sucede?

-¿Prim? –Mi voz está teñida de dolor.

Ella se acerca corriendo hacia mí y se detiene a un costado de la cama. Toma mi mano entre la suya.

-Estábamos tan preocupadas por ti, yo y mamá. Lamento lo que pasó.

No respondo. No puedo hablar de eso, sin quebrarme nuevamente.

-¿Qué sucedió?

-Tú y Finnick se alteraron, por eso los tuvieron que sedar.

-¿Cuánto tiempo llevamos inconscientes?

-Un día. La dosis era mayor a la acostumbrada. Pero ustedes necesitaban recuperarse. ¿Cómo te sientes?

-No estoy bien, Prim.

-Eso ya lo sé. Me refiero a si te duele algo.

Prim me sonríe, pero se nota que está preocupada por mí.

-¿Qué me pasó, Prim?

-Tienes algunos esguinces por las caídas, raspones y cortes, pero nada grave. Haymitch me dijo que corriste por el bosque y te encontró tirada en medio de un claro muy alterada.

-Pensé que Peeta estaba ahí, quería ayudarlo. Me caí muchas veces.

Eso no me pasa normalmente, pero estaba tan alterada que no me fijé donde pisaba.

-Snow sabe cómo jugar contigo y con Finnick. ¿Fue como en el Vasallaje? ¿Cuándo escuchaste mi voz distorsionada como un grito?

-Sí. Pero esta vez los gritos se escucharon muy reales. –Agrego.

-Deben tener grabado todo sobre él. Sólo les hace falta hacer una selección y sacar fragmentos de audio. –Mi hermana lo entiende. –Pero, Finnick tiene razón, Snow no lo matará y...

-¿Y qué, Prim?

-Te lo dirá, Haymitch. Él te lo explicará mejor. Ha estado con ustedes casi todo el día y se ha quedado a cuidarlos en la noche. Tenía una reunión en Comando. Dijo que pasaría a verlos apenas se desocupara. Debe estar por llegar. Por cierto, debes tomar una medicina, te sentirás mejor. Y toma esto.

Mi hermana saca de uno de los bolsillos de su uniforme, un pañuelo de tela, y me lo da.

-No me gusta verte llorar –me dice. –Ahora entiendo cómo te sentías tú cuando me veías así. Siempre te mostraste tan fuerte, que me duele verte sufriendo. Pero, sólo Peeta es capaz de calmarte ¿verdad?

-Sí.

No puedo negar algo tan evidente, sería mentirme a mí misma. Agarro el pañuelo que me ofrece y lo paso por mi rostro y mis ojos llenos de lágrimas.

Dejo que mi hermana me dé la medicina, porque de todas las personas que trabajan en el hospital, mi madre y ella son las únicas personas a las que les obedezco realmente. Es un jarabe con un sabor dulzón y acido que deja una horrible sensación en mi boca al tragarlo, pero aún así lo soporto.

En mi oído me dice que nuestra madre me sacó una muestra de sangre. No hace falta que aclare para que, aunque pone una excusa falsa por si hay micrófonos y cámaras grabándonos. También me comenta que por tres horas no las dejaron pasar y estuve en una sala individual atendida por los mejores especialistas. Nadie tiene la certeza de que me hicieron, mientras mantenían a mi familia al margen, creen que les ocultaron algo y dadas las circunstancias no me extrañaría.

Mi hermana me acompaña hasta que una enfermera la llama y le solicita estar con otro paciente. Ella parece reacia a irse, pero una mirada de mi parte, la convence de que estaré bien sola.

Minutos después, vuelvo a caer dormida.

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VOLVIENDO A TI (Everlark)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora