¿Cuánto estarías dispuesto a perder para conservar la corona?
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Mi nombre es Aradia Edén Marchetti Petrova. Toda mi vida mis padres se encargaron de mantenerme con vida para este momento, llegar a ser el Boss de la asociación internacional de la ma...
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El viaje en auto no fue tan incómodo y largo como pensé, Ardan es divertido, inteligente, sabe escuchar, cosa que no muchos hombres saben, es seguro, independiente, supe que no vive en la casa principal de los De Santis, tiene su propia mansión y negocios propios que administra en sus tiempos libres cuando no es el capitán del escuadrón A.
¿Cómo es que jamás lo había visto? No es como si fuera un hombre fácil de ignorar, su mera presencia es imponente, es alto, muy alto, como mi padre, y de espalda gruesa, es llamativo, muy llamativo.
— Aquí es Aradia, llegamos.
En cuanto nos detuvimos, los escoltas se encargaron de abrir la puerta para nosotros, Ardan bajó primero, y como todo un caballero, extendió su mano para ayudarme a salir a mí.
— ¿Vamos?
¿Será un truco? ¿Existe un candidato que no es un imbécil? ¿De verdad existe?
— Vamos.
Dije tomando su mano. Me hubiese gustado haber dudado un poco.
Ardan cumplió su palabra, un buen número de escoltas nos siguieron de cerca intentando pasar lo más desapercibido posible, iban vestidos como personas comunes y corrientes, nadie pensaría que son asesinos entrenados, eso me gustó mucho, aparentar ser normales un día.
— ¿Podemos ir a ver a las jirafas primero? — mirando al sujeto a mi lado— Dicen que son increíblemente altas, las he visto por televisión y claramente estudié los animales de niña, pero verlo en una imagen y en vivo son dos cosas totalmente diferentes.
Intenté con todas mis fuerzas no saltar como una mocosa de diez años, pero realmente estaba emocionada.
— Claro, vamos por ese pasillo primero — señaló— Si caminamos por ahí, encontraremos las jirafas, los leones, las cebras y demás animales que viven en la Sabana.
— ¿Qué esperamos? Vamos, vamos, vamos.
Empujándolo con una de mis manos desde la espalda, lo hice apurar el paso, emocionada por mi primera visita al zoológico, mi primer paseo como una persona normal, un día sin reglas, sin cargos, sin nada, esa fue mi primera motivación para estar emocionada, la segunda fue la risa de Ardan, mientras estiraba su brazo y rodeaba mis hombros, caminando más rápido sólo para darme en el gusto de llegar más rápido a nuestra primera parada.
Lo lamentable fue que yo estaba tan nerviosa por el brazo que seguía apoyado en mis hombros, que casi no pude prestarle atención al pequeño elefantito que caminaba sujeto de la cola de su madre. No conté los elefantes, pero a había varios, bonitos, bonitos elefantes.
— ¡Aradia, mira los leones! Hay uno blanco.
Señaló, guiándome hacia el cristal que separaba el hábitat de los gatitos grandes con nosotros, observándome después, sólo entonces se percató del lugar dónde me estaba tocando, soltándome con rapidez, viéndome afligido.