En un mundo donde ser alfa es sinónimo de criminal, Art es el mejor candidato para pagar todos los males en sí mismo.
En un mundo donde ser omega es la única opción adecuada, Lance conocerá que no todo es lo que parece.
Lance miraba a su padre junto a su ex prometido, había pensado que todo estaba acabado, pero todo sucedió demasiado rápido.
El hombro de Art estaba sangrando aún, se había arriesgado a que lo mataran por él llevándose un disparo. La distracción debió servir a los otros para reducir a los omegas que les apuntaban y habían dudado solo un instante.
Art había usado a su padre para liberar al resto y habían dejado un rastro de omegas maniatados, amordazados en distintos niveles de consciencia.
¿Su padre había estado dispuesto a herirle, a matar al propio hijo que portaba? ¿Llevarles hasta la ubicación de la fábrica había sido el modo de volver a llevarle con él?
—Acabemos con los que hemos venido a hacer aquí —dijo Art sin soltarle.
Su padre le miraba lleno de un odio que dolía, pero si ya había decidido que su destino estaba junto a Art, con lo que acababa de ocurrir supo que había roto por completo con su pasado.
—No podréis salir con todos de aquí —sentenció su padre que había conseguido liberarse en parte de la mordaza que él mismo le había colocado.
Ali se puso en cuclillas delante de su padre, volviendo a colocar la tela en su boca.
—¿Y quién dice que los vayamos a liberar?
—¿Estás listo? —preguntó Percy al lado de Art, todos se habían reunido alrededor de Art, envolviéndolo en un círculo.
Su círculo de iguales.
Art le miró, aquella decisión le perseguiría por el resto de su vida.
Tomó su mano, una grande y llena de callos por la lucha, por el horror que había vivido durante toda su vida. Una mano que podía ser gentil, que podía dar amor.
Llevó su mano hacía el tablero, Ali había usado códigos para desconectar la IA que dirigía todo el sistema de mantenimiento de las burbujas de hibernación.
Solo quedaba el paso final, el más sencillo y difícil a la vez.
—Estoy contigo, siempre estaré contigo —aseguró Lance.
Art cerró los ojos y lo hizo.
Los contenedores azules, aquellas burbujas llenas de sus clones en distintos estadios de maduración, vidas listas para ser usadas, se apagaron.
Lance no sabía qué pensaba que iba a ocurrir, quizás que todo acabara de golpe, que desaparecieran.
No fue así.
Durante agónicos minutos se oyeron golpes desde el interior de muchas de ellas, gritos burbujeantes y luego silencio, completo silencio y oscuridad.
Fue espantoso presenciar la muerte de todas aquellas criaturas de las que no quedó nada, absolutamente nada.
Habían desaparecido para siempre.
Lance miró a Art, el coste de aquella decisión les perseguiría para siempre.
αλφα
La vuelta al campamento fue en completo silencio, todos estaban abatidos con lo que había pasado.
Habían asesinado a cientos. Y él había accionado el interruptor para hacerlo.
Aún escuchaba los gritos acuosos, los había ejecutado.
Notó los dedos de su omega sobre él, su precioso y valiente omega al que casi pierde aquella noche.
Ninguno dijo nada cuando salieron de los furgones, ni siquiera cuando un grupo de alfas los esperaban encabezado por el padre de Ali y Blamor.
—¿Qué habéis hecho? —inquirió con enfado.
Art se abrió paso hacia el interior arrastrando a Lance con él.
El ambiente era tan lúgubre que ni siquiera los intentos de gritar del padre de Lance y su ex prometido los perturbaron.
El resto de alfas bajaron igual de abatidos, eran ellos y a la vez sabían que cada uno de ellos tenía su propia identidad.
Había aniquilado a cientos de Arts, de Percys, Gareths, Howels, Tris, Bors, Clegs, Gaws y a todos sus compañeros a los que había conocido y a aquellos a los que jamás conocería.
Necesitaba descansar, necesitaba sentirlos seguro, necesitaba olvidar lo que había hecho.
¿Sería posible alguna vez?
—Tenemos que curar mejor tu herida —sugirió Lance preocupado por el disparo que había recibido.
¿Cómo decirle que aquella herida física no le podría matar?
—Mañana.
Lovel había hecho unos primeros auxilios en el viaje de vuelta, servirían de momento.
—Art.
—Solo abrázame, te necesito.
Lance había sufrido también un gran shock; su padre amenazando su vida, la de su hijo, la de su compañero y presenciar la muerte de tantos clones.
Lance abrió sus brazos, no era un omega pequeño pero a su lado, todo el cuerpo de Art le cubrió, aún así sus brazos eran un consuelo cálido en mitad de la pesadilla que eran sus pensamientos.
Lance lo llevó hasta la cama y con cuidado le quitó la ropa llena de sangre, le quitó las botas y acarició su rostro.
Art se tumbó observando como Lance hacía lo mismo, su vientre comenzaba a verse más redondeado, nunca había visto a un omega embarazado más allá de las holoseries que había visto en el apartamento de Lance.
Era tan bonito, su omega.
Lance se tumbó a su lado y echó el juego de mantas sobre sus cuerpos. Art lo abrazó a pesar de la tirantez en su hombro.
Y la luz se apagó.
—Lo superaremos, lo haremos —le susurraba Lance— crearemos un mundo mejor, un mundo que todos nos merecemos.
Art inhaló su aroma omega.
—Un mundo mejor —repitió.
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