CAPÍTULO 29

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— Arrodillaos.

En silencio, los chicos hicieron caso a las indicaciones. Estábamos en la explanada central que unía las diferentes partes del edificio abandonado.

Poco a poco se fueron colocando en círculo. En esta escena, Chan era el personaje principal, íbamos a rodar sus planos y alguno más general.

El mayor se acercó a mi posición delante de la cámara.

— ¿Aquí voy yo? —me preguntó a una distancia muy poco prudencial para mi cordura.

— S.. sí —contesté cómo pude.

Iba vestido con un pantalón de traje negro, camisa blanca, chaleco negro, corbata a juego y sin chaqueta. Para ponerle la guinda al pastel, los estilistas, habían decidido arremangarlo y ponerle una mini bandolera aferrada a su bíceps. Por otra parte, los de maquillaje le habían puesto dos cicatrices en la cara: una arriba de su ojo derecho y otra en la mejilla izquierda que, le hacía el doble de atractivo, si eso era posible.

Ya no es que estuviera guapo (que lo estaba), estaba espectacular, el conjunto en sí le favorecía y le daba un aspecto de hombre malo mafioso que me estaba quemando por dentro, sin duda resultado de haber leído demasiados fanfics en mi vida.

— Vale —musitó serio.

Empezó a bajar lentamente, sin apartar su mirada de la mía hasta que se arrodilló por completo quedando justo a la altura de mi cintura. Tragué saliva inconscientemente. A pesar de ser la directora y de haber sido yo la que había dado la orden, había conseguido dominar la situación solo con un movimiento.

— Las manos a la espalda —dije intentando sonar algo más autoritaria.

Sin poner ninguna pega, todos hicieron caso. Sin cambiar de expresión ni dejar de mirarme, Chan se cogió las manos por detrás haciendo que sus pectorales y bíceps se apretaran bajo su camisa.

Mi respiración estaba acelerada y esta vez no podía culpar a la ansiedad.

— Bi... Bien, genial —di un par de pasos hacia atrás para apartarme de él y, de paso, ver el plano general que grabaríamos después del suyo— Los extras que harán de "malos" podéis poneros a su alrededor, apuntándolos con las pistolas. Chan —le llamé, pero él no había dejado aún de mirarme— Tu actitud tiene que ser de poder, de chulo, de vacilón, porque sabes que, al final, te saldrás con la tuya. Aquí el que mandas eres tú.

— Sin problema —contestó como si ya estuviera metido en el papel.

No tenía claro si haber empezado así el día de rodaje había sido buena idea porque aquello me había puesto más nerviosa de lo que ya estaba.

Después de esa primera escena todo fue de mal a peor. Alguien de vestuario se equivocó con algo que llevaba Felix en una de las escenas y tuvimos que rodarla de nuevo, Hyunjin se tiró sin querer algo de café encima de su gabardina y hubo que cambiarla, faltaron algunos props* que era necesarios para varias escenas y tuvimos que parar todo más de media hora para que los encontraran, Han había venido un par de veces para preguntarme si podía cambiar su alineación y alejarlo un poco de Lee Know...

La ansiedad inicial había desaparecido para dar lugar a otra más grande y me había empezado un gran dolor de cabeza que no se iba ni con pastillas... Si no me hubiese comido ya las uñas de las manos me hubiera encantado empezar por las de los pies.

Por fin, se hizo de noche y podíamos pasar a las últimas escenas que rodaríamos ese día. Los chicos habían incendiado el edificio abandonado para escapar de los "malos" y cantaban la parte final mirando al fuego. Luego se darían la vuelta y se marcharían vacilantes, dándole la espalda a las llamas como en las grandes películas de acción.

Sin RemedioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora