Azulejos

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Espacios mineros, suelos degradados, construcciones privadas, aserraderos, fábricas;  mano de obra explotada en un horario mediatizado bajo el contexto de "trabajo humano", es inhumano caracterizar un precio o valor en base a las horas de vida de cualquier individuo, enfatizar un rol social el cual debe aceptarse, ser concebido, asimilado y procesado en la transición de la pre-adolescencia. Así consecutivamente tenemos un número exorbitante de masas jóvenes en trabajos negros, con un acceso económico pobre y rápido, pero acá se pelea la vida no los sueños, 9 horas diarias para sustentar el alimento, damos la vida para pagar una vida que no vivimos. 
5 AM empieza el día, son dos horas de viaje hasta capital, allá comienza la jornada laboral desde las 8 de la mañana, son 4 horas de trabajo pesado las cuales dan por consiguiente una hora (en el mejor de los casos) para el "descanso" que en si converge la comida, hidratación y socialización humana que tristemente se va erradicando al pasar el tiempo, a las 13:00 comienza el segundo tramo, las 4 horas condimentadas con el pretexto de a las 17 salimos, para viajar otras dos horas, encarar un transporte público altamente deficiente que se atrasa, descompone, trivializa y constantemente se detiene en pleno recorrido, sumale a esto un contexto pandémico, restringir el acceso de la movilidad a tres cuartos de la población que busca comprar la comida, educación, vivienda, agua, luz y gas (estos son los gastos básicos los cuales no satisfacen las necesidades básicas regularmente) etiquetar la esencialidad en rubros definiendo qué se puede frenar y que no, desocupar miles y miles de familias sin complementar un ingreso monetario mínimo que en este país te sirve la mensualidad para dos semanas. Es inaudito el trato que reciben las clases sociales en Argentina, hay un repudio intelectual silencioso que nos delimita a los que no nacimos en un espacio geográfico de un mismo país, de una misma provincia, y hasta de una misma localidad, normas preestablecidas que no regulan la coexistencia, leyes doctrinales que sólo limitan hasta dónde volamos, algunos nunca pueden volar, la seguridad es un cuento empaquetado en uniformes, patrullas y armas, violencia, inseguridad, resignación, el número de indigentes aumenta a la par que se compran mascotas en Palermo, el caso omiso que se le da a los que piden ayuda refleja la pérdida del tacto humano que prolifero en estos últimos años. Lamentablemente estamos en una sociedad que finge interesarse por ella misma mientras se destruye por dentro, me resulta triste que para vivir bien tengas que soñar con la estabilidad y a medida que pase el tiempo "entender" (¿entienden eso?) que no se puede sustentar una vida normal, porque esta vida que llevamos no es normal, a cada segundo aumenta el número de femicidios, se multiplican los robos e inconscientes buscan como blancos a los más indefensos, una vez leí algo que decía "la humanidad de una sociedad se mide por el trato que tenga con sus eslabones más vulnerables" en esta son víctimas potenciales de estafas, asaltos e inhumanas golpizas. El fondo se nos quedó alto, perdimos el rasgo humano, ahora la vida tiene un tono ocre en las calles; cuando la felicidad no se fume y no se beban los nudos vamos a sentir algo, espero que aún se pueda sentir, las flores no son balas pero pueden matar más rápido que ellas.

Relatos de un don NadieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora