Cuando dos personas se atraen, no pueden evitarse.
Lucy estaba emocionada por ser la nueva directora de los MV de Stray Kids. En cuanto conoció a Bang Chan, sabía que algo no iba bien en su corazón, pero su mente le decía otra cosa. La profesionalid...
A partir de ese día todo fue mejorando poquito a poquito. Con esa charla y esa "reconciliación" mi cabeza pudo hacer el click que necesitaba para cambiar de mentalidad.
Como ya me había pasado muy a menudo, no estaba cuidando de mi misma. Era algo que siempre me había dado miedo: era bastante autodestructiva. Sobre todo cuando me quedaba a solas con mi cabeza.
Por suerte tenía a Chris conmigo y también a los chicos. A la mañana siguiente de habernos reconciliado me propuso empezar a ir a los ensayos con él. No hacía falta que hiciera nada, solamente me sentaba a verlos bailar una y otra vez. También ensayaban con la banda que luego tocaría en los conciertos.
Me encantaba ver a Chris en modo trabajo. Se ponía serio y sacaba su faceta de líder, dando indicaciones a la gente de cómo podían mejorar las cosas o simplemente diciendo qué es lo que quería.
En este aspecto, siempre me había recordado a mí. Somos buenos en nuestros trabajos porque nos encanta, cuidamos hasta el mínimo detalle y sabemos qué es lo que queremos y cómo lo queremos. Sólo que a él se le daba mil millones de veces mejor.
Volver a tener una rutina me ayudó a estar más tranquila y, sobre todo, a distraerme y no encerrarme en mi cabeza. A pesar de no tener mucho contacto durante el día, comíamos todos juntos y luego íbamos a casa de los chicos o Chris se venía a la mía.
Gracias a esto, mi mente divagaba y empezó a funcionar, por fin, como siempre lo había hecho. Comencé a tener ideas, no para escribir, pero sí para pintar, dibujar, fotografiar... Y, poco a poco fui dejando de ir a ver sus ensayos y me iba por Seúl en busca de rincones o lugares bonitos que me inspiraran para dar rienda suelta a mi arte. Fuera lo que fuera, no buscaba algo en concreto, ni la perfección, solamente poder crear.
Y así, comencé a sanar.
***
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Me daba igual lo que dijera, me encantaba cocinar y más cocinar para ellos. Además, hacía tiempo que Changbin llevaba pidiéndome que le volviera a hacer una tortilla española. Y, más me valía tenerlo contento.
Me pasé bastante rato comprando, seleccionando las verduras, la carne y demás ingredientes para la cena que les iba a hacer. Quería hacerles un festín porque se lo merecían y, básicamente, porque quería.
Por fin me encontraba bien conmigo misma y en gran parte era gracias a ellos (y mucha de Chris) y quería agradecérselo.
***
Bien entrada la tarde, cuando el sol ya empezaba a esconderse a la lejanía, escuché la puerta abrirse. Me esperaba un jaleo terrible de los chicos gritando por comida, sin embargo, solo atisbé a ver una cabecilla azul que se acercaba por el pasillo.
— Hi, babe —saludó Chris entrando al salón mientras dejaba las cosas—. ¿Qué haces?
— Hi, darling —contesté tumbada en el sofá con el móvil en la mano—. Hago mi Duolingo.