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5. Hacer el ridículo

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No hago nada realmente bien, no soy inteligente, tengo notas regulares en la escuela, no se me ocurren cosas elocuentes que decir. No soy bonita, mi cabello es de un castaño común y corriente,  mi nariz es un poco más grande que el promedio, mis cejas son ligeramente gruesas, mis ojos a veces parecen saltones y otras se achican tanto que no puedo ver, como cada vez que me río hasta tener dolor de pansa. No soy creativa, no soy práctica, la mayor parte del tiempo solo no se que hacer, no se hablar en público, ni transmitir mis ideas de forma correcta pese a que en mi mente parecen estar ordenadas, ni siquiera puedo decir lo que pienso con claridad o como me siento. Tengo un gran problema de confianza con las personas, no solo las nuevas sino con todas como si me anticipara a que alguien me lastimara, yo solo no dejo que entren. Las cosas importantes no se las cuento a nadie, sin importar cuanto me pesen o cuanto deseen explotar en mi mente. Solo se me ocurren cosas que decir cuando ya paso el momento y no hay nadie que escuche, por lo general en mi cama mientras pienso en todas esas veces que metí la pata. No soy buena en casi nada, lo único bien que puedo hacer es dormir e incluso hay noches en las que no puedo si quiera lograr eso. No hay nada especial en mi, nada en lo absoluto. Era por eso precisamente que sus palabras habían tenido tanto eco en mi mente. "Ni siquiera eres tan linda como para tentarme".

La ropa de gimnasia del año pasado me quedaba demasiado ajustada y hacia que mi cuerpo pareciera más voluptuoso de lo que en verdad era. No iba a comprar otra, no el último año. Barb también lo noto e hizo un comentario subido de tono al respecto, no me molestaba, la mayor parte del tiempo me sentía bien con las partes de mi cuerpo tanto las que encajaban con las normas sociales como las que no y cuando me preocupaba tan solo un poco me recordaba a mi misma que todos eran unos idiotas y se me pasaba, solo que había días en los que era más difícil aplacar esa voz.

—¿Estas segura de esto?

Barbara llevaba todo el día preguntándome lo mismo. Tenia claro que el deporte no era lo mío pero necesitaba cubrí mi tiempo con alguna actividad, además el equipo de voley entrenaba días similares con el equipo de acrobacia donde estaba Molly y podríamos salir juntas al terminar y no tener que quedarme sin hacer nada hasta que ella terminara para pasar el rato juntas. Entre evitar a James y darle tiempo con Nolan como la versión nueva de amiga no pegagoza, casi no pasábamos tiempo juntas.

—Crees que lo haré fatal —deduzco poniendo los ojos en blanco.

—No —se corrige de inmediato aunque no parece segura— Aunque elonga antes de comenzar. vamos, yo te ayudo.

Acepto su propuesta sin poner mala cara a su falta de confianza y ella comienza a explicarme como hacerlo correctamente para no hacer algún mal movimiento. Barb definitivamente era del tipo de chica ruda y deportista pero a la vez cuando estaba fuera de la cancha ella podía tranquilamente entrar a un sitio y dejar a todos mudos de lo hermosa y sexy que era. No es únicamente por poseer lindas curvas o bonito cabello que incluso en la coleta de caballo que usaba para entrenar porque mantenía su cabello castaño oscuro prolijo, incluso así lucia increíble, pero en lo que más destacaba era en lo segura que era siempre.

Ayer por la tarde Barbara se había quedado conmigo para explicarme lo básico sobre el juego y como debía hacer para que la profesora me aceptara en el equipo, luego miramos una película mientras comíamos papas sin pensar en los granitos que nos saldrían al día siguiente por ingerir tanta grasa. No volvió a repetir que mi plan era estúpido, tampoco me pregunto porque había decidido almorzar en el césped junto a los "hippies", si, así llamaba Barb a los chicos de teatro. Siempre había algo fácil en el estar con Barb, ella jamás te preguntaría algo solo dejaría que tu se lo cuentes y no era porque no le interesaba, estaba segura de que ella notaba cada cosa que sucedía en la escuela y se formulaba sus propias teorías solo que no decía nada y volvía todo fácil porque así no tendría que mentir.

