¿Cuánto estarías dispuesto a perder para conservar la corona?
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Mi nombre es Aradia Edén Marchetti Petrova. Toda mi vida mis padres se encargaron de mantenerme con vida para este momento, llegar a ser el Boss de la asociación internacional de la ma...
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VITTO.
No soy católico, pero en estos momentos, estoy persignándome mientras subo al ascensor del edificio de Max, esperando que no esté lo suficientemente molesta para dejarme incapacitado y verme en la obligación de pasar la noche en su casa y perderme el domingo en familia, domingos a los que ella también asiste y no cómo la secretaria de Ardan, sino que, cómo mi novia, una novia muy, muy territorial, maliciosa y posesiva.
Caesar dice que hombres cómo nosotros atraemos mujeres de carácter fuerte, eso explica muchas cosas.
Tomé aire profundo y presioné el timbre, metiendo mis manos en los bolsillos, intentando parecer relajado, viéndola abrir la puerta con esa sonrisa que no presagia nada bueno, invitándome a pasar.
— Te tomó un rato ¿No encontrabas el edificio?
Ironizó, cerrando la puerta, comenzando a caminar sin esperarme, sabe bien que estoy siguiéndola.
— Yo... estaba ayudando a Natasha con Airam, Caesar está fuera con Ardan por trabajo.
— Lo sé, es mi jefe ¿Lo olvidas? Sé cuando no está, pero al menos podrías avisar cuando llegarás tarde, estuve esperando y odio esperar en vano.
Tomando la fusta que parecía estar esperando por mí sobre el mueble.
Tragué grueso.
— Max... oye...
Intentando calmarla.
— Quítate la camiseta, cariño.
Fruncí el ceño viendo el desorden de este cuarto, cruzándome de brazos.
— ¿Has estado usando este lugar con alguien más?
Me miró ofendida, luego me miró como si me odiara, después, como si me quisiera muerto.
Entonces supe que realmente estaba en problemas por haber insinuado algo así, Max era una mujer dominante que me aterra y me excita por igual.
— Era broma... bromita, amor...
Levantando ambas manos, rendido.
— Quítate. La. Camisa.
Esta vez sí que lo hice, me quité la camisa y la dejé colgada junto a la puerta, esperando su siguiente instrucción.
— ¿De verdad crees que uso este cuarto con alguien más que no seas tú? Decidí aceptar ser tu novia, decidí dejar de lado los juegos que no te gustan. De rodillas — y lo hice, no creo que sea buena idea contradecirla ahora— Decidí eliminar todo eso que te asustaba — acariciándome la espalda con la fusta— ¿Y crees que voy a usar este lugar con alguien más?
Tragué grueso, secándome el sudor de las palmas en mi pantalón.
— Max... lo siento, es sólo que... este lugar es un desastre.