CAPÍTULO 62

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A partir de ese día todo fue mejorando poquito a poquito. Con esa charla y esa "reconciliación" mi cabeza pudo hacer el click que necesitaba para cambiar de mentalidad.

Como ya me había pasado muy a menudo, no estaba cuidando de mi misma. Era algo que siempre me había dado miedo: era bastante autodestructiva. Sobre todo cuando me quedaba a solas con mi cabeza.

Por suerte tenía a Chris conmigo y también a los chicos. A la mañana siguiente de habernos reconciliado me propuso empezar a ir a los ensayos con él. No hacía falta que hiciera nada, solamente me sentaba a verlos bailar una y otra vez. También ensayaban con la banda que luego tocaría en los conciertos.

Me encantaba ver a Chris en modo trabajo. Se ponía serio y sacaba su faceta de líder, dando indicaciones a la gente de cómo podían mejorar las cosas o simplemente diciendo qué es lo que quería.

En este aspecto, siempre me había recordado a mí. Somos buenos en nuestros trabajos porque nos encanta, cuidamos hasta el mínimo detalle y sabemos qué es lo que queremos y cómo lo queremos. Sólo que a él se le daba mil millones de veces mejor.

Volver a tener una rutina me ayudó a estar más tranquila y, sobre todo, a distraerme y no encerrarme en mi cabeza. A pesar de no tener mucho contacto durante el día, comíamos todos juntos y luego íbamos a casa de los chicos o Chris se venía a la mía.

Gracias a esto, mi mente divagaba y empezó a funcionar, por fin, como siempre lo había hecho. Comencé a tener ideas, no para escribir, pero sí para pintar, dibujar, fotografiar... Y, poco a poco fui dejando de ir a ver sus ensayos y me iba por Seúl en busca de rincones o lugares bonitos que me inspiraran para dar rienda suelta a mi arte. Fuera lo que fuera, no buscaba algo en concreto, ni la perfección, solamente poder crear.

Y así, comencé a sanar.

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Me daba igual lo que dijera, me encantaba cocinar y más cocinar para ellos. Además, hacía tiempo que Changbin llevaba pidiéndome que le volviera a hacer una tortilla española. Y, más me valía tenerlo contento.

Me pasé bastante rato comprando, seleccionando las verduras, la carne y demás ingredientes para la cena que les iba a hacer. Quería hacerles un festín porque se lo merecían y, básicamente, porque quería.

Por fin me encontraba bien conmigo misma y en gran parte era gracias a ellos (y mucha de Chris) y quería agradecérselo.

***

Bien entrada la tarde, cuando el sol ya empezaba a esconderse a la lejanía, escuché la puerta abrirse. Me esperaba un jaleo terrible de los chicos gritando por comida, sin embargo, solo atisbé a ver una cabecilla azul que se acercaba por el pasillo.

Hi, babe —saludó Chris entrando al salón mientras dejaba las cosas—. ¿Qué haces?

Hi, darling —contesté tumbada en el sofá con el móvil en la mano—. Hago mi Duolingo.

Sin RemedioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora