—Te deseo.. —gimió Kay sin sentir ningún tipo de vergüenza, algo que más tarde podría sorprenderle.
No era un omega dado a mucha expresividad durante el sexo, pero aquello era distinto, Percy era distinto y sus dedos dentro de su ano no eran suficientes.
Los dos lo sabían, pero por muy necesitado que estuviera sabía que su alfa estaba herido y débil.
—... Pero tenemos que parar —reconoció aún sin separarse de Percy, tampoco es que tuvieran mucho espacio.
—No. —La voz de Percy le hacía cosas.
—Estás herido.
—He estado peor.
Percy lo acompañó de un gesto que le hizo gemir y no de placer, lo movió sobre su cuerpo retirando sus dedos de su ano en el proceso dejándolo justo sobre su pene erecto.
A Kay le costaba respirar, le costaba pensar en que su alfa estaba herido, necesitaba reposo, pero su pene rozando su ano lubricado no parecía querer lo mismo.
—Lo quiero —gimió Kay dudoso— te quiero dentro.
Como un pene tan grande le penetraba haciéndose paso en su interior era algo sobre lo que no iba a pensar, solo lo iba a disfrutar.
Sosteniendo el aliento hasta que estuvo completamente dentro de él, Kay sintió como los pulmones le quemaban cuando pudo volver a meter aire.
Estaba saturado, sobrepasado, demasiado lleno y sin embargo nunca se había sentido tan bien.
—Eres tan maravilloso —le dijo Percy acariciándole el rostro lleno de placer.
—Más...
No estaba siendo razonable, pero era lo que quería y su alfa cumplió con los deseos moviéndose dentro de él.
Sentía frío y calor a la misma vez, su propio orgasmo le sobrevino sin avisarle corriéndose sobre Percy mientras gemía desconsolado.
Percy no paró de penetrarlo mientras las réplicas de su orgasmo le barrían.
Supo que la puerta se abrió porque el olor le llamó la atención, estaba agotado, estaba volviendo de su vuelo orgásmico pero gruñó a la persona que abrió la puerta,
—¡Fuera! —Aquella no era su voz, era la de Percy, dura y autoritaria.
La voz de Percy le hacía cosas, ya era una obviedad.
Esa voz.
Su necesidad volvió a subir ni siquiera consciente de si la puerta se había cerrado y el visitante se había ido.
Le daba igual.
Sus caderas se movieron sobre el eje caliente de Percy, lo deseaba tanto, se acababa de correr y sin embargo quería más, lo quería todo.
Consiguió levantar su cuerpo y cabalgarlo.
Desde su altura podía ver a su alfa, herido, con su vello rasurado, y aún así nada le quitaba la luz que parecía irradiar.
Su pene volvía a estar duro y lubricado brincando sobre Percy, se lo tocó para lo que parecía solo deleite de su alfa que lo miraba como si lo estuviera devorando.
—Lléname —pidió Kay, quería su semen a un nivel que solo debería avergonzarle, pero no sentía la más mínima vergüenza por nada de lo que estaba pasando.
Las manos grandes de Percy lo agarraron de las caderas haciéndolo caer duro una y otra vez sobre él.
Debía estar doliéndole la herida pero no parecía más que estar gozando tanto como él.
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Alfa
RomanceEn un mundo donde ser alfa es sinónimo de criminal, Art es el mejor candidato para pagar todos los males en sí mismo. En un mundo donde ser omega es la única opción adecuada, Lance conocerá que no todo es lo que parece.
