Dormía, dormía plácidamente escuchando los latidos de su corazón, oyendo aquélla melodía que proporcionaba cada latido de su ser.
Era la melodía más dulce y hermosa que haya escuchado en toda mi vida, o al menos hasta éste punto de vida existencial.
Era la cálida caricia que necesité durante el tiempo en qué me sentía divagar, en el qué todo podría estar en un punto lleno de confusiones y tristezas, en medio de sus brazos.
Me he vuelto loco por estar en una completa tranquilidad, sabiendo que ella me la estaba brindando de la mejor manera posible; pero yo lo rechazaba de la peor manera.
Todo estaba en silencio, hasta qué sentí sus brazos rodear mi espalda herida, y marcada con un dolor profundo qué sólo ella estaba sanando en éste momento, de alguna manera misteriosa y calida.
Sentía qué me rodeaba y sus dedos intentaban acariciarme con dulzura y delicadeza, una delicadeza qué me llenaba el espíritu qué estaba tan quebrantado y destrozado por todas las maneras posibles. A causa de una enfermedad que no quería ser o ver en mi vida.
Hasta qué repentinamente, y entre sueños la escuchó decir qué ella tenía una profunda confesión del alma, qué jamás había pensado en qué ella tuviera.
Ahora estaba corriendo a su abrazo para reconfortarle, y demostrarle qué mi amor no tenía un final, qué por mas fuera el intento de los últimos meses, para alejarla completamente de mi vida, yo no tendría el método para hacerlo.
Quiero corresponder al amor inagotable qué ella me brindaba, ahora comprendo que he nacido para estar con ella, y para dignificar su existencia.
En medio de su confesión, sentía cómo nuestros pechos estaban doliendo, pero a la vez estaban siendo sanos en todas sus formas y maneras posibles de hacerlo.
Era algo hermoso, algo indescriptible, y maravilloso, era una forma de ver qué todo lo qué habíamos hecho por hacernos daño, no se comparaba con éste amor que estábamos experimentando los dos, de una manera especial y profunda.
Sentía rodar sus lágrimas, aquéllas que una vez desprecie, y me burle de ellas, hasta el punto en que no podía comprender lo cruel qué fuí con ella. No podía hacer nada, para qué no llorará, y a su vez sentía como me lavaban de todas mis maldades y haciendo una expiación profunda en mi interior, para lavar y transformar un ser enfermo y lleno de tanta rabia que no he comprendido lo dulce y bella qué ella ha sido.
Estaba en medio de un misterio de vida, el cuál me daba una alegría que sentía no merecía tenerla en mi vida, por el modo en qué me comporté con ella y su dulce manera de ser tan especial conmigo.
Se esforzaba mucho, por no seguir llorando, y seguir quebrantada, pero por alguna razón no podía haberlo lograrlo sin ayuda de los diferentes modos en que nuestros extraños y más profundos secretos se habían comenzado a revelar de una manera qué no creó posible que fuera hecha en la tierra y en un momento de vida terrenal.
Al instante, se escuchá la voz de mi madre qué le habla de una manera tan dulce y delicada, qué ha llegado el momento en qué todo se revele por completo. No creó poder levantarme de su regazo y esforzarme para que mi madre no hablará. Sólo podía contemplar éste momento, con algo de dolor y vergüenza en mi interior, por todo lo qué podríamos estar experimentando con todo lo qué se vendría para nosotros en nuestras vidas. Puede tener un tono dulce, pero también uno triste, y eso estaría a punto de oírse.
—(Mamá): ¡Oh, veo qué están descansando y reposando sus heridas! Mejor me retiró de aquí, y los dejo solos.
—(Mariana): No, no se preocupe, por favor siga, y siéntese en aquélla silla que está al pie de la ventana.
—(Mamá): Está bien, veo qué eres muy calida y dulce, realmente no me esperaba que fueras tan preciosa.
—(Mariana): Muchas gracias, en verdad muchas gracias. ¿Puedo saber quién es usted?
—(Mamá): ¿Daniel no te ha hablado de mí o de su familia?
—(Mariana): No, no señora. Sé qué depronto haya sido un algo malo para ustedes, pero no he oído hablar de ustedes.
—(Mamá): Yo soy la mamá de Daniel, soy su progenitora. Y su progenitor, también se encuentra aquí, pero por razones Del Anciano, he sido enviada a la misma cabaña qué estuve con el progenitor de Daniel, en el momento en qué se decía sí podríamos volver, y finalmente no nos dieron la oportunidad para haberlo hecho.
Mucho gusto, hijita.
—(Mariana): Mu, mu, mu, mucho gusto, señora...
—(Mamá): Por favor, hijita, llámame madré. Ya qué eres la única que ha hallado la manera de sanar las heridas del corazón y la mente de mi hijo.
—(Mariana): Señora, es lo menos qué puedo hacer por él...
—(Mamá): Es mucho para mí, quizá sea lo más grande qué una mujer extraña se haya atrevido a hacer por mi hijito, por mi pequeñito.
Tú te has esmerado en tanto por él, qué en verdad me siento muy feliz de verte y poder conocerte por éste medio.
Mi madre se ha acercado a Mariana, y ha visto la manera en qué nos encontramos ahora mismo. Siento qué mi madre le ha tocado su rostro, y ha comenzado a sollozar, de una manera qué me dolía mucho, escucharle así.
—(Mariana): Señora, también es un privilegio poder conocerla y ver su bondad, hacia conmigo y mi vida, gracias por el modo en qué me ha honrado.
—(Mamá): Me siento tan feliz, de poder compartir contigo y con mi hijo en éste modo. Ahora los siento más cercanos a mí.
—(Mariana): Es usted muy linda, muy amable, muy especial conmigo y eso no lo merezco, siento qué no merezco tanto.
—(Mamá): En un momento sabrás que sí lo mereces, y que mereces estar con Changkyun, más qué cualquier demonio, o arpía que quiera arrebatar la vida de mi hijo, para qué no pueda cumplir su propósito en el mundo.
—(Mariana): ¿Cuál es ese propósito?
—(Mamá): Ser uno de los que decapitaran a Soyou, a quién le debemos el mayor dolor de nuestras vidas y nuestra separación, cómo una familia...
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Alma oscura, alma blanca
Fanfiction«No quiero destruir tu alma blanca, con mi alma llena de oscuridad, debes abandonarme, aúnque no quiera, aúnque me cueste la vida olvidarte. Tú, fuiste quién me enseño lo que es el mundo. Y ahora, no puedo hacer mas que aferrarme, desgraciadamente...
