Capítulo 53. Líder

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Gareth escuchaba a Percy, Art no iba a ir.

Sus entrañas se retorcieron, pero estas no estaban funcionando bien desde que conoció su verdadero origen.

Una copia, una maldita copia.

Creaciones de esos malditos omegas que los gobernaban, clonados hasta el desgaste para seguir creando una civilización omega.

Y ahora Art había dejado embarazado a uno de ellos, maldito estúpido, debían tener como cientos sino miles de hijos por el mundo, y eso solo contando con ellos, ¿sus antecesores, los que vendrían?

Era una maldita locura, la mente le iba a explotar, pero si Art y Percy podían con ello, él no iba a ser menos, se negaba a volverse loco.

—No cambian lo planes, iremos —dijo Percy, su antiguo rival.

Pero Gareth solo tenía ojos para Art, al menos el cabrón tenía cara de que le estuviera a punto de dar un derrame cerebral.

El plan era claro, el omega de Bors facilitaría una entrada el lunes, y los emparejados serían la avanzadilla para hacer frente a los omegas al cargo.

El número era variable, pero solían rondar los 20 omegas. Número suficiente para dejarlos a todos K.O. Pero por supuesto Art y sus amigos eran especiales, tenían aquella mierda de emparejamiento omega que los hacía a prueba de la voz.

Gareth sintió sus tripas llenas de ácido, una copia y encima de las que ni siquiera eran relevantes. Pero se recompuso, estaba allí, estaba vivo y ya era más de lo que podían decir muchos de los demás alfas que habían pasado por la cárcel.

Y tener al viejo Percy rabiando también era un aliciente, el padre de Blamor estaba completamente en contra de aquel rescate.

Gareth no era estúpido, sabía que aquello no solucionaría el problema, eran jodidos clones, sacarían a la nueva remesa y punto. Pero harían ruido, crearían caos y sacarían a todos los que pudieran.

Tris.

Las posibilidades de que aún estuviera vivo eran pocas, muy pocas, pero no cero.

—Saldremos mañana, estad preparados.

Algunos omegas habían llegado de algún lugar para acompañar a sus alfas, esos irían los primeros, y los alfas desparejados como él entrarían después para ayudar con el resto de alfas prisioneros.

Fue de los últimos en salir de la sala de reuniones cuando lo vio entrar después de mucho tiempo.

Ali, ese maldito omega taimado, le guiñó un ojo llevándose a Blamor.

Desde que había conocido su origen las cosas con Blamor habían estado raras, este había querido consolarlo de algún modo extraño y Gareth le había roto el labio.

A veces se preguntaba si aquellos putos omegas no habían diseñado algo extraño en su mente para que tuviera tanta tendencia a joderla con las pocas personas que lo aguantaban.

O quizás los de su modelo no sobrevivían porque eran todos unos gilipollas, no lo descartaba.


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—Lo tengo —sonrió Ali.

Blamor no era excesivamente efusivo, pero hubiera abrazado a su hermano si no supiera que este le devolvería el golpe aún más fuerte.

Los métodos de Ali eran cuestionables pero muy efectivos, cuando había descubierto lo que solía hacer para conseguir las cosas lo había enfrentado.

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