20. Hella y Charlotte

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Podría haber sido recordada como una mañana tranquila y apaciguada cuando las dos gemelas nacieron, pero en realidad, había una enorme tormenta, como nunca antes en el infierno, y expresamente era por el humor del rey aquella madrugada. Porque seamos sinceros, ¿quién estaría tranquilo mientras está dando a luz?

-- ¿Necesitas algo más? -- Pregunta Alastor a su marido, aunque él ahora mismo no pudiera responderle. 

-- Una manta fría le vedría bien -- Sugiere la matrona que estaba allí. 

Así que Alastor fue corriendo a la cocina junto a Charlie, quien también quería ayudar a su padre. El resto del grupo Hazbin y los pecados estaban fuera de la habitación, esperando a que los dejaran pasar.  

Trajo las mantas de vuelta en nada y cuando la matrona le dijo que no había nada más en lo que pudiera ayudar, decidió darle la mano a Lucifer, para que descargase un poco de ira en él. Pero a Lucifer no le hacía falta, por algo ya estaba controlando todo el tiempo del infierno. 

-- No he visto una tormenta más horrible en mi vida -- Se quejaba Stolas mientras entraba acompañado de Blitzø, protegidos por la magia de este primero --. ¿Qué tal está? 

-- Sin duda la primera vez esta tormenta parecía menos intimidante -- Admitió Beelzebú --. ¿Y las niñas? 

-- Las dejamos con sus tíos -- Tranquiliza Blitzø y al ver las miradas interrogativas habló mientras le quitaba la bufanda a Stolas y la ponía en el perchero --. Con unos amigos mios...

Antes de que ninguno de los que estaban allí pudieran decir nada, escucharon una sucesión de rayos y truenos espantosa, acompañada de una lluvia horrible que parecía el diluvio universal. 

-- Joder... -- Se quejó Angel --. ¿Esto tiene algo que ver con los poderes nuevos o...? 

Los pecados negaron. 

-- Ya quisieramos, pero Lu puede hacer esto de normal, solo que no lo suele usar mucho -- Responder Mammon, curzandose de brazos.   

La lluvia empezó a subir a un nivel alarmante, y cada vez caía más, parecía que en cualquier momento podría inundar el enorme castillo. 


En el subsuelo se notaba mucho más este efecto, Astaroth acababa de terminar de explicarle a Joel su plan, y aunque este quería negarse, no iba a poder hacerlo, porque el siguiente objetivo de Astaroth parecía demasiado claro para temor de arcángel. 

-- Primero me dices que no me encariñe, y ahora me obligas a que alguien se encariñe conmigo. 

-- Sé que parece irónico, pero es un paso crucial para nuestro nuevo plan. Plan que no tendría que haberse cambiado si ALGUIEN no se metía en una guerra que no era la suya y mataba a su hermano y a la pareja de su hermano -- Reprochó Astaroth ante la queja de Joel.

-- Dime la verdad Astaroth, ¿no hay otra manera? -- La cara de Joel era seria, el sacrificio de Vi había sido un precio demasiado alto según él, necesitaba asegurarse de que era la única forma de que ambos consiguieran lo que querían. 

-- La naturaleza exigía un orden, siempre lo exige. Es testaruda y no se rige por las leyes de Dios. No Joel, no había otra manera.  

Jole no sabía si suspirar aliviado por aquello o horririzarse de las palabras de Astaroth. Si bien podía ser cierto que la naturaleza exigía un orden, Astaroth no podía ser aquel orden. Aunque él mismo lo quisiera creer. 

-- Lo verás más claro con el nacimiento de las gemelas. Tengo algo que tal vez haga que te apiades de, al menos, una de ellas. 

Joel le miró interrogante, si Astaroth pensaba que podía seguir comprandolo con palabras bonitas y camufladas, estaba muy equivocado. 

-- Una de ellas tendrá el poder de Dios. Tú sabes lo horrible que es eso, más que nadie, ¿verdad? 

La mirada horripilada de Joel tenía un gran contraste con la sonrisa de gato de Astaroth. El arcángel estaba decidiendo si le daba más miedo que Astaroth ya supiera sus poderes o que el ciclo se repitiera. 

-- No. No no no. -- Niega Joel, entrando en un bucle y empezando a reirse como un maniaco, Astaroth le mira con sadisfacción--. No se prepetirá. Me mientes... Obviamente me mientes, eres lo que eres. No tienes verdad en tu corazón. 

-- Lo sentirás cuando nazcan. Y deben faltar unos minutos.

-- ¡VETE A LA MIE- 

Pero Astaroth calló a Joel y se retiró, esperando que comenzara el incio del fin.  


La lluvia cesó y el sol salió, solo para que unos minutos más tarde la matrona saliera de la habitación y dejara a Vaggie y Charlie pasar a ver a las bebés. 

Ambas tenían el pelo de un rojo claro con las puntas de un rojo más granate, sus enormes ojos también rojos y las orejas y cola de Alastor, era obvio quien había ganado en cuanto a ADN, pero ambas tenían las mejillas coloradas como su padre y su tono de piel. 

-- Esta es Hella y esta Charlotte -- Explicó Alastor --. Se nota porque Hella tiene las orejas más hacia arriba. 

Charlie asiente y carga a Hella, dejando a Charlotte a su padre, mientras él jugaba con la pequeña nariz de esta. 

-- Han sacado mucha de tu genética -- Admite Vaggie cuando recibe a Charlotte y Hella es dejada con su padre. 

-- Lo sé -- Sonríe Alastor --. Y creo que el infierno a pagado el precio. 

De poco a poco, todos van entrando de dos en dos, con un orden y desinfectandose las manos por orden de Alastor y sus libros de buena paternidad. Cuando todos se fueron, se quedaron ellos cuatro solos en la cama matrimonial de la pareja. 

-- Son adorables -- Admite Alastor mientras agarra a Hella--. Y con más pelo del que esperaba en un bebé. 

-- Depende mucho, Charlie también nació con mucho pelo -- Lucifer estaba acunando a Charlotte --. A partir de ahora, no podemos hablar de nada de la guerra si ellas estan delante. 

Alastor asiente y le da un beso a Lucifer en los labios durante unos largos segundos, que fueron interrumpidos por el lloro de Charlotte. 


En el subsuelo, Joel también sintió el nacimiento de una de las gemelas, porque notó como una pequeña espiral de poder infinito nacía, una nueva y aún incontrolable. Astaroth tenía razón, y eso solo significaba que ahora el tenía que empezar también con su parte del plan. Pero Astaroth dijo que tenía que esperar, porque debían esperar a todos. 


Antes de que se fueran a dormir, Lucifer les puso los collares que Sera le había regalado en la boda a sus hijas, y los nombres se grabaron solos. Para su confianza, no empezaron a quemar nada y eran más un símbolo de protección a cualquier problema infernal que pudiera suceder, Sera había pensado en todo. 


Radioapple ~Salvarse a uno mismo de la destrucción~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora