Fred miró los nombres de la lista sin poder creérselo. Todos los nombres de los Serpents y de otros participantes estaban ahí y solo habían pasado unas pocas semanas desde el acuerdo con los chicos.
Lee miraba por encima del hombro de Fred el papel.
—¿Y los vigilantes? ¿Dónde están?—preguntó mientras pasaba de un lado a otro de su boca una pluma de azúcar.
La sonrisa orgullosa de Charlotte se desvaneció, la chica miró al suelo con sus ojos verdes. Fruncí el ceño.
¿Parecía inseguridad?
¿Estaba ocultando algo?
—Nadie sabe nada de los vigilantes. Es imposible encontrarlos.
Lee alzó las cejas con gesto provocador.
—Creía que tú lo sabías todo, Campbell.
Charlotte no contestó.
Definitivamente sabía algo, pero no lo iba a decir delante de ellos, ¿por qué?
Fred dobló el pedazo de pergamino y lo metió en el bolsillo que tenía sobre el pecho de la camisa, mientras dirigía una mirada a la chica rubia.
—Gracias, pero no te creo, Charlotte.
—¿Cómo?—preguntó ofendida.
Emma alzó la mirada de su libro por primera vez en toda la conversación.
—Todos sabemos que eres la primera en enterarte de todo, y esto—dijo tocando el lugar donde tenía la lista— lo demuestra. ¿Cómo es que has conseguido esta información pero no sabes nada de nada de los vigilantes?
—Ya te he dicho que nadie sabe nada—respondió cortante.
Me tensé, el ambiente se estaba caldeando.
El chico pelirrojo alzó una ceja.
—¿En serio? Y, ¿por qué yo sé que son de Hufflepuff? Bueno, mejor dicho, ¿ si sabes que son de Hufflepuff, por qué no has dicho nada?
La mirada de Charlotte se ensombreció, la miré sorprendida.
—Escucha, yo no tenia ni idea de esa información...
—Eres una mentirosa...
—Cállate, Fred—salté en defensa de mi amiga—. Si dice que no sabe nada, es porque no lo sabrá. Además, ¿no querías el nombre de los Serpents? Pues ahí los tienes. Ahora haced vuestro trabajo y dejad de protestar.
Fred continuaba mirando a Charlotte, Lee miraba al pelirrojo esperando una orden o una contestación, y George me devolvía la mirada. El chico apartó sus ojos marrones.
—Muchas gracias por todo, Charlotte—sonrió levemente hacia ella.
Mi amiga asintió, mientras se levantaba y se sacudía las briznas de hierba de la falda.
—De nada, veo que no todos sois unos malditos desagradecidos—bufó con enfado mientras se iba.
Emma recogió su libro y la siguió, yo también las seguí después de fulminar a Fred Weasley con la mirada, pero él se mantuvo impasible.
—¿Algo que decir?—murmuré junto a Charlotte con enfado mientras pasábamos bajo el arco.
Ella me miró con indiferencia, estaba enfadada.
—Deberías de agradecérmelo, lo he hecho por ti.
Agarré a Charlotte de la manga.
—Gracias—respondí apretando los dientes—. Ahora, ¿se puede saber qué pasa? ¿Y por qué estás enfadada conmigo sin venir a cuento?
Ni siquiera pestañeó, pero un músculo se crispó en la mandíbula de la chica.
—Tienes muchos más amigos de lo que parece.
Pronunció amigos como si la palabra fuera venenosa, con sarcasmo, después se apartó con fuerza y se alejó rápidamente por el pasillo rodeado de estudiantes. Emma frunció el ceño junto a mí.
—Déjame que hable con ella—acarició mi hombro y se marchó con mi mirada clavada a la espalda.
"Tienes muchos más amigos de lo que parece".
La frase resonó en mi mente como una amenaza. Miré al otro lado del pórtico, unos ojos grises me miraban desde lejos.
Cedric Diggory observaba la escena en silencio sentado en el pequeño muro de piedra.
***
Al día siguiente el enfado de Charlotte parecía haber desaparecido por completo. Emma, Charlotte y yo esperábamos apoyadas en los muros de piedra de las mazmorras a que la clase de pociones empezara.
En ese momento llegó un grupo de ruidosos Slytherin de cuarto. Cayden Villin estaba a la cabeza, los Serpents. Parecían estar riéndose de algo, sin embargo, las risas cesaron cuando Villin vio a Charlotte. El chico se giró hacia sus amigos, después vino en nuestra dirección, mientras se apartaba el flequillo azabache y dejaba ver sus ojos verdes.
—¿Qué pasa, Charlotte?—dijo apoyándose en la pared junto a ella.
—Hola, Villin—contestó sin siquiera mirarlo, revisando con una repentina necesidad sus deberes de pociones.
—Oye, ¿te guardo un sitio en la biblio esta tarde?
Charlotte alzó una ceja sin dejar de mirar sus deberes.
—Pensaba que no sabías ni que había una biblioteca.
La sonrisa torcida del chico se mantuvo imperturbable. Gryffindors de nuestro curso empezaban a llegar. Pude ver como el grupito de Angelina nos fulminaba con la mirada.
—Bueno, digamos que ahora tengo una nueva motivación para estudiar—murmuró acercándose peligrosamente a su oreja.
Un murmullo se escuchó a lo lejos, los Bludgers estaban al otro lado del pasillo.
Charlotte cerró el pergamino con fuerza.
—¿No tienes clase?
Cayden alzó las cejas y su sonrisa se deshizo. Toda la belleza del chico se desvaneció con su orgullo herido.
—¿Se puede saber que te pasa? Ayer cuando te me tiraste encima no estabas tan borde—siseó.
La risita de Angelina resonó por el pasillo, Charlotte la fulminó con la mirada.
—Johnson, no te rías tanto. Que a ti no te besan ni pagando.
Las risas y los espectadores se multiplicaron alrededor del aula de pociones.
—Y, tú, Villin, tienes que estar muy desesperado para no poder dejar tranquila a una chica de segundo. Déjame en paz de una vez. Supéralo.
Las palabras sonaron casi como una bofetada. Todos mirábamos la escena alucinados. El chico rió sarcásticamente.
—Serás de segundo pero eres más zorra que ninguna. ¿Qué pasa? Que no te hace caso el niñato de Diggory que es el que te gusta y vienes a calentarnos a los demás, ¿verdad? Aquí la única desesperada eres tú—la frente del chico rozaba peligrosamente la de Charlotte.
Mi amiga apretaba la mandíbula, y sus ojos brillaban. Charlotte Campbell parecía estar a punto de llorar.
Mi mente no terminaba de asimilar lo que estaba pasando. Charlotte había besado a Cayden, y éste acaba de decir públicamente que a Charlotte le gustaba Cedric. Cedric Diggory.
"Y ayer, la vi en la biblioteca hablando con Cedric Diggory mientras colocaban unos libros" recordé las palabras de Fred.
Algo pasó corriendo frente a mí, y apartó de un empujón a Cayden. Lee agarraba al chico de las solapas de la túnica.
—Te está diciendo que la dejes tranquila y cómo no lo hagas, te lo voy a explicar yo—amenazó Jordan con la voz más seria que había escuchado en mi vida.
—¿Tú me lo vas a explicar? ¿Jordan? ¿La jefa de animadoras?—rió cruelmente el chico alzando las cejas.
La rabia surcó la cara de Lee, después alzó un puño y lo estampó con todas sus fuerzas contra la nariz del Slytherin. Entonces se hizo el caos. Todo el mundo corrió a rodearlos como una marea viviente, mientras estos giraban uno encima del otro en el suelo.
Un ruido partió la estancia en dos.
Severus Snape entraba en escena.
—Lee Jordan y Cayden Villin, venid conmigo ahora mismo. Los demás, cada uno a su clase—el gentío comenzó a dispersarse bajo la atenta mirada del profesor Snape—.Los que tengáis clase conmigo, copiad las instrucciones para la Poción de Aliento de Fuego que tenéis en la pizarra.
"Poción de Aliento de Fuego, interesante".
Lee se levantó del suelo y se sacudió la túnica, la sangre bajaba por su ceja.
Charlotte se acercó y apretó su brazo con una mirada de preocupación.
—No tendrías que haberlo hecho—susurró.
Un rizo negro caía sobre la frente del chico perlaba por el sudor. Una especie de risa cansada salió entre sus grandes labios, mientras se apartaba bruscamente de la chica.
—Ni en estás me vas a decir gracias, Cohete Campbell.
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La Dama Dorada
Fiksi PenggemarClaire es la legítima heredera del ministerio español y el francés, perteneciendo a dos de las familias más poderosas del mundo mágico. Así, se encontrará en un mundo que ella no ha elegido, rodeada de lujos, de humillaciones, de abusos y corrupción...