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Las despedidas suelen ser amargas, pero muchas veces, pueden ser liberadoras.

Changbin sale de la casa de los Zhong con las manos metidas en sus bolsillos, sabiendo a quién se encontraría afuera, sabiendo que aquello tenía un ligero sabor a despedida. Tal vez, un adiós que no quería escuchar, pero que debía hacerlo. Porque entre el querer y el deber hay una línea bastante gruesa.

Felix está con sus pies descalzos metidos en las pequeñas olas que rompen en la orilla, delante de él la gigantesca luna y su cabello castaña moviéndose suavemente gracias a la brisa marina. Incluso estando a la distancia, puede oler su perfume fresco, embriagador en el peor de los sentidos, hipnotizante.

Se queda detrás de él, a tan solo dos metros de distancia, sus hombros están relajados y no tiene la intención de interrumpir su momento de tranquilidad, pero el deseo de estar más cerca y tocarlo es mucho más fuerte.

Solo con que lo mire podría ser suficiente.

─Felix.

El recién nombrado se gira inmediatamente, reconociendo su voz por sobre las olas, conectando sus miradas como si fuese la primera vez en años.

─¿Qué estás haciendo? ─consulta con voz suave, alzando una ceja.

Felix presiona sus propios labios por segundos, lo que tarda en darle la espalda al mar y estar frente a frente, las gotas saladas caen por su pantalón de tela y puede ver algunos rastros de arena en su camisa.

Luce justo como un desastre, el más hermoso de ellos.

─Me da mucha paz ─explica, su tono más bajo que de lo usual─. No entiendo cómo antes le temía tanto al agua... ─ríe, aunque no parece estar divertido en lo absoluto.

Changbin tiene que mantener la respiración por un instante. Felix y agua en una misma oración no es algo que le agrade. Por muy egoísta que suene, preferiría que siga manteniendo su respeto hacia el mar y que la confianza no se transforme en algo más.

En algo que pueda dejarlo sin él otra vez.

─¿Recuerdas que le temías al agua?

Los ojos de Felix se vuelven pequeños cuando sonríe de verdad y le dice:

─Lo recuerdo todo.

─¿Todo? ─pregunta con un hilo de voz.

Felix no responde al instante, y en cambio, acorta la distancia entre ambos para abrazarlo con fuerza y posicionar su cara en el hombro de Changbin. Tan cálido, tan correcto, tan él. Como siempre tuvo que ser.

─Todo ─susurra, Changbin se queda inmóvil, mientras Felix lo presiona contra su cuerpo, esperando que esa no sea la última vez que pueda hacerlo─. Lo sé hace demasiado, pero tenía un poco de miedo... ¿Soy menos malo cuando no tengo recuerdos? ¿Se trata de eso?

Finalmente, Changbin suspira y entierra los dedos en el cabello largo de Felix.

─Deja ir eso.

─¿Es correcto que lo haga? ─ríe un poco, sin darse cuenta, se aferra aún más al cuerpo musculoso─. Me aterra dejarlo ir y que algún día vuelva.

─Eres el único que sigue amarrado a la misma situación, Felix. Nadie más que tú.

Las pecas quedan a la vista cuando Felix se aleja unos centímetros de su hombro para mirarlo a los ojos, los propios brillantes, mil emociones bailando allí.

─¿No duele?

Changbin se ríe en su rostro y Felix no entiende muy bien.

─No lo hace ─su mano termina acariciando el rostro del pecoso, el pulgar presionando su mejilla blanca y con las mismas estrellas dibujadas en su piel. Lee Felix no tiene nada que envidiarle al cielo nocturno─. Me dejó de doler hace un tiempo.

Dream BabiesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora