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ESPAÑA, JUNIO DEL 2020

Con Daniel nada había cambiado, es decir, nos comportábamos de la misma manera. Aunque yo no era la misma y él por suerte o por desgracia sí. En cierta manera.

Me senté en la terraza mientras me pedía una caña, el único momento del día (a excepción de estar en casa) en el que uno se puede quitar la mascarilla. Con este calor tan sofocante creedme que no es nada agradable llevarla.

Mientras esperaba a que me trajeran unas bravas con mi caña apareció Daniel, vestido como siempre. Unos pantalones cortos azul clarito y un polo blanco. Al sentarse me dio dos besos, pidió otra caña y me sonrió.

Quizá visto desde fuera, dábamos el cante. No es que yo fuera una persona con ropa extravagante, pero entre el cocodrilo de marca que llevaba en el polo, unas deportivas blancas y su reloj de vete tú a saber cuántos ceros yo a su lado era una vagabunda vintage estancada en vete tú a saber qué época; con una coleta que dejaba mucho que desear, mi peto tejano negro, una camiseta más básica que pintarse los labios rojos de fiesta y unas Converse blancas que han ido cambiando según me crecía la talla del pie... Sí, definitivamente era un panorama que desde fuera se veía extraño.

No lo decía porque a mí me parecía una panorámica rara, me importaba un pimiento. Es a la gente de fuera que no sabían mirar con disimulo.

―Te veo bien ―dijo con una sonrisa.

―Es que estoy bien.

―Me alegro, después de contarme como pasaste el encierro en casa...

―Estoy mejor, solo me vi envuelta en una situación nueva, pero nada que el tiempo no cure.

―¿Eres creyente de que el tiempo lo cura todo? ―Decía de nuevo con una sonrisa.

―Te aseguro que sí ―me reí―. Tardará más o menos, pero lo hace, es cuestión de paciencia.

―¿Eso quiere decir algo en concreto?

―Daniel... ―Negué con la cabeza―. ¿Estás seguro?

―Sabes que sí, hemos hablado mucho de este tema.

―¿Y crees firmemente de que va a funcionar?

―Estoy cien por cien convencido de ello.

―Entonces acepto ―dije con media sonrisa.

Inesperadamente me plantó un delicado beso en los labios. Seguía besando con dulzura y cariño, el mismo tacto de sus labios; eso no había cambiado en él. Quizá yo sí había cambiado, quizá demasiado.

―Podrías venirte a vivir conmigo de nuevo ―dijo con demasiada rapidez.

Parpadee sorprendida ante su pregunta bastante directa, he de decir.

―Creo que sería ir muy rápido de nuevo, yo me esperaría unos meses a ver cómo avanza la cosa ―admití.

―¿Quieres decir que volverás a dejarme? ―Dijo alzando una ceja.

―¿Qué? ―Estaba confundida.

―Das a entender que quieres esperarte porque me volverás a dejar ―bufó.

―No es eso, solo creo que necesito tiempo para esto. Hemos estado separados cuatro años y me alegra volver a salir contigo, pero vivir juntos de nuevo sería algo abrumador.

―Por eso, cuatro años separados y aun quieres más tiempo. ¿No has tenido suficiente estando sin mí?

Auch.

―No eres quien, para hablar así, tú has tenido mucho tiempo para tus actividades extracurriculares.

―¿Perdona? ―Lanzó una risa irónica―. ¿A caso me has controlado?

A TRAVÉS DEL TIEMPODonde viven las historias. Descúbrelo ahora