CAPÍTULO 67

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Un par de días después mi hermano volvía a Canadá. Bajé a recogerlo a su habitación y nos fuimos en taxi hasta el aeropuerto. Había estado bastante callado y serio.

Cuando llegamos al momento en que nos tuvimos que separar para que él embarcara, se giró hacia a mí y se me quedó mirando largo rato.

—Lu, tienes que hacer algo. No puedes estar eternamente mal.

Pasó su mano por mi hombro y la barbilla me tembló haciendo que unas lágrimas contenidas aparecieran en mis ojos.

—Hazlo por ti, por mí. Hazlo por los chicos y hazlo por Bang Chan. Todos te queremos mucho.

Asentí y me aferré a él. No quería que se fuera.

Liam me dio un beso en la coronilla y luego se separó para mirarme a los ojos.

—Esto es... Muy complicado. Estoy cansado. Estoy cansado de añorar. Cuando estoy en Canadá añoro València. Añoro a mis amigos, a los papás, ir a la playa a tomar algo, las tardes tranquilas en el porche de casa, pincharnos el uno al otro desde nuestras habitaciones... También añoro Inglaterra, sus calles grises, la lluvia, los amigos, lo verde y, ahora añoro otra cosa. No tenía suficiente con añorar dos sitios distintos, ahora también añoro Corea. Quiero ver a Felix todos los días, estar con vosotros en su casa y divertirnos y...

Subí mis manos por sus brazos y limpié un par de lágrimas de sus mejillas.

—Li...

—Estoy cansado Lucy. Por nada del mundo dejaría de estar con Felix pero no puedo evitar pensar porqué nos hemos metido en algo tan complicado. Tú tienes que añorar València, Inglaterra y LA... ¿Por qué somos así? ¿Por qué nos hacemos esto?

Mi hermano no era una persona taciturna normalmente pero era inevitable que algunas veces sucediera esto.

—Ojalá tuviera una respuesta. La realidad es que creo que es por el trabajo. Porque no nos conformamos con poco y tenemos una ambición muy alta. Queremos hacerlo todo, superarnos, crear... Y, por desgracia, para llegar a la cima no podemos hacerlo todo sentados en nuestras casas... El trabajo es nuestra vida. No de una manera negativa si no que nos apasiona tanto que no podemos parar. Porque nuestro trabajo es arte.

Liam dibujó una sonrisa triste y sus ojos se apagaron.

—Pues desearía no ser así.

—Yo a menudo también.

Odiaba ver a mi hermano así. Lo atraje hacia mí y le di el abrazo más fuerte y reconfortante que pude. Esos que Chris me daba a mí.

Volvió a mirarme una vez más, nos dijimos que nos queríamos y en un par de minutos desapareció de mi vista.

***

Desde el concierto veía a Chris algo decaído. No triste pero sí diferente a como solía ser normalmente. Así que me aseguré de hacer todo lo posible para que estuviera mejor, o al menos, ayudarle a pasar ese bachecito.

Iba a sus ensayos regularmente, lo esperaba en su casa con comida casera y siempre le daba mucho amor y cariño. Él siempre me lo daba de vuelta con creces y me lo agradecía. Me alegré de que se dejara cuidar. Síntoma de haber estado trabajando en ello. Además, me ayudaba a tener la mente ocupada porque, desde ese mismo día, tenía una idea plantada en mi mente que no me dejaba descansar.

***

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