Capítulo 5: Tsalia Morengei

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Gimnasia.

Eso fue lo que dijo Rihanna cuando Alex le contó sobre cómo me había comportado durante mi iniciación. Claro que no le habló de nuestra velada en lo absoluto, pero sí le contó sobre mi constante cambio de emociones y el hecho de que quise asesinarlo. Esto no le sorprendió para nada, al parecer ella estaba acostumbrada a ese tipo de reacciones, ya que ella misma había lidiado con eso.

«Para las mujeres, es mucho más difícil atravesar la iniciación».

Es lo que ella me dijo antes de encerrarme en esta odiosa habitación. Creí que me tomaría tiempo aprender todos esos movimientos extraños que ella me había enseñado, pero no fue así, pude realizar cualquier paso o estiramiento y hacerlo al igual que una bailarina, no me dolía nada cuando me abría de piernas o cuando tocaba la punta de mis pies sin flexionar las piernas. Aunque era porrista en la universidad, jamás pude hacerlo sin que me doliera al menos un poco, ahora incluso podía dar cinco volteretas hacia atrás seguidas, me parecía a uno de esos competidores de gimnasia en los Juegos Olímpicos, aunque puede que en alguna ocasión un vampiro haya ganado una medalla allí.

En cuanto me levanto de hacer el arco, desvío mi mirada hacia Alex, este permanece con la mirada fija en la revista que lleva en sus manos, recargado completamente en el sillón color crema frente a la cama. Esta era una de las habitaciones de invitados la cual, según él, convertirán en la mía, aunque dudo que Alex me deje usarla por las noches. No me molesta por supuesto, dormir en los brazos de mi novio no es algo a lo que me oponga.

De todas formas yo sé que la realidad es otra, que no saldré de esta casa en varios meses, así que lo mejor que puedo hacer es ponerme cómoda. Sin embargo por ahora tenía que controlar mis cambios de ánimo, así que lo hacía por medio de la gimnasia, como me indicó Rihanna, ella ya se había dado a sí misma el nombre de mi instructora desde el momento en crucé la puerta por la mañana.

Me explicó que mantener mi cuerpo relajado y mi mente concentrada en una sola cosa me ayudaría a mantener el control, tenía que encontrar el equilibrio de mis emociones. Pero aquello no era tan fácil, no con Alex aquí conmigo, él es una distracción, ya me es suficiente con todo aquel ruido y olores, otra cosa que controlaré con el tiempo. Por ahora sólo tengo que intentar encontrar un estado de ánimo con el cual no haga daño a nadie tanto física como verbalmente.

Giro sobre mis talones dándole la espalda a Alex, y luchando con todas mis fuerzas para no tratar de buscar aquellos preciosos zafiros. Aunque él no me mirase, sí que estaba consciente de que yo lo miraba a él, y vaya que lo hacía muy seguido, pero no podía evitarlo.

Rihanna me encerró en la habitación con él como una prueba, ella me dijo que tenía que encontrar algo con lo que me mantuviera cuerda, como una especie de ancla, y quería que fuese Alex ya que técnicamente yo era la de él. Monique sólo se refirió a eso como algo romántico, mientas que a mí resultaba fatal, no el hecho de que Alex fuera mi ancla, en realidad la idea me fascinaba, lo que no me gustaba era tenerlo ahí cuando mis emociones estaban fluyendo de una manera descontrolada, Rihanna me había dicho que tenía que hallar algo en lo que concentrarme, pero si me concentraba en Alex las cosas no irían para nada bien.

Después de hacer un par de ejercicios más, lo miro de nuevo. Era algo que no podía evitar, él se mantenía como una estatua con la vista fija en la revista, para lo único que se movía era para dar vuelta a la página, y para eso apenas movía un par de dedos, ni siquiera movía los ojos al leer. Sacudo la cabeza para ordenar mis ideas y continúo estirando, aunque de vez en cuando, levanto la cabeza para mirarlo.

Pero de pronto, ocurre un momento en el que me quedo tiesa observándolo, admirándolo. No tengo tiempo de pensar en lo que hacía, aunque todo hubiese ocurrido demasiado lento. De un momento a otro ya me encontraba frente a él y había arrojado su revista al suelo.

Demons| TC2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora