Incoherencias

30 7 0
                                        

La canción de los sordos es el grito de los mudos, tantos paisajes para pintores ciegos, como la nube más gris en un día soleado. La lluvia pesa tanto como para venderse al precio del silicio, bailamos cual espejo danza cuerpos que no le pertenecen, le alquilamos el aire a las plantas, planetas de personas por cada una en cada lugar recóndito del planeta, un lobo canto, la luna se enamoró pero no fue capaz de bajar para el, así volvió a nacer lo imposible, los girasoles valen el precio de una pipa, vorágine intrépida al velo de la muerte, dama de piel pálida como el mismo blanco, ojalá las mentes pudieran tomar ese color. Cuando el eco lastima más que el silencio nace esto, lo que están leyendo, la subjetividad a la hora de concebir una idea propia de lo que leen a la par de procesar letras entender palabras y comprender oraciones, frases, textos, magia, es eso, simplemente un truco, elegimos el disfraz más caro para mostrarlo a un mundo completamente pobre, versos cutres apilados forman este manojo despilfarrado de literatura que busca tocar un cielo intangible, no me gusta, lo odio, borrar, ¿vuelvo?
Los sordos pidieron ver como los ciegos un mundo auditivo tácitamente morfológico, los ciegos querían hablar como los mudos para entender las señas, y los mudos solo callaron, simplemente creyeron con una fe digna de movilizar los mares, pero al desviar tanta fe Dios perdió sustancialidad, el Vaticano perdió el control y por fin el mundo fue libre, al menos de la mente, para creer lo que querían creer o lo que creyeron querer.

Relatos de un don NadieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora