Molly había decidido que ahora que las tres estábamos "solteras" debíamos disfrutar de más tiempo juntas. Lo cual era genial si no fuera porque deseaba confesarle lo que había sucedido con James, pero según ella nombrar a cualquier chico del equipo de fútbol o asociado a Nolan, estaba prohibido. Lo intente. Fracase estrepitosamente. Ella estaba en la primera fase del rompimiento: negación y odio profundo. Le daría tiempo, luego mejoraría y podría hablarle de James y salir de la puta zona gris con ella.
Todas las veces en que intente decírselo cuando estábamos juntas en casa de mi abuela, la sola mención de su nombre la hacía llorar o enojarse. Ella siempre me contó todo y ahora lo que había sucedido con Nolan era un misterio. Y por alguna razón extraña eso también arrastraba a James.
James no me había enviado ni un solo mensaje, ni una llamada o paloma mensajera. Nada. Y eso solo me frustraba más. ¿Por qué tenía que molestarme en decirle a Molly lo que había ocurrido entre los dos si claramente no significó nada para él? Tampoco se que significó para mi. ¿Me gusto? Si ¿Quiero repetirlo? Definitivamente.
Y es que decírselo a Molly también implica una avalancha de verdades, empezando con que engañe a Seth con James y que nunca se lo dije. Mierda, me odiará cuando lo sepa, se supone que siempre nos decimos todo. Y resulta que yo soy una ocultadora compulsiva, que arrastra mentiras desde la eternidad.
—¿Cómo está tu cactus cariño? —la mamá de Molly, Marina me pregunta a la vez que continúa con su actividad de jardinería.
Los padres de Molly eran hippies aunque unos un poco conservadores ya que fumar marihuana o tener sexo a esta edad era algo que no debíamos hacer, por eso tampoco les agradaba la relación de Molly con Nolan. Ellos lo eran solo en cuanto a llenar toda su casa de plantas, tener su propia huerta, hacer composta, participar de movimientos contra el cambio climático y ser "espirituales", no del tipo religioso sino de aquellos que creen en las energías, tenia una colección de cuarzos por mis cumpleaños gracias a su madre y una sesión de Reiki gratis que nunca había utilizado porque se me hacía raro hacer eso con su madre.
Molly, Barb y yo estábamos sentadas en la pequeña sala improvisada en el jardín interior de su casa, mientras su mamá continuaba con su labor únicamente para escuchar nuestra conversación. Otro rasgo de su madre era el ser entrometida.
—Bien —miento porque ese cactus había muerto al mes de que ella me lo obsequiara. Molly había dicho que era imposible matarlo. Una cosa más en la que Julie Andrews era mala, ni siquiera había podido mantener vivo a un cactus.
—¿Cómo era que lo llamaste?
—Falo —me apresuro a responder y le doy un sorbo a mi juego de naranja orgánico antes de que preguntara algo más. Y es que la maldita cosa tenía forma de pene y no pude evitarlo.
—Que peculiar nombre —dice ella mientras quita las hojas secas de sus malbones. No tiene idea señora Gordon, ni idea. Mis amigas contienen la risa a mi lado.
—¿Mamá podrías dejarnos solas? —Molly le suplica con su cara de perrito mojado.
—¿Por qué? ¿Hablarán de cosas que una madre no puede escuchar?
—Hablaremos de mi fiesta de cumpleaños, mamá —Molly insiste mientras se deja caer en su asiento frustrada por no poder convencerla con facilidad.
—Bien —accede ella y se queda al borde de la mesa frente a nosotras observando quién mentía primero— Las dejare solas. Pórtense bien —luego toca mi rostro — Julie tienes la piel seca. Hazme acordar de darte una planta de aloe Vera para que te la heches en el rostro.
—Oh...¿gracias señora Gordon? —le sonrío porque no tengo de otra.
—Perdón —se disculpa Molly y nosotras le quitamos importancia, ya estaba acostumbrada a su madre— Y tu piel esta perfecta.
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Antes que te vayas
RomantikDespués de romper con su novio, su amiga intenta que Julie vuelva a creer en el amor y la arrastra a una cita doble con el chico del que una vez estuvo enamorada. La vida es confusa y mucho más en tu último año de secundaria, o cuando tus amigas ti...
