No es hasta la madrugada que tengo calor, la tarde la pasamos bien, todo lo que le di de comer, se lo comió, cualquier libro que le ofrecí, lo leyó, quería salir y comprar un poco más de fruta, pero la pierna no me lo permitió.
Me destapo, me giro y saco un brazo, para controlar un poco mi temperatura, pero estoy sudando, cuando el sudor se seca, me da frío y vuelvo a taparme.
- ¿Qué tienes? Estás inquieto. –Me dice.
Le doy pequeños golpecitos en la espalda indicándole que duerma. Un rato más y sigo en lo mismo, Scott prende la luz y me gira. No abro los ojos, estoy cansado.
-Estoy bien. –Me toca la frente.
-Estás hirviendo.
Levanta la sábana abruptamente, no puedo ni abrir los ojos, mi respiración es muy rápida, las palpitaciones las siento en la garganta.
- ¿Qué tienes? –Está alarmado, niego con la cabeza.
Se levanta, me checa el corte en la cara, toca mi pecho, gira un poco mi cuerpo y checa mi espalda, palmea mis piernas, toca mi pierna y grito, he hasta abierto los ojos, por instinto jalo la almohada, me la meto a la boca y la abrazo.
Me quita el pantalón, me cuesta subir la cadera, pero lo hago, abre desmesuradamente los ojos y yo veo mi pierna, maldita sea, está hinchada y amoratada.
- ¡Al hospital, ahora! –Me grita.
Me levanto despacio, él se viste rápido, me subo el pantalón, me pongo la playera y chamarra que me ha puesto en el sofá, salimos de casa, toma el auto y me lleva al hospital, por la hora entramos por urgencias, pero al salir del auto, no puedo con el dolor de pierna.
Scott me carga, me siento débil, cansado y muy acalorado, pero en sus brazos siento paz. Nos atienden de inmediato, me siento en la silla de ruedas que nos proporcionan, Scott puede decirles de mi pierna, de la calentura que tengo, la enfermera intenta ayudarme con el pantalón, pero debe bajarlo, no subirlo por las piernas, así que, me adentran a la sala, Scott me ayuda a ponerme la bata y llega el médico.
Ver a Scott sacar su celular paga grabar por el dictado de voz, lo que dice el médico, me entristece demasiado, pero eso me hace ver, que entiende su discapacidad y que hará todo por ayudarme.
Le digo al médico que hable más alto o directo al celular que mi novio no escucha, se asombra un poco, pero lo hace, nos tiene paciencia.
Solo que, Scott al leer cuando digo que no he descansado, que debo tener la pierna levantada, que en la mañana me dolía, que he puesto mi peso al tener relaciones, a Scott no le causa nada de gracia, sé que está por completo enojado.
El médico me aplica una inyección para bajar la inflamación y ayudarle a mi pierna, pone una almohada debajo de ella y una pastilla para la fiebre. Debo esperar para que reaccione la pierna y saber si eso es todo o deberán aplicarme otra cosa.
La fiebre es por la misma inflamación, dolor y cansancio.
-No te enojes. –Le pido a Scott.
-Sabes que lo estoy.
-Lo sé.
- ¿Por qué no me dijiste que te dolía, por qué no me dijiste que necesitabas descansar, por qué no me pediste cambiar de posición? ¿¡Por qué!?
-Shhh estamos en el hospital... porque ... no sé.
-Porque quieres cuidarme, porque antes de ti, estoy yo y así no debe ser.
-Estoy yo, antes que tú, así eres conmigo.
-... pero no a riesgo de tu salud... Jan por Dios, si hemos pasado por tantas cosas es para que el otro esté bien, pero debemos parar... es momento de parar.
- ¿De alejarme de ti? ¿Eso quieres?
-No. Necesitamos comunicarnos más, no solo hablar, cuidarnos, pero no a costa del otro, sé que si estás así es mi culpa.
-No es verdad.
-Sí lo es, pero también porque estoy frustrado y te he contagiado de ello, prometí que haría mejor las cosas... ayudaré más, haremos cambios, para que ambos estemos bien. ¿Sí?
-Sí, pero juntos, siempre juntos. ¿Lo prometes?
-Lo prometo.
Se acerca a mí y me abraza, cinco horas después estamos en casa, nos vamos a acostar y nos dormimos lo que resta de la noche y parte de la mañana, pero ambos con una mejor perspectiva de lo que deseamos.
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Alguien puede decir que solo falta comunicación, pero en verdad que a veces oír, no es lo mismo que escuchar, comunicarse con la familia, la pareja a veces suele ser muy difícil, pero ellos lo están logrando.
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EL SONIDO DE TU VOZ
CasualeJan Parkin un chico problemático, incapaz de controlar la ira. Scott Williams un hombre que no tolera el descontrol. Uno debe aprender que las cosas no se resuelven con violencia. El otro que no puede tener el control de todo. Ambos vivirán circuns...
