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38. Fiesta de Halloween

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James

Los días siguientes en la escuela se basaron en Julie ignorándome cuando estábamos juntos o solo evitándome. No había una explicación para eso, revisé cada maldita cosa que dije o hice, no había nada, supongo que había sido tarde para que me perdonara.

La única vez que habíamos cruzado palabra en la semana fue cuando Barbara se burló de ella en la mesa por el vestido que su mamá la obligaba a usar el día de su cumpleaños. Luego les dijo a todos que estaban invitados pero que era todo muy formal, de traje y vestidos elegantes, y qué si simplemente querían pasar de ello podrían sin problema, que luego nos podríamos ver para comer pizza en vez del bufete sofisticado que su madre se había encargado de ordenar.

El jueves no soporte más y la aborde mientras acomodaba sus libros en su bolso en el pasillo.

—Te envíe un mensaje.

Había sido mi último intento, tratar de convencerla de vernos en la biblioteca como hacíamos antes y tomar un café. No funciono, jamás apareció y me dejo esperándola allí.

—Lo siento, no lo vi —miente y me molesta que lo haga sin importarle en hacerlo bien ¿Quién no podía responder un maldito mensaje en el siglo XXI?

—¿Por qué me ignoras Julie? —ella suspira molesta y cuelga su bolso sobre su hombro.

—No te ignoro —insiste.

—Si, lo haces. Lo has hecho toda la semana y no entiendo porque, creí que estábamos bien.

Y me duelen mis propias palabras tan cargadas de desesperación.

—James yo...—se detiene y sea lo que sea que iba a decir lo deja ir sacudiendo la cabeza— Lo lamento, fue una semana complicada para mi, mi madre estuvo insoportable todos estos días y a penas pude dormir unas horas.

—¿Solo eso? —ella asiente pero quita mi mano de la suya en cuanto la toco. Otra vez la punzada en el pecho, tenía que recordarme que estábamos en público y nosotros no hacíamos esas cosas.

—Estoy muy estresada, es solo eso —me asegura pero podía sentir que había algo más. No importaba, no me lo iba a decir.

—¿Puedo pasar por ti para ir a la fiesta? —Ella suspira y daba por hecho de que sería un no.

—No es que no quiera, solo que ya quede con las chicas...nos cambiaremos juntas y todo eso.

No vuelvo a insistir, tampoco le suplico para llevarla a casa. En cuanto ya no hubo que decir, Julie se marchó de la escuela con su bolso colgado en su hombro. Todo iba mal y no tenía idea de porqué.

***

Las chicas solo vestían disfraces de versiones sexys de lo que sea, solo tenias que pensar en un personaje y ellas conseguían volverlo una versión porno. Los chicos se dividían en los que no se habían esforzado lo suficiente en un disfraz decente y los que aprovechaban la oportunidad de mostrar los dos abdominales que habían hecho en el verano.

Julie también lo hacía, lucia la versión porno de Burbuja y no podía quejarme de las vistas. Cuando la vi entrar no pude quitarle los ojos de encima pese a que me repetí una y otra vez que tenía que parar de ir tras de ella. Solo me volvía más patético cada vez.

No fue ni siquiera necesario tener que evitarla, ella se encargó muy bien de hacerlo, limitándose a pasar el rato con sus amigas y bailar con ellas.

Mi paciencia acabó cuando vi a Barb sentada en los sofás bebiendo y observando sin escrúpulos a Miles besarse con una rubia. Debía ser algo familiar lo de los genes del desamor, tal vez habíamos llegado al mundo para fijarnos en alguien que no nos correspondía. Verla así, vulnerable y patética era como verme en el espejo. Al menos el intento de flecos en su frente, en su representación de Bellota, ocultaba un poco su maquillaje corrido por las lagrimas.

Antes que te vayasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora