La Bella continuaba acercándose al barco de Clément. El primero era un navío más ligero, así que lo alcanzó enseguida. Lo que no sabían era cómo harían para detenerlo. Walter Fry, Jeff, Arkan e Ikaia se reunieron para discutir qué deberían hacer.
—Las órdenes de Wilson y Edgard fueron muy contundentes. Si esto llegaba a ocurrir, habría que comenzar el ataque —señaló Walter, dándole énfasis al comentario con su fría mirada.
—Lo sé, pero deberíamos esperar un poco más, al menos hasta ver si los jóvenes logran hacer algo —planteó Jeff, que no quería saber nada con poner en riesgo a los suyos.
—Opino como Jeff, aunque pienso que podríamos comenzar a atacar a discreción —dijo Arkan.
— ¿Ikaia? Dinos tu opinión —solicitó Walter, dirigiéndose al líder corbes.
—Hagan lo que crean mejor. Yo no sé nada de estrategias navales —respondió el kawana.
Después de conversar un poco más, decidieron hacer lo que dijo Arkan. Así que esperaron a estar a la par del barco de Clément y a una distancia apropiada, y comenzaron a disparar algunos cañonazos de advertencia. La mayoría cayó al agua, pero varios pasaron rozando la cubierta y uno dio en la parte superior del casco.
— ¿Qué es eso? —inquirió Grethel mientras salían de nuevo a cubierta.
—Cañonazos, sin duda —respondió Ariadna—. Parece que los nuestros no pierden el tiempo.
Mientras salían, habían podido recolectar algunas armas de los marineros caídos y otras que había por ahí, así que cada uno contaba con algo para defenderse. Esto les vino de maravilla ya que, cuando regresaron, muchos hombres de Clément estaban listos para pelear. Y él mismo estaba de pie cerca de donde había caído, esperando con serenidad a que sus rivales regresaran.
Se desató una batalla sin tregua. Eran ocho contra unos veinte marineros feroces, más el mismo Clément. Margaret fue sola a enfrentarse a este, dispuesta a terminar su trabajo. James se alió con Marcos, armados uno con un sable y el otro con una espada.
—Intenta copiar mis movimientos —dijo Marcos mientras arremetía contra uno de los marineros, un hombre delgado y fibroso.
James hizo lo que pudo, ya que no le era posible concentrarse en observar a su compañero y defenderse al mismo tiempo.
Sujetó su arma con determinación, pero salió corriendo cuando un marino quiso atacarlo. Llegó junto a la barandilla, con el hombre detrás. Decidió hacerle frente y se lanzó contra él, entrechocando su sable con el machete que blandía el otro.
Forcejearon con intensidad. El sudor les corría por las sienes, y cada uno tenía la mirada clavada en su oponente. El joven se arrojó a un costado con rapidez, cayendo al suelo y haciendo que su oponente se tambaleara hacia adelante. James se puso de pie y pateó un barril hacia él, logrando demorarlo unos instantes. Esto le permitió pensar en cómo podría inmovilizarlo, y la iluminación apareció. Había una red de pesca enrollada sobre unas cajas, así que la tomó y la arrojó sobre su rival. Luego se lanzó encima de él y le quitó el arma. Su intención era echar al hombre al mar, pero apareció otro marinero que se lo impidió.
— ¿Te crees muy listo, novato? —soltó con expresión burlona.
James se envalentonó y saltó hacia el individuo. Dirigió una estocada hacia su pierna, pero este la esquivó. Hizo lo mismo de nuevo, con idéntico resultado. Siguió arremetiendo contra su nuevo oponente, y pudo evadir sus ataques. Todos menos uno.
— ¡Ay! —gimió el joven, llevándose la mano al brazo izquierdo. Sintió un líquido caliente pegarse a sus dedos.
Tratando de ignorar su herida, James luchó con más furia. Siguió dando estocadas, hasta que pudo dar su golpe de gracia. En un descuido del otro, le dio un puntapié en la entrepierna. Eso bastó para que bajara la guardia. Le pateó en el abdomen, arrojándolo contra la barandilla, y ahí sí aprovechó para echarlo al agua.
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La Isla de los Cristales
AvontuurA finales del siglo XIX, un grupo de académicos es sorprendido por una misión atípica: tendrán que dejar sus cómodos trabajos en la universidad para explorar una isla lejana y desconocida. Sin embargo, desde el principio tienen sospechas de que no t...
