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7. Las manos de James

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Tal y como lo temía, después de una radiografía, de que un especialista en traumatología me viera, que mamá le explicara lo mala que era en deporte y que reclamaría en la escuela que nuestra enfermera no esté lo suficientemente capacitada para darse cuenta de que tenía tres dedos fisurados y que solo se dedicara a dar paletas de dulces a adolescentes y muy de vez en cuando algo para el dolor de cabeza que era técnicamente de venta libre. Luego de todo ello, un amable señor me coloco una férula en mi mano dejándome inmóvil pero con un dolor increíble por haber tardado tanto en ir al hospital cuando tenían que haberlo hecho desde un inicio.

Y de este modo, agregando a los desastres de mi vida, fui al colegio al día siguiente con mi mano inmovilizada y usando un overol de falda porque no podía abrochar los botones de un pantalón normal y como no hacía deporte tampoco tenía jogging con excepción de unos leggins deportivos que no podía usar porque estaban prohibidos en la escuela por lo que estaba condenada al uso de faldas y vestidos hasta que me quitaran la férula y mis dedos volvieran a ser dedos normales.

Mi plan de inicio de curso había fracaso al día uno de iniciar, si alguna vez pretendí dejar libre a Molly todo había acabado. Sin una mano útil ella y Barb se turnaban para ayudarme con mis apuntes aunque prefería que Bárbara no lo hiciera porque su letra era tan mala como la mía escribiendo con la izquierda cuando en verdad era diestra. Y aunque no usara pantalón, necesitaba pedirles ayuda cuando iba al baño como un hecho tan básico como doblar el maldito papel de baño. Justo como en este maldito momento donde las tres habíamos ido juntas.

–¿Alguna tiene un tampon? –Barb pregunta en el cubículo a mi izquierda.

–No, deje mi bolso en mi casillero a penas puedo arreglármelas con una mano para subirme la ropa interior –me rio de mi misma pero era cierto, siempre que iba al baño la subía mal y quedaba incómoda, sin contar que todavía me dolía algo mi mano derecha.

–Yo tengo –responde Molly en el cubículo de mi derecha y lo pasa por debajo de este– Pásaselo.

Lo tomo y se lo extiendo a Barb.

–Hablando de ropa interior ¿Cómo harás para tocarte ahora que no tienes mano?

–¡Que tiene mano Barbara!  –le grita Molly–Solo se le quebraron un par de dedos de la derecha.

–Si pero ¿No es diestra?

–Tendré que probar con la izquierda Barb, no te preocupes me las apañaré –me rio– Y si no puedo, pasaré un mes de frustrado celibato y ustedes tendrán que soportar mi mal humor.

–O puedes conseguirte a alguien que haga el trabajo por ti –propone y no necesitaba verla para saber qué me estaría mirando con picardía.

—¿Acaso te estás ofreciendo Bárbara? —digo en tono burlón.

—Aunque me encantaría ayudarte en tu recuperación querida amiga —comienza— Dudo tener lo que pueda llevarte al clímax.

Hay una sola persona que viene a mi cabeza al pensar en eso, la única que con la que venía soñando todas las noches y que ya me estaba preocupando no poder quitar de mi cabeza. Las manos de James eran gruesas pero delicadas, de solo pensar en él en su camioneta tan cerca de mí ayudándome a colocarme el cinturón...¡No! Tenía que dejar de pensar en él de esa manera! Él me odiaba, lo había dicho abiertamente y yo también y además había dicho que no era tan linda como para tentarlo. Seguir pensando en él de ese modo era no solo una tortura sino patético.

–Veo eso un poco nulo –le respondo. No quería estar con nadie. Todavía había cosas que resolver en mi cabeza.

–Quizás pueda presentarte a alguien –ofrece Bárbara entre risas.

Antes que te vayasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora