Sarah
Cuando Sarah llegó a la Nuevo Goleudy, se sentía como en aquellas películas que había visto de niña. Donde una gran mujer llegaba a una gran ciudad a hacerse millonaria y famosa, Sarah creía que podría ser aquella mujer que tanto había soñado mientras crecía en un barrio pobre con su hermana mayor, en un lugar lejano de aquí. No demasiado. Pero sí lo suficiente.
Su hermana y ella pudieron salir de ahí años después, se mudaron a un lugar mejor por el esfuerzo de su hermana que, casi por los cabellos, le obligó terminar la secundaria.
Sarah vivió con etiquetas.
Demasiado oscura. Muy alta. El cabello demasiado llamativo, los labios muy gruesos. Poco atractiva, en opinión de las chicas de su escuela. Además, estaba atrasada con sus estudios en el primer año.
Su hermana mayor, Harmony, se había hecho cargo de su familia apenas su madre se fue después de que su padre cayese preso. Sí. Eso es lo que había pasado. Así era la vida en donde vivían. Casas vacías, no de personas, sino de amor.
Harmony no quería vivir de esa manera, así que cuidó a Sarah como su hija, dejando a un lado los sueños de irse a la universidad para morir trabajando y comprar una casa en una zona mejor y algún día, tener una peluquería.
Sarah imaginaba a su hermana mayor con su peluquería pero, ¿cómo se imagina ella? No lo sabía. Hasta que vio en televisión una pasarela y como una luz en tinieblas, descubrió lo que quería hacer. Primero, Harmony le arrugó la expresión estando en desacuerdo y después, la llevó a una academia.
Sarah ascendió. Ganó concursos, coronas, bandas. Y así, hizo sentir orgullosa a la mujer que la había criado... A Harmony.
Sarah consiguió un contrato en Nuevo Goleudy. Se despidió de Harmony agradeciéndole la vida, agradeciendo no haber terminado perdida en el camino y se fue con una pequeña maleta a un departamento pequeño.
Después de ese contrato de seis meses, hubieron dos más. Después cinco y después... Nada. Cuatro meses... Ni una llamada. Desesperada decidió esperar, no llamó a Harmony, empezó a trabajar, aunque ningún empleo le duraba lo suficiente. Sarah estaba sola.
Un día, llegó a Timotie's. No sabía que esperar de su séptimo trabajo, ella repiqueteaba en el suelo y veía su teléfono constantemente esperando una llamada de su agente. Ahí, llegaron dos chicas. Primero una de ojos brillantes y marrones, sonrisa bonita. Y más tarde, la otra de piel blanquecina y cabello negro que parecía más perdida que un ganso en edificio, pero a la vez, se veía decidida.
Sarah nunca había tenido una amiga... Siempre habían sido Harmony y ella, eso no están mal, puesto que su hermana era su vida. Pero, en la secundaria, en la academia y concursos, recordaba cómo era excluida por pequeñeces. Recordó incluso que le dijeron que olía a basura porque vivía en los barrios pobres, y ahí, nada más comían basura.
Sarah estaba decidida a cambiar eso, a ser diferente en esta ciudad. Así que se armó de valor y se incluyó en la conversación que tenían las dos chicas blancas. Sonrío y para su sorpresa, recibió no una, sino dos sonrisas de regreso.
Así, Sarah consiguió a sus dos primeras amigas. Amigas de verdad. Esperó que le escribieran sólo para estar segura de que había sido de su agrado y de un momento a otro, eran las tres saliendo a pasear después del trabajo. Eran las dos apoyando a una en la comisaría, y eran las dos apoyando a la otra después de una discusión con su novio...
Y eran las otras dos, acompañándola a ella a buscar un atuendo para un casting al que su agente afirmó que conseguiría después de casi un año. ¿Así se sentía tener compañía genuina? Harmony estaría feliz.
ESTÁS LEYENDO
Malas Costumbres©
Teen FictionConforme creces, todo cambia. Todo es distinto y nada lo ves de la misma forma. No todos corremos con la suerte de tener lo que queremos, pero lo que tenemos no lo vemos. Sin embargo, siempre hay algo que sella lo que somos. Sin nuestro pasado no se...
