Alastor estaba encerrado, pero no sabía donde. Seguía sintiendo como se desangraba lentamente y el dolor era asfixiante. En aquel momento, Slay entró con un té en la mano, recién duchado y se sentó en una pequeña silla que había traído consigo.
-- Querrás saber por qué hago esto -- Slay tomó un sorbo del té.
-- ¿Piensas qué esta es una serie y que tú eres el villano principal? -- Alastor tosió algo de sangre pero se limpió con la mano --. Como mucho Joel o Lilith, incluso Dios. ¿Pero tú?
Slay rió.
-- Pensaba que querías saber mis motivaciones antes de morir. Saber por qué hago esto. Y creeme. Si esto fuera una serie, tú serías un simple secundario. Una marioneta de los poderosos.
Alastor frunció el ceño. Quería pensar que no iba a morir, pero Lucifer tenía algo que hacer aquel día y no se acordaría de ir al restaurante. Para cuando se diera cuenta, ya estaría muerto. Y pensar en que Lucifer viviría con esa carga le pesaba demasiado. Si iba a morir, no lo haría sin saber que mierda quería aquel capullo.
-- Bien. Cuenta tu increible historia para que todos pensemos que tienes motivos justficables para ser malvado.
Slay sonrío y tomó otro sorbo a su té mientras se levantaba y miraba por la ventana hacia Barrio Caníbal.
-- Caí al infierno hace milenios... Mucho antes de que ninguno de los Overlords actuales estuviera aquí abajo. No es que amara este lugar, pero es lo que esperaba. Había masacrado a miles en fieras peleas, matado a inocentes y quemando pueblos enteros, por nada más que morbo y diversión. Pero llegar aquí abajo y descubrir que no era nada. Solo otro pecador me enfureció y... Después de mucho esfuerzo, encontré lo más maravilloso de la otra vida. La inmortalidad.
-- ¡Debemos encontrar a Alastor! -- Gritaba Emily, preocupada.
-- ¿De verdad Slay es tan poderoso para poder retener a Alastor? Es decir, no es que el demonio ese tenga mucho poder, pero... -- Intentó calmar Stolas.
Angel se levantó del sofá del castillo y fue directo a la habitación del rey. Este estaba volando hecho una furia en el cielo infernal, buscando por donde fuese posible a Alastor. Pero los recuerdos borrosos de aquel día lo hacían imposible. Cada vez que intentaba recordar de donde salió, su cerebro se paralizaba al ver las imagenes de los Overlords y pensaba que Alastor ya podría ser uno de ellos.
-- No va a parar, ¿verdad? -- Intentó hablar Angel a Charlie, que estaba en el balcón esperando a que su padre bajara.
-- Para nada -- Negó Charlie --. Nunca lo había visto así de... Enfadado. No quiero que... "Esa cosa" vuelva.
-- ¿Qué se supone que es "esa cosa"?
Justo en ese momento, Lucifer dio un grito que se escuchó como si saliera de las entrañas de un montruo horrible, y cuando Angel vio de vuelta al rey, dió un grito y se calló al suelo.
-- Eso es "esa cosa" -- Dijo Charlie con indiferencia --. ¡Bee, Ozzie, ha vuelto a pasar!
Lucifer era treinta veces más grande y su aspecto era aberrante. Era lógico que Angel se hubiera sobresaltado, porque comparada con la apariencia común del rey, aquel monstruo de cinco metros, con tantos ojos, carne y dientes era horripilante.
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