CAPÍTULO 66

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A la mañana siguiente los chicos se despertaron con mi noticia.

— Oh, Luchi, ya verás cómo te va a encantar —vocalizaba Han como podía masticando sus cereales—. ¡Somos los mejores!

— No tengo duda de ello, Hannie.

— ¿¡Quieres no hablar con la boca llena!? —le espetó Changbin.

— Le gusta mucho hablar con la boca llena —dijo Minho mirándolo con una ceja levantada.

— Creo que ya no quiero leche en mis cereales... —concluyó Seungmin apartando la leche de su vista.

El timbre sonó asustándonos a casi todos. Chris se levantó casi de inmediato y corrió hacia la puerta. Los demás nos miramos sin comprender. Al poco volvió con dos bolsas bastante llenas.

Me miró con una sonrisa de oreja a oreja y las dejó sobre la mesa delante de mí.

— ¿Es para mí?

Chris asintió ilusionado sin quitar esa sonrisa de su boca.

Me levanté y comencé a sacar todo lo que había dentro algo perpleja. Es posible que TODO el merchandising suyo y de Wolfchan estuvieran en esas bolsas.

— Pero... Pero, cariño...

— Es para que te lo pongas esta noche en el concierto.

Saqué al pequeño Wolfchan y lo abracé con cariño. Era prácticamente idéntico a su versión de carne y hueso. Sobretodo en ese momento que sonreía tanto que casi no se le veían los ojos.

— ¡Eso no es justo! —gritó Han poniéndose también en pie—. Yo no sabía que venía y no he podido cogerle nada. ¿Por qué sólo va a llevar cosas tuyas?

— Me encanta... —susurré mirándolo todo con detenimiento—. ¿Pero no crees que... igual es un poco...?

— Si va de pies a cabeza con cosas tuyas va a ser poco sutil, Chan hyung —rió Hyunjin cogiendo el abanico enorme con su cara y dándose aire.

— Bueno... Ponte lo que quieras, pero creo que te sentaría bien...

Sonreí con cariño y le besé.

— Gracias.

— Esto no va a quedar así... —farfulló Han de brazos cruzados en su silla.

***

Me encontraba al lado de unas de las cortinas laterales del escenario. Desde ahí se podía ver todo, pero quedaba fuera de la vista de la gente de fuera.

Nada más llegar, los chicos nos habían cubierto de merchandising. Llevaba pines por toda la camiseta con sus caras, peluches, gorros, lightsticks y hasta tazas. Si me atracaban en ese momento habrían sacado más dinero vendiendo lo que llevaba encima que por mí misma.

Cada vez que Han se acercaba me ponía otro pin o me ponía otra bufanda en el cuello.

Habíamos ido todos en furgonetas hasta dentro del estadio y ahí nos habíamos separado. Me había cogido al brazo de mi hermano y no me había soltado de él.

El staff iba y venía con prisas a todas partes. Ese era el último concierto en Seúl e iba a ser grabado para sacarlo luego en DVD y también retransmitido en directo por todo el mundo. Un chico muy amable nos colocó una pequeña pantalla donde estábamos en la que podíamos ver en directo el concierto.

Los chicos aparecían brevemente de vez en cuando en diferentes procesos de maquillaje y vestuario.

A pesar de tener claro que quería ir, había un remolino de nervios en mi estómago y una presión en mi pecho que sólo hacía que crecer conforme se iba acercando la hora.

Sin RemedioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora