En un mundo donde ser alfa es sinónimo de criminal, Art es el mejor candidato para pagar todos los males en sí mismo.
En un mundo donde ser omega es la única opción adecuada, Lance conocerá que no todo es lo que parece.
Kay llevaba una pequeña bolsa con sus pertenencias, estaba embotado con todo lo que Ali y Lovel habían contado.
Destrucción y más destrucción, pensó en su padre, en sus abuelos, él no existiría sin aquellas clínicas de fertilidad, su familia, su amor, nada existiría.
¿Participar de la aniquilación de esos futuros? No sabía qué pensar.
Se había despedido de Lance que parecía aún más consternado, no le extrañaba, lo que estaban poniendo sobre la mesa era demasiado grande.
Pero había otra cosa que le preocupaba, ¿un celo? Él jamás había tenido uno, casi nadie los tenía ya. No que él conociera, salvo Lance. Ali lo había señalado como el inicio de una nueva era, dos omegas modificados que resucitaban sus celos tras el vínculo alfa-omega.
Él olía a celo, ¿él? No estaba preparado para ello, hacía pocos días que había aceptado lo que sentía por Percy, ser preñado tras un duro celo como el que había pasado Lance no estaba en sus planes.
Para ser sinceros nada de aquello estaba en sus planes, ni siquiera en el pasado se había planteado una paternidad cercana.
Y aún así, había notado los cambios en su cuerpo, el olor, la humedad, abrió la puerta de su nueva habitación. El olor de Percy le calmó y le lubricó a partes iguales.
Iba a entrar en celo y no sabía qué pensar sobre ello.
Percy se había recuperado en pocos días lo suficiente para volver a la vida activa, la biología alfa era asombrosa, pero a Kay le preocupaba que se autoexigiera demasiado, casi lo había perdido, era normal temer un poco por su alfa, ¿no?
Su alfa, su celo, era todo una locura.
La puerta se abrió tras él y no necesitó mirar para saber que era Percy, que le alcanzó inclinándose para abrazarle.
Se sentía tan bien, tan maravillosamente bien, no quería salir de sus brazos.
—Voy a tener un celo —le informó.
—Lo sé, hueles tan bien.
—¿Lo sabías? —se giró Kay sorprendido.
—Hueles distinto, mi nudo palpita.
Kay se llevó las manos a la cara y se dejó caer contra Percy.
—Todo el mundo lo sabía menos yo.
—Estoy listo, mi cuerpo se ha recuperado y es gracias a ti, te daré todo lo que necesites.
Aquello sonaba tan arcaico, tan equivocado y aún así puso blando a Kay por dentro dejándose cargar por Percy hasta la cama que compartían.
—No sé si estoy preparado para un celo, para quedar embarazado, es demasiado pronto.
Percy le besó la frente.
—Quizás podamos hablar con el doctor para... —parecía dudoso— evitarlo, al menos la parte de los bebés.
Percy era demasiado grande para parecer tan tierno, y aquello le gustó mucho a Kay, sabía que podía ser letal, lo había visto en la prisión durante el rescate, le había visto gruñendo durante el sexo, pero también siendo considerado con sus miedos.
—Ali tiene algunas ideas sobre el celo de Lance y el mío, tiene ideas muy perturbadores sobre el futuro.
—Es un omega muy curioso.
Una punzada de celos le retorció las tripas, no le gustaba la sensación, había tenido celos demasiadas veces en su vida.
—Curioso —puntualizó Percy—, no interesante para mí, no atractivo para mí, nada de eso que estás pensado, no lo hace para mí, solo tú.
—Es bonito.
—No eres tú, punto.
—Eres único para hacerme sentir bien —reconoció Kay sin tapujos, Percy siempre le hacía sentir bien y también realmente mal, aún recordaba sus dedos taponando su herida.
Se sacudió la idea de la cabeza y comenzó a poner en pie lo que Ali les había contado, nunca dijo que no lo contaran, sino que fueran ellos los que se lo contaran a sus alfas.
Percy lo escuchaba, lo observaba en silencio, sin decir nada.
—Es una locura, lo sé, solo es una profecía con los que los naturales crecieron.
Percy aún así no habló y Kay se preocupó.
—¿Qué piensas?
—Un nuevo comienzo.
—¿Lo crees?
—No lo sé, tengo que hablar con Art de esto.
Kay asintió, desde que Percy se había recuperado estaba mucho más tiempo metido en planes con alfas que con él. Se había vuelto demasiado necesitado, aunque él mismo ocupara su tiempo ayudando a Lovel en el laboratorio.
—Pero eso será mañana, hoy solo quiero tenerte entre mis brazos.
αλφα
Art acababa de escuchar la historia de la profecía por parte de Lance.
Su omega le miraba como si hubiera contado la historia más atroz posible. Lo era, sin duda lo era.
Matar a sus copias, seres sintientes como él mismo, aniquilar el futuro de omegas como había sido el suyo, ajenos a ese otro mundo.
—Es una responsabilidad demasiado grande para cargársela a una persona, cualquiera de las opciones liberar a un ejercito para destruir a los omegas, o aniquilarlos y dejar extinguirse a los otros. Es demasiado.
—Siempre lo ha sido y sin embargo son las dos únicas opciones.
—¿Crees en esa profecía?
—Creo en ti, en nosotros y la vida que hemos creado juntos.
—A veces solo quiero volver a mi antigua vida —confesó Lance, Art lo había arrastrado a su mundo—. Pero entonces no te hubiera conocido, no sabría la verdad, viviría ciego.
—No es la primera vez que escucho esa profecía.
Era la realidad, no podía precisar a qué lugar de su memoria clonada pertenecía, pero ya había estado allí, que Lance la recitara solo la rescató.
Lance le abrazó y Art le devolvió el abrazo que tanto necesitaba.
La profecía no acababa ahí.
Un original que destruirá el mundo para crear uno nuevo.
Un original rodeado por un círculo de iguales.
Un original que sembrará la primera semilla de la libertad.
La semilla del nuevo mundo.
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