¿Cuánto estarías dispuesto a perder para conservar la corona?
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Mi nombre es Aradia Edén Marchetti Petrova. Toda mi vida mis padres se encargaron de mantenerme con vida para este momento, llegar a ser el Boss de la asociación internacional de la ma...
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ARDAN.
Aradia lleva encerrada en el cuarto al fondo del avión más de la mitad del viaje de regreso a casa, está furiosa por la información que se le entregó, está enojada con ella por no haber hecho algo con ellos cuando los hostigamientos se hicieron más intensos desde que comenzó a hacer cambios, está tan furiosa que no quiere escuchar a nadie, ni siquiera a Sabina, rubia que lleva mirando la puerta un buen rato mientras entretiene al idiota de su hermano, empeñada en hacer que él y yo no nos matemos al estar obligados a compartir un espacio reducido, tarea en la que Santino también tiene protagonismo, se encargó de que su marido, Aless, me entretenga con estrategias y división de cabezas, yo cazaría a cinco de los treinta viejos además de a Fabio, se lo ofrecería a mi chica como tributo para que lo asesine como mejor le plazca, sólo quiero hacer que se sienta mejor con ella misma.
— Ok, ya me cansé — le dije a mi tío, mirando al frente— Hemos hablado el mismo tema durante más de una hora, repitiendo lo mismo, me voy.
Aless se levantó al ver que me puse en pie, cortándome el paso.
— ¿Dónde vas?
— Yo no seré el verdugo de tu hijo — Le aclaré— Aradia es quien lo tiene de la correa, es su perro, no mío, yo iré a ver como se encuentra mi mujer, así que dame permiso.
Dudó, mirando a Santino por breves segundos.
— Ardan... no creo que sea buena idea, dijo que quería estar sola.
— Aradia es muy buena mentirosa — dije— Probablemente lo que menos quiere ahora es estar sola, debe estar muy frustrada, no voy a dejarla sola.
— Fue una orden — cortándome el paso otra vez— ¿Le estás desobedeciendo una orden a tu Boss?
— No, estoy preocupándome como su pareja, por lo tanto, iré a ver como se encuentra — empujándome— Y no te estoy pidiendo permiso, tío.
Caminé por el pasillo cruzando miradas con el castaño que se empeñaba en tocarme las pelotas, sonriéndole soberbio para que leyera mis intenciones mientras pasaba por su lado y me dirigía al cuarto, entré sin tocar y puse seguro, estoy cansado de las interrupciones de Rhett, no lo quería metido aquí, no lo quería cerca de mi mujer.
— Creí haber dicho que no quería a nadie aquí.
Dijo Aradia agitada entre un montón de plumas, la cama estaba hecha pedazos, las sabanas hechas jirones, las almohadas apuñaladas hasta decir basta, el colchón abierto de extremo a extremo en todas direcciones, mantenía la navaja en su mano, está descargando su ira, la entiendo, pero sofocarse no la va a ayudar, necesita aclarar la mente.
— Te di demasiado espacio ya ¿No crees? — Acortando la distancia— No te hace bien este estrés, el que te pesa sobre los hombros día a día ya es más que suficiente.
— ¿Y qué quieres que haga entonces? ¿Qué me siente de pierna arriba tranquilamente durante el viaje? Esos malditos viejos están intentando matarme, Fabio intenta matarme, todo porque no accedí a sus malditas demandas, los necesito muertos, las palmas me cosquillean por el deseo de ver su sangre salir disparada del cuerpo, por cortarlos en pedacitos, por meterles un fierro hirviendo por la garganta para verlos ahogarse en dolor, quiero-verlos-sufrir.