CAPÍTULO 61

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Dolor. Dolor era lo que sintió Chan cuando esas palabras salieron de Lucy. Se esperaba palabras duras, se había estado preparando para ello, pero no para eso.

—Lucy... Yo... yo no...

No sabía qué decir, cómo actuar. Aquello lo había dejado en blanco.

Lucy se llevó una mano a la cara y suspiró largamente. Aquello también le estaba doliendo a ella. El miedo lo paralizó y la sensación de que lo iba a dejar se volvió más fuerte que nunca. A pesar de que había pensado que no era bueno para ella, aquello le aterró. No podía no tenerla en su vida.

—Lucy... No... No me dejes, por favor... —susurró con un hilo de voz.

Lucy lo miró sorprendida con el ceño fruncido y la boca medio abierta. Se había puesto en tensión.

—Chris...

Saboreó su nombre en sus labios como si fuera la última vez que lo escuchara salir de ellos.

—Chris, no voy a dejarte.

Sus facciones se relajaron cuando lo miró a la cara. Dio un paso más hacia él. Le hubiera gustado que lo tocara o al menos que lo cogiera porque no estaba del todo convencido de que sus piernas fueran capaces de seguir sosteniéndolo. Tenía tal cúmulo de emociones que sus ojos empezaron a encharcarse.

—¿Por qué dices eso? —preguntó acongojada—. Yo nunca te dejaría.

Dos lágrimas corrieron por las mejillas de Chan, una mezcla entre alivio desesperación.

—Pero, Chris —continuó—. Has pasado un límite, has pasado mi límite. Sé que estoy hecha una mierda, no sé. No puedo pensar con claridad. Pero me da miedo que aunque te diga que no a algo, vas a hacerlo igualmente. No es la primera vez que pasa y lo sabes.

—Yo sólo quiero lo mejor para ti. Haría lo que fuera para que estuvieras bien.

—Lo sé, pero necesito saber que me vas a dejar hacer mi camino.

Chan asintió vehementemente. Haría todo lo que le dijera, ahora no podía pensar en nada más. Su cuerpo actuó por él y salvó los pocos pasos que la separaban de ella.

—Sí, sí, puedes confiar en mí.

—Chris, sabes que eso no es tan sencillo.

Lucy agachó la cabeza y volvió a separarse de él.

La ansiedad le oprimía el pecho. Pensaba en qué podía decirle para que le creyera, para que supiera que podía confiar en él.

El silencio los embargó mientras su cabeza iba a mil por hora, hasta que una idea surgió en su cabeza. Realmente, la idea no era suya, era de Lucy y, al ser de ella, no podría negar que era efectiva. Él mismo la había vivido en sus carnes y sabía lo eficaz que había sido.

La confianza se consigue con actos, no con palabras.

No lo dudó un instante y dejó que sus rodillas se hincaran en el suelo. Lucy levantó la vista asustada creyendo que se había caído, pero su mirada segura se cruzó con la de ella.

—Chris, ¿qué...

—Haz lo que quieras conmigo.

Lucy se quedó paralizada interiorizando sus palabras y luego comprendiéndolas.

—Chris... No todo se soluciona así... —se dio la vuelta yéndose a la otra parte de la habitación dándole la espalda.

—Es tu idea y conmigo funcionó, así que he pensado que contigo también lo haría.

Vio cómo se daba media vuelta lentamente mordiéndose el labio inferior.

—Siempre me dices que parece que tienes el control pero luego te das cuenta de que nunca lo has tenido. Vas a tener todo el control. Confía en mí, estoy en tus manos. Si quieres que me vaya, sólo tienes que decirlo.

Sin RemedioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora