Lucifer se había ido por su lado, intentando ser lo más silencioso posible. Él no pensaba que tendría que volver allí nunca más después de lo de su hermano. Pero el descontrol de sus poderes era un problema y debía solucionarlo.
Entró en el castillo celestial y cogió un uniforme de sirviente, además de teñirse el pelo de negro fuerte, junto a unos ojos grises.
-- Esto se te da de pena -- Dijo Galim, sobresaltando a Lucifer.
-- ¡No hagas eso! -- Gritó en voz baja --. Y no te chives... Por favor.
-- Mis... Bueno... Mi ojo no ha visto nada. Pero te recomiendo tener una apariencia más como los querubines.
-- ¿Sabes lo qué cansa transformarse?
-- ¿Y sabes lo qué cansa ver el futuro? -- Replicó su hermano.
-- ¿Aún no lo manejas bien? Digo, tu sigues con... Padre. Deberías ser un as.
-- Estaba demasiado ocupado con la humanidad y contigo para centrarse en mi, o en cualquiera de los pequeños. Es una suerte que Michael y Gabriel a veces nos puedan ayudar. Aunque últimamente tienen que manejar las tareas de Joel.
-- Lo siento tanto por vosotros tres, si alguna vez necesitáis ayuda, mi castillo y el hotel de Charlie están abiertos.
-- Gracias. Suerte.
-- ¿No puedes decirme cómo me ha va ir la visita?
-- Yo solo sé que ibas a venir, no para qué.
Y tan rápido como apareció, Galim se fue. Lucifer hizo una rápida transformación en querubín y empezó a volar hasta la oficina de Dios.
Antes de llegar allí, Lucifer se cruzó con otros despachos y las habitaciones de sus hermanos.
-- ¡Oye tú! -- Le gritó Michael.
Lucifer se giró lentamente y se señaló.
-- Pues claro. Ven, te necesitamos para la proclamación de los nuevos Serafínes.
Lucifer siguió en silencio a Michael, buscando con la mirada las escaleras. Cuando entró en la sala, se encontró a todos sus hermanos, a su padre y a dos desconocidos.
Una, al parecer, se llamaba Luck. He iba a ser la sustitución de Emily, esta era la serafín de la suerte. Tenía el pelo y la ropa morada, además de adornos de luna y estrellas en toda la ropa. Sus ojos eran rosas y su piel pálida.
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El otro era Jerai. Antiguo serafín de la moda, actual Serafín Supremo gracias a la suspensión de Sera, y, al parecer, la posible perdida de su trabajo. Este tenía el pelo rubio claro, seis ojos dorados con azul celeste. Un traje blanco roto con dorado y negro junto a una cola en el traje. Sus alas tenían más ojos, también dorados, además de otro ojo en su aureola.