Todo habría resultado perfecto sino fuera porque las puertas del gimnasio se abrieron de par a par y un chico con ropa deportiva color gris y azul con el logo de Saint Marshall apareció de la nada haciéndome olvidar como hablar, como respirar o si quiera como saber si mi corazón daba latidos todavía. Entonces el chico se percato de que lo veía y curvo sus labios, otra vez James me había atrapado viéndolo y le agradaba la idea, no porque fuera yo quien lo estuviera viendo, eso lo había dejado en claro en la "no cita", sino la idea de cualquier chica cayendo a sus pies.

James saludo a Barb con la mano ignorándome por completo y se sentó en las gradas a observar mi próxima caída en picada.

—¿Qué hace James aquí? —le pregunto sin mirarla, todavía con mi cabeza agacha pretendiendo que aun podía concentrarme en hacer el ejercicio que me había enseñado y evitando pensar en lo bien que le quedan los joggings grises a James.

—Creo que tenían una charla con el entrenador hoy —me informa— Así que se ofreció a llevarme a mi casa.

—¿Aun no te devolvió el carnet tu madre?

—No, pero tengo varias teorías acerca de donde pudo haberlo escondido. Siempre fue mala escondiendo los regalos de navidad así que no tardare mucho.

Me río.

—Tal vez deberías hacer como yo y usar bicicleta, además ayuda al medio ambiente.

—Un solo día con Connor O'Malley y mírate —me guiña un ojo y me hago la desentendida— Descuida, lo encontrare y te daré el beneficio de ir conmigo en auto los días de lluvia, después de todo lo único que mi madre supo esconderme todo este tiempo fue la identidad de mi papá.

—Aun no entiendo como haces para bromear sobre ello Barb —me río casi ahogándome con el agua que estaba bebiendo.

—Años de experiencia en una infancia trágica, me lo agradecerás cuando puedas hacer tu tesis en base a mi vida como caso clínico. Solo quiero el 10% de las ganancias cuando te vuelvas famosa y decidas olvidarte de todos en Saint Marshall.

—¿El 10% no te parece mucho? —le sigo la broma.

—Yo soy la que te esta aportando los traumas, minimamente deberías ir tomando nota y agradecer, además para cuando termines de estudiar te aseguro de que habré encontrado más que contarte para que analices y escribas tres libros.

—Tendrás que tener jugosas historias si me quieres ayudar a romper el récord de mi madre.

Y así de simple se podían sentir las cosas junto a Barb, nada de preocuparse por nada y hacer de cualquier dolor un chiste del que reírse. No a todos le funcionaba pero a nosotras si.

Ojala el jugar me resultara tan simple como fingir que algo desagradable no había sucedido, ojala tuviera la capacidad de bloquear los pensamientos de mi mente o de olvidarme de las palabras de James tan bien como pretendía que no me importaba él en lo absoluto.

La profesora me indico donde colocarme, explico algo sobre lo que tendría en cuenta para ingresar al equipo, dio algunas recomendaciones y ojala yo las hubiera escuchado pero no lo hice, por el contrario, me pase todo ese tiempo estudiando sus movimientos incluso cuando el juego ya había empezado y el balón iba de un lado al otro a través de la red. No podía evitar perderme en la forma en la que se paraba tan relajado y casual, en la sonrisa casi imperceptible en las comisuras de su labio o en la forma en la que las otras chicas también lo veían del mismo modo que yo y odiaba que todo esto que veía en él no fuera solo mi secreto. Entonces fue mi turno de tocar el balón y por fin lo sentí, fue como un palito de madera quebrándose, de esos que pisas cuando vas al bosque y hay mucho silencio. Luego grite y mire mi mano derecha y sentí que mi cuerpo se volvía gelatina pero antes de terminar en el suelo unos brazos me sostuvieron.

—Creo que me fracture los dedos —pronuncio mientras el rostro de Barb se iba poniendo negro pero aun sentía la calidez de su agarre.

Antes que te vayasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora