Como animales de circo...

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El baile estaba comenzando, las familias más influyentes de la aristocracia de Isveria estaban entrando al palacio con tal altivez que parecían levitar sobre su ego, todos presentándose ante la Reina quien les sonreía como muñeca para esconder su fastidio, siempre los mismos, había visto a su Padre antes que ella sonreír igual en aquellos eventos, ahora entendía por qué.

Por su puesto, el ambiente cambió radicalmente cuando los Windside entraron, el Barón y la Baronesa entraron orgullosos al salón, sabían que tenían la atención de todos principalmente por la hermosa hija que habían concebido.

Lizabeth Windside entró detrás de sus padres, flotando como un hada, en su maravilloso vestido plateado que la hacía ver aún más celestial, su cabello era negro y su piel blanca y tersa, sus hermosos ojos turquesa brillaban enmarcados por sus abundantes y rizadas pestañas.

Todos los jóvenes la miraron con asombro, Lizabeth era el mejor espectáculo que todo soltero presenciaba en esa época, a lo lejos, Newt la miró con frustración y suspiró, con el rabillo del ojo notó como su hermano y su nuevo mejor amigo Pollux Darvin de Renance la miraban como si fuera algo comestible.

No importaba lo que hiciera, aún si bailaba esa noche con ella, nunca sería competencia para Niel si quisiera conquistar a Liz.

El baile había comenzado, cada grupo de amigos estaba dividido hablando sobre sus estudios, sobre la milicia, Paul y Newt se habían visto retenidos en el grupo elitista de Niel y sus amigos, todos hablando de lo bien que les iba en el ejército y cómo las jóvenes hacían fila para hablar con ellos, Paul sonreía tratando de ocultar su desagrado a diferencia de Newt que no dudaba en poner gesto sombrío que evitaba que alguien le preguntara algo.

Pasada un poco la noche unos últimos invitados llegaron llamando la atención de todos.

Los Condes Birdwhistle, Fenrir y Tulip Birdwhistle, dos rubios de oro que casi parecían hermanos, con una belleza simple, detrás de ellos, lo que más llamaba la curiosidad de los presentes, los hijos de los Condes.

Hugh Birdwhistle, serio y corpulento, si alguien podía competir contra Niel Crawford por atención y halagos era el hijo mayor y futuro Conde, escoltaba febrilmente a dos desconocidas, igual que sus padres y hermano, las chicas eran rubias de pálida piel y ojos castaños.

Una de las chicas era más pequeña y delgada que la otra, quien, emanaba un aura salvaje, rápidamente Newt descifró que la segunda rubia era la llamada “Leona de Cardos”.

Los Condes saludaron a Penélope y parecían estar explicando la razón por la que habían llegado tarde, Paul y Newt centraron su atención en descifrar la conversación.

- Creo que dicen que algo los retrasó- sugirió Paul en un murmullo para que la conversación quedara tan sólo entre él y su amigo, Newt cruzó los brazos sobre su pecho.

- Fue por la hija enferma, mira, la están presentando a ella primero- dijo Newt seguro de sus palabras.

- Son más bonitas de lo que creí- confesó Paul, Newt tan solo se encogió de hombros, Paul soltó un resoplido como risa.

En ese momento, mientras ellos miraban con atención la conversación de Penélope, la Leona miró a su alrededor y se cruzó con las miradas del par de curiosos.

Su mirada castaña era fuerte, tanto que causó escalofríos en ambos, incluso en Newt que no parecía importarle nada, se sintió intimidado por aquella bestia rubia disfrazada con vestido rosa.

Por su parte, Primrose estaba fastidiada por la atención que su presencia estaba atrayendo, le molestaba que aquellas personas los vieran como animales de circo.

Habían llegado tarde porque Dhalia no se sentía bien, y antes de cancelar la salida querían confirmar que fuera algo pasajero. Ahora que habían llegado podía notar como todos hablaban de ellas como aquel par de sinvergüenzas que las habían estado mirando fijo desde hacía ya rato, por ello Prim decidió espantarlos con su mirada asesina, y tal como lo pensó, el par de canallas tan solo saltaron y desviaron la mirada.

Los tres hermanos Bridwhistle se mantuvieron juntos sin convivir con nadie, Hugh despertaba la curiosidad de las damas como el caballero misterioso y las chicas, eran básicamentr extranjeras, las damas no estaban interesadas en ellas, mucho menos si los rumores de que Prim era competencia para la dama más influyente, Lizabeth, si estabas del lado de Prim aún por cortesía, significaba estar en contra de Lizabeth y eso, era suicidio social.

El único que se acercó a los Birdwhistle fue un joven risueño de cabello cobrizo, Hugh lo saludó.

- Lord Leonhart- dijo Hugh con su gruesa voz, el chico sonrió ampliamente.

- Hugh, prometiste informarme cuando tus hermanas llegaran, ahora me veré como un ingrato al no darles la bienvenida que merecen- saludó el chico dirigiendo una tierna mirada a Prim quien le sonrió amigable, Dhalia fue a quien le brillaron los ojos y le habló con dulzura adicional.

- Edmond, jamás creeríamos que eres ingrato, eres un preciado amigo para mí y mi familia. - dijo Dhalia con su voz de muñeca, Prim asintió.
Edmond sonrió e hizo una leve reverencia a Dhalia.

- Sus palabras me llenan de alegría Señorita Dhalia-

Dhalia se sonrojó, Prim notó la emoción de su hermana al hablar con Edmond,  un amigo de la infancia al que Dhalia siempre le tuvo especial cariño, para su desgracia, Edmond parecía más interesado en Prim que en Dhalia.

La música había empezado a sonar, ese era el momento de la verdad, los solteros buscando pareja.

- Señorita Primrose…- llamó Edmond, Prim trató de evitar el gesto de incomodidad. - … ¿Me concedería esta pieza? - preguntó Ed, Prim miró a su hermana con el rabillo del ojo, parecía resignada.

- Lord Leonhart, aprecio mucho el gesto pero realmente no me siento muy bien, estoy segura de que a mi querida hermana le encantaría bailar- dijo Prim, el rostro de Dhalia se iluminó, Ed no tuvo mayor opción que dirigir su oferta a Dhalia, no podía verse maleducado, Hugh y Prim los observaron mientras se alejaban.

- Madre y Padre quieren que encuentre una futura esposa pronto, iré a buscar una pareja para bailar, quédate aquí, ¿entendido? - ordenó Hugh, Prim asintió.

- Como ordene mi General- se burló la chica logrando sacar una media sonrisa de los labios de su rígido hermano, pero por supuesto, Prim no obedecía ninguna orden, aprovechó la distracción de su familia y se escabulló con una copa de vino hacia un balcón vacío donde se libraría de cualquier propuesta indeseada. 

Por el beso de una damaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora