Presente
Julie
El lunes opté por la opción más valiente que conocía, coloqué el termómetro cerca de mi lámpara de luz, me froté un poco los ojos y me quede en mi cama hasta que mi madre subiera al darse cuenta de que no daba señales de vida.
–¡Julie Andrews baja ya! –la escucho gritar en la planta baja de la casa– Estas haciéndome llegar tarde al trabajo.
No respondo, porque parte del plan de fingir estar enferma para no ir a clases es pretender demencia. Al cabo de unos segundos mi madre sube las escaleras a paso apresurado, siento cada uno de sus tacones sobre la escalera de madera y quito el termómetro de la lámpara, lo coloco debajo de mi brazo y me envuelvo en mi manta.
–¡Julie! –grita dando un portazo en mi habitación y luego me queda viéndome confundida– No puedo creer que aún estés en la cama, estás haciendo que Michelle llegue tarde a la escuela.
–Lo siento mamá –toso y me muevo un poco en la cama sin abrir mis ojos fingiendo estar realmente mal– Creo que tengo algo de fiebre.
–¿Fiebre? –dice alarmada y se acerca a mi cama– Pero si recién comienza a hacer algo de frío. Eso es por ir siempre desabrigada.
Contengo mis ganas de poner los ojos en blanco y me quedo quieta.
– A ver –apoya su mano sobre mi frente pero la detengo antes.
–Ten –quito el termómetro y se lo entrego– ¿Puedes ver si tengo fiebre?
Ella lo toma algo desconfiada y mira el número y luego a mi ¡Mierda! Lo sabía.
–¿40 grados Julie? Tienes casi dieciocho podrías empezar siendo más creativa para mentir –estipula sosteniendo el termómetro en sus manos.
–No se de que hablas –me tapo con las mantas ocultándome más debajo de ellas y toso otra vez agregando dramatismo– Me siento muy mal.
–Vas a ir a la escuela Julie y no cambiare de opinión –me advierte elevando la voz.
–Pero mamá son casi 40 grados ¿Y si muero? –me siento en la cama con la mentira ya descubierta.
–Correré el riesgo –dice caminado en sus tacos hasta la puerta de mi habitación.
—¿Y si enfermo a mis compañeros? —pruebo.
—¿De qué? ¿De ser una mentirosa crónica? —pone su mano en su cintura.
–Eres muy cruel para ser psicóloga –le doy en su punto débil, mamá odiaba cuando le decían como una psicóloga debía actuar.
–Eso es porque ahora soy mamá y no psicóloga y porque tú eres una mala mentirosa ¿En verdad pensabas que iba a creérmelo?
–Funcionó la última vez –encojo los hombros.
–¿Otra vez tienes lección de historia con el profesor Daren? –pregunta y ambas recordamos la última vez que me había dado fiebre. En realidad estaba bien aunque quizás de los nervios por ese maldito profesor tal vez me había enfermado.
–No –respondo con honestidad.
–¿Entonces? –Insiste.
–Solo no quiero ir –me cruzo de brazos.
–Si no me dices nada no puedo ayudarte Julie –ella también se cruza de brazos y está era una discusión sin fin.
–Solo déjame quedarme y ya estarás ayudando –suplico en un último intento.
–¡Dios! Eres imposible –renuncia y coloca su brazos en sus caderas– Si tanto te gusta estar en casa también pasarás tu fin de semana aquí.
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Antes que te vayas
RomanceDespués de romper con su novio, su amiga intenta que Julie vuelva a creer en el amor y la arrastra a una cita doble con el chico del que una vez estuvo enamorada. La vida es confusa y mucho más en tu último año de secundaria, o cuando tus amigas ti...
