Si pensaron que la secundaria era una hija de perra, estaban muy en lo correcto. Porque la escuela intermedia era la mismísima perra en persona.
Desde el momento en que salías de primaria tu vida está destinada al abismo, tan sencillo como suena. ¿Buscas «estudiantes de escuela media» en Google y te salen puros rostros sonrientes? ¡Farsas, puras y míseras farsas! La escuela intermedia era un pedazo de pozo disfrazado de infierno, en el que te daban alas y luego te las arrancaban con una tijera tan grande como la estupidez de los jodidos chicos que eran por fuera unos pretenciosos y suicidas pre-adolescentes de mierda. El cincuenta por ciento de las chicas eran unas putas y asequiblemente te hincarían una estaca en la espalda cuando menos te lo esperaras, y si te gustaban las mismas cosas que ellas entonces eras una miserable poser que no merecía consideración de vida, pero si odiabas las mismas cosas que ellas entonces eras una miserable perdedora que no merecía consideración de vida.
La lógica de Estados Unidos, todos ustedes.
No tenía nada en contra de la educación americana de hoy en día, por supuesto, pero verdaderamente la gente a la que estaba criando esta bella nación podía escupirles y pasarles por encima con una aplanadora un millón de veces, y no me sentiría nada mal al respecto. Incluso podría sentarme con un reclinatorio y balancearme sobre los escombros mientras que veía un capítulo de King of the Hill, con una botella de Coca-Cola entre mis asesinos dedos. Y seguiría sintiendo nada.
Realmente, realmente detestaba la escuela intermedia.
Las grandes zorras de la secundaria comenzarían a formarse en la escuela intermedia, también los chicos monstruosamente imbéciles que se llevarían a vírgenes con ilusiones para después destruirles los sueños y emociones. Y es que la mayoría de los estudiantes pasaban por la inminente etapa de la presión de los pares, en donde todos traicionaban a todos como en un burdo episodio de Glee, y nadie era realmente amigo de nadie. Pasaban por esa etapa en la que eras compañero de alguien, pero sencillamente se burlaban de ti porque no querías formar parte de «lo que está caliente» así que te hacían sentir tremendamente mal al respecto, al punto de abandonarte para juntarse con gente que realmente estuviese a su altura y con la que podrían mofarse de cuán gorda y horrible te encuentras.
La cosa con la escuela intermedia era que, o eras popular, o no lo eras.
Yo, con una extraña afición por leer 'Y pensar que lo vi en la calle Porvenir' cuando estaba aburrida, no tenía muchas posibilidades de ser popular. Tampoco me importaba mucho, o no lo suficiente tomando en cuenta que Harry era uno de los más populares de Elizabeth Cobb Middle School nada más por el porte y acento británico que se llevaba consigo, lo cual me ganaba a mí apodos nada creativos referentes a lo mucho que me abría de piernas ante él para mantenerlo cerca. Lo cual apestaba… un montón. Entonces, como si no fuese grotescamente un montón, los profesores disfrutaban con toda la cantidad de tarea que te obligaban realizar y los exámenes que ridículamente te dejaban a un soplo de la locura.
La escuela secundaria no apestaba… tanto. Seguían formándose crisis existenciales y dramas victorianos dignos de una novela mexicana, pero definitivamente bajaban las escalas luego de que cada quien estuviese incluido en un grupo social específico y todos observaran a la escuela intermedia con una carcajada de alivio. Nadie se preocupaba de los problemas por los que las demás personas ajenas a su círculo podían estar pasando, y todos sencillamente seguían sus caminos tranquilamente, a menos de que algo serio esté pasando o unas cuantas chicas sigan con retraso mental y sigan pensando que se encuentran en una película americana.
Lo cual, increíblemente pasaba.
Y toda esta reflexión se dio gracias a una cosa: fotografías. No era muy apegada a guardar cosas respecto a esa etapa de mi vida, pero la sorpresa me atrapó cuando luego de la prueba de fútbol todas caminamos hasta nuestro edificio y nos dispusimos a darnos una ducha para celebrar con una buena taza de café (podía tomar una que otra taza de vez en cuando, tampoco me iba a oponer del todo a los carritos de café luego de que estuviesen en cada esquina. Naturalmente el té seguiría siendo mil veces mejor) el que mi amiga haya quedado en el equipo. Fui la primera en salir de las duchas, y para esperar me dispuse a buscar Hija de Humo y Hueso y algo de lectura ligera en la pequeña biblioteca de roble que teníamos contra la pared de la habitación. La sorpresa que me llevé al encontrarlo, y que por error se caiga al suelo ruidosamente el libro de al lado, fue demoledora.
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Dating Who
FanfictionAileen Parker estaba al tanto de que frases como «su toque me electrizaba» no tenía nada que ver con sentimientos apasionados, más que simple física y química. No pecaba de ignorancia sobre las mariposas que tantos adolescentes juraban sentir en sus...
