Aunque los humanos lo adorasen como el dios de los ladrones (algo que, quizás, se hubiera ganado con algunas de sus travesuras), Hermes había sido feliz siendo simplemente el dios de los viajes . Nació con la capacidad de ir libremente a donde quisiera ir y podía encontrar todo lo que se propusiera encontrar, no había para él ni límites ni fronteras. Ningún inmortal o poder mágico podía retenerlo, y por mucho que Hera hubiera puesto en práctica todo su arsenal y mala sangre de asesina de bastardos de Zeus, Hermes era inalcanzable cuando echaba a volar. Mientras vivió en la tierra, no disfrutó de los placeres de los reinos divinos, pero fue feliz yendo de aquí para allá sin darle explicaciones a nadie.
Pero su madre era distinta: como ninfa, Maya era vulnerable a la ira de los dioses, y las diabluras de Hermes habían comenzado a pasarle factura, poniéndola en el ojo de mira de la reina del Olimpo. Apolo, interviniendo por ellos ante el Padre de Dioses, le logró a Hermes un puesto en el Concilio de los dioses, volviéndolos intocables, incluso para la propia Hera, que tuvo que aguantar al bastardo y a la amante en el Olimpo, delante de sus ojos. Aunque el asiento en la mesa del Concilio vino también con un puesto de honor como heraldo de los dioses.
Zeus no le había aceptado en su mesa porque sí, sabía de sus cualidades, ¿y qué mejor mensajero que uno con la capacidad de llegar a cualquier lado y a cualquier persona? Así, Hermes perdió su libertad por lujos y comodidades, volviéndose esclavo de las responsabilidades de su puesto, ¡Y como odiaba esa responsabilidad! Constantemente era reclamado por los tres reyes y por otros dioses antiguos que lo mandaban de un reino a otro para dar mensajes importantísimos y muy aburridos.
De todos aquellos que solían reclamarlo para esos mensajes importantísimos y muy aburridos, el peor para Hermes era el Invisible. No es que tuviera algo malo que decir del rey del Inframundo, y eso, a juicio de Hermes, era algo malo. Un dios oscuro en un reino oscuro rodeado de sirvientes oscuros. Siempre preponderante e intransigente, con palabras graves y con una cara circunspecta, autoritario en exceso.
Por eso sólo pudo sorprenderse cuando lo vio. Y si no fuesen sus propios ojos, juraría que era mentira.
Bajo el cielo empedrado del submundo, gobernando la ciudad de Báratro desde el promontorio del lago Aquerusia, el Bastión del Cielo Invertido era un castillo incansable que desafiaba el tiempo y Hermes miraba como el Invisible enseñaba a Perséfone a remar en las aguas que lo rodeaba. Encaramado en lo alto de la estructura céntrica del castillo, Hermes podía distinguir sus posturas y con ellas, casi sus expresiones.
Perséfone, que todo lo hacía con arranque e impulsividad, tomaba con fuerza el remo de haya sostenido en una horquilla a la barca, e inclinó tanto la góndola que los dos cayeron al agua, oscura como un abismo.
Debajo de ellos, se contorneó grotescas criaturas deslizándose en las profundidades del lago y Perséfone chilló asustada, agarrándose al cuello del Invisible para treparlo.
—¡Para, Perséfone! Has vivido toda tu vida sobre el lago Pergusa —protestó viéndose arrastrado hacia abajo—. ¡No te vas a ahogar!
Perséfone se removía como un gato mojado, chillando a voz en cuello.
—¡Exactamente, vivo sobre el agua, no dentro de ella!
Hades la llevó hacia la barca y le dieron la vuelta, poniéndola derecha. Perséfone trepó por la borda con la maraña de rizos cayéndole por todos lados y cuando se dejó caer hecha un lío dentro de la góndola, el Invisible ya estaba de pie, recto y regio, con las manos sobre el remo. Lo único que le delataba era que estaba tan empapado como ella.
—No vuelvas a hacer eso —dijo, con toda seriedad y Perséfone soltó una sonora carcajada, en un acceso de risa incontrolable. El Invisible sonrió, incapaz de mantener las formas. Las gotas de agua vibraron en su pecho cuando se rio.
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Perséfone. La muerte de la primavera
RomanceHabía intentado ser una buena y obediente hija, pero la primavera no puede ser domada y sólo tiene sentido con la muerte. Perséfone se abrirá camino en un mundo plagado de dioses más crueles que los monstruos, llenos de secretos, intrigas y romances...
