44. En el cielo...

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-- ¿Envias estas hoy, no? -- Preguntó Molly para confirmar. La hermana de Angel estaba de visita en el infierno y Lucifer le había pedido que llevara estas cartas arriba. 

-- Si... Es mejor si ven que viene de alguien del cielo -- Sonrió el rey, en realidad le gustaría entregarlas él, pero sabiendo como estaba el tema allí arriba, no sacrificaría nada por unas estúpidas cartas --. ¿En serio qué puedes? 

Molly asintió, el rey del infierno era tan amable como un ángel, siempre era antento con todos y sobre todo servicial, y no daba nada de miedo, justo como Husk y Angel. Lucifer abrió el portal para que Molly volviera al cielo y allí acabó la parte que él podía hacer, a partir de allí, era decisión de sus hermanos ir o no a la boda.

Molly dejó las cartas en la oficina de correos del cielo, había estado allí muchas veces, intentanto buscar a Angel, pero eso era antes, ahora sabía que estaba bien, en el infierno, lo cual era una locura si uno lo pensaba bien. 

-- ¿Cartas para la Familia Real? ¿Y eso? -- Preguntó en ángel que recogió las cartas. 

-- En realidad, vengo de parte de otra persona -- Le quitó importancia Molly, sabía que no podía decirle a nadie que iba de vez en cuando, ¡muy de vez en cuando! Al infierno. 

El ángel simplemente las apartó y aquella tarde, las cartas llegaron al castillo, clasificadas como urgentes, a toda la familia de Lucifer, menos a Dios. 

Los hermanos, nada más recibirlas y leerlas, se reunieron en la habitación de Azrael, ya que casi nunca estaba allí, se había convertido en sitio de reunión corriente. 

-- ¿Y seguros que es de él? -- Volvió a decir Gabriel, como por duodécima vez. 

-- Gab, ¿quién más podría saber que Lu esta saliendo con un pecador? -- Obvió Cassius --. ¿Qué pasa? ¿Te extraña que nos haya invitado? 

Gabriel asintió levemente y Galim suspiró. 

-- ¿Ya lo sabías, Galim? -- Preguntó Michael. 

-- Más o menos, sabía que nos enviaría una carta Lu, pero no que era por su boda. 

Azrael apareció en aquel momento en la habitación, solo para ir a su frigorifico y sacar una bebida y bebersela de un trago.

-- ¿Y esa carta? -- Preguntó el arcángel por la carta que tenía pegada en la nevera. 

-- De Lucifer -- Respondió Leroy por todos los hermanos --. Su boda. 

Azrael sonrió levemente e hizo un auto-brindis. 

-- ¿Sabeís si Padre está invitado? -- Preguntó de nuevo Azrael. 

La habitación se llenó de silencio y Azrael se llevó la mano a la cara. 

-- Sabeis qué, creo que mejor así. ¿Pero cómo bajamos? Yo solo puedo acompañar a almas hasta la puerta del infierno, no cruzar, para eso están los portales, y los únicos que pueden abrirlos son... 

-- Padre, Joel y Jerai... -- Enumeró Gabriel mientras pedía una bebida a su hermano y este se la lanzaba. 

-- Yo no me fio un pelo de Jerai -- Proclamó Cassius, cruzado de brazos --. Siempre mira con asco a Michael, y todos sabemos que es porque se parece a Lucifer. 

Todos los hermanos callaron, porque sabían que Cassius tenía toda la razón. 

-- ¡Esperad! ¡Se nos olvida alguien! Que no ha sido desposada de sus poderes celestiales -- Recuerda Leroy, llamando la antención de todos sus hermanos --. ¡Sera! 

La sala de llenó de alboroto, era obvio que nos les parecía una buena idea, al fin y al cabo, Sera también ayudó en el exterminio. 

-- ¡Vamos! ¿Qué otra posibilidad tenemos? -- Se quejó de nuevo el arcángel por el rechazo general de sus hermanos. 

Azrael suspira y deja la carta escondida. 

-- Si de verdad lo hacemos, hablemos hoy con ella. Si no vamos jodidos.

Los hermanos miraron todos a Azrael, no solían decir malas palabras, excepto Lucifer y Azrael, el resto no lo hacían. 


Todos los hermanos partieron aquella tarde hasta la casa de Sera, que parecía aún más descuidada que la última vez que fue Emily. 

-- Quitando lo mal que está ahora, siempre ha sido una casa muy bonita... -- Pensó en voz alta Michael. 

-- ¿Esto es lo que hacemos con los qué hacen daño? ¿Compensarles con una enorme casa? -- Culpó Cassius. 

-- Centraos, chicos -- Calmó Gabriel. -- Es nuestra única oportunidad de bajar sin decirselo a Padre.  

Todos los hermanos asintieron y tocaron la puerta de Sera, pero la que abrió no parecía Sera. Es decir, si era su pelo y su cara, pero su ropa parecía vieja y sucia, a Azrael le recordó a aquellas señoras mayores que morían solas en su apartamento con sus gatos. 

-- ¿Sus excelencias? ¿Qué hacen aquí? ¿A pasado algo? -- La voz de Sera parecía rota, incluso Cassiel pudo notar como su corazón estaba triste y encogido. 

-- Necesitamos ayuda -- Proclamó Michael --. Debemos... 

Y hasta allí llegó la conversación, ¿cómo iban a decirle a Sera que querían bajar al infierno por la boda de su hermano sin que fuera directa a contarselo a Dios? Azrael tomó la palabra, adelantandose a su hermano. 

-- Sera. Queremos ir al infierno -- Lo dijo con una gran seguridad, lo que en realidad no tenía, puede que fuera el arcángel de la muerte, pero hasta él temía a su padre. 

-- ¿Al infierno? ¿Y eso? -- Sera cerró la puerta detrás de si -- ¿Dios no os puede llevar...? ¿O el nuevo Serafin Supremo? 

-- Tú no has sido despojada de tus poderes -- Replicó Gabriel --. Además, no hagas esto por nosotros, menos por Padre, hazlo por Lu. Quiere que estemos allí. 

Gabriel le enseñó la invitación de boda a Sera, que derramó algunas lágrimas para después devolverla. 

-- No es una buena idea, para nada lo es -- Negó esta --. Pero Gabriel tiene razón... Se lo debo a Lucifer... Por todo el daño que he causado. ¿Cuándo quereis partir? 

-- Unas dos horas antes del inicio de la fiesta -- Exclamó Galim --. Queremos ayudar a nuestro hermano en su día. 

Sera asiente, contenta de poder ayudar, pero pensando que Dios sabía de todo este asunto pero no podía llevar a los niños. Lo que Sera no sabía era que Dios llevaba días encerrado en su despacho, dándole vueltas y vueltas al plan de Jerai. 

-- No... No puedo hacerlo... Es mi hijo, Lucifer por encima de todo es hijo mío -- Declaró Dios mientras tiraba el plan de Jerai a la basura --. Y yo soy Dios, tomo las decisiones aquí. Al menos mi hijo podrá perdonarme. 

Si Dios supiera que su falta de libros no era porque los dejara desperdigados o porque Gabriel y Michael los hubiera cogido, si no porque su hijo despojado estuvo en el cielo y escuchó su conversación con Jerai, su mente no tendría tan claro que Lucifer, rey del infierno, le perdonara.    

Radioapple ~Salvarse a uno mismo de la destrucción~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora