Capítulo 76. Mío

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Percy acarició la espalda de Kay mientras este dormía relajado contra su pecho.

Su polla estaba lista para un nuevo asalto si su omega lo necesitaba, olisqueó a Kay, era leve pero su celo no había acabado.

Cuando estalló hubiera matado a cualquier que hubiera intentado separarlo de él, literalmente a cualquiera.

Para su suerte había llegado a su habitación y se habían encerrado donde había penetrado una y otra vez a Kay hasta casi perder el conocimiento.

No llegaba a calcular el tiempo que había pasado y sinceramente, le daba igual. Todo lo que importaba estaba durmiendo contra su pecho.

Sus dedos lo notaron antes que el resto, un leve movimiento y luego aquel delicioso aroma.

Bajó su mirada y la absolutamente mirada azul de Kay estaba nublada hacia él.

Ni siquiera necesito decir nada, Percy estaba listo, con una mano lo movió lo suficiente para alinearse con él y penetrarlo. Una estocada lenta y profunda, estaba tan lleno de él. Podía sentir sus fluidos y su semen unidos.

La duda de la fecundación era lo único que le quitaba algo felicidad en aquel momento. Había sido sincero cuando le propuso usar algún método anticonceptivo si era necesario.

Le preguntó al médico alfa de la base, pero para su sorpresa ellos no contaban con ninguno, la fecundación de un omega era algo casi sagrado por lo que poner freno durante los escasos celos naturales no era algo que contemplaran.

Lovel no había sido tampoco mucho de ayuda, no había anticonceptivos en la sociedad omega.

Ambos se habían sentido ansiosos ante las noticias, pero el celo de Kay no aparecía, quizás no tendrían que preocuparse por ello.

Solo que explotó, explotó muchas veces.

No podía decir que las primeras veces se hubiera contenido, no pudo, se corrió numerosas veces dentro de Kay que lo miraba fascinado.

Pero cuando las hormonas de Kay fueron reduciéndose Percy le preguntó. El rechazo absoluto a que Percy no acabara dentro de él casi lo hizo llorar.

Le había consolado mientras lo penetraba una y otra vez.

—Estoy aquí y eres mío —había gruñido Percy contra el oido de su omega y este había ronroneado.

Era el sonido más dulce que había escuchado en toda su vida.

Lo que fuera que ocurría durante el celo, era algo que no iban a poder cambiar y estaba bien con ello.

Giró levemente a Kay dejándolo con la espalda contra el colchón, tan pequeño, tan precioso, no pudo evitar mirar como su polla entraba y salía de su cuerpo, completamente lubricado.

El cuello de Kay se extendió, mostrándole su glándula, Percy se inclinó para besarla. Era una parte prohibida, mucho más íntima que el culo de un omega.

Arrastró sus dientes haciendo que Kay se corriera, haciendo que la polla de Percy sintiera las compresiones en ella, solo un poco más se dijo, solo un poco más fuerte y traspasaría su piel.

Pero se retiró antes de volver a correrse dentro de él.

—¿No quieres marcarme? —Kay jadeó cansado, en todo el tiempo que había durado el celo, Kay casi no había hablado más allá de pedirle que lo follara.

El celo realmente estaba remitiendo.

—Con todo mi ser —le confesó.

—¿Y por qué no lo has hecho? —Aquella inseguridad que había visto antes, reapareció, en algún punto Kay creía que no era suficiente como omega. Estúpido pensamiento.

—No me lo has pedido. —Y esa era la realidad, no podía hacerlo sin su consentimiento, sencillamente no podía hacerlo.


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Estaba lleno, realmente lleno de semen y ni siquiera podía sentir asco por ello.

Lo habían hecho tantas veces que Kay había perdido la cuenta, ahora entendía porque era casi imposible no quedar embarazado después de un celo.

Ya estaba hecho y aunque sabía que era algo que en algún punto le había aterrado, en esos momentos no le importaba. Nada más importaba que estar tan junto a Percy como fuera físicamente posible.

Aún estaba dentro de él, como si separarse fuera doloroso, pero se daba cuenta de que el celo había acabado.

No sabía como calificar la experiencia, abrumadora, incluso aterradora cuando la necesidad de ser penetrado había arrastrado toda su cordura.

Solo pensar en que su celo se hubiera producido sin Percy le daba náuseas.

Pero estaba allí, aquel enorme y hermoso alfa le acunaba con los ojos llenos de corazones.

Y sin embargo, no le había marcado.

—No me lo has pedido —le contestó acariciándole el punto sensible en su cuello. Había sido besado, lamido y rasguñado, pero no mordido.

Kay lo necesitaba, físicamente quería la marca, había visto la de Lance. Quizás fuera algo grotesco, demasiado animal para su gusto. Pero ahora sabía que la quería, igual que había querido el semen de Percy dentro de él a pesar de las consecuencias.

¿Solo eran animales cayendo bajo sus instintos más bajos?

Pero si caer, era caer en ellos junto a Percy, no podía ser malo, no podía ser equivocado, ¿verdad?

—Yo quiero... lo quiero todo.

Había salido bajo, casi suplicante, no podía culpar al celo, se había ido, se había ido completamente.

Percy comprobó sus palabras en sus ojos.

—Te quiero —le dijo su alfa, abriéndose en canal.

—Y yo te quiero a ti —le contestó Kay con una sonrisa.

Se preparó para sentir dolor y la presión de los dientes de Percy se hizo cada vez más intensa, mucho más hasta que lo que pensó que se volvería dolor se convirtió en otra cosa.

No lo había experimentado hasta el momento, no de manera plena y consciente, agarró las caderas de Percy, su pene entró en él, otra vez duro mientras un orgasmo distinto a los del celo se extendía desde su glándula.

—Precioso —le dijo Percy mirando de su rostro a su marca —realmente, eres precioso y eres mío.

—Y tú, mío.

Y por primera vez, Kay no sintió miedo en pertenecerle a alguien más.

Mi patrón de escritura es que mis secundarios sean inmensamente felices

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Mi patrón de escritura es que mis secundarios sean inmensamente felices.

Besos

Sara

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