67: Perfecto

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El sol era brillante, la tarde tan cálida y delicada como nunca. Era un día perfecto para estar afuera. Y eso es exactamente lo que Xie Lian y su esposo estaban haciendo.

Caminaban por un mercado, lleno de cientos de artilugios como prendas para vestir, dulces, comida, regalos valiosos y muchas cosas más. El inmortal vestía sus prendas muy abiertas de color rosa hechas de seda y algodón, además de estar puesto maquillaje. Veía de un lado a otro con entusiasmo mientras se tocaba su gran estómago.
Hua Cheng se encontraba muy alegre de ver a su esposo así, les pareció que tal vez deberían por un tiempo relajarse, así que comenzaron a hacer los preparativos para la llegada de sus dos hijos.

Hace cinco días fue la pelea con el primo de su amado, no han contactado con él en ningún momento y cada noche el pelicastaño sufre de terribles pesadillas. En palabras de su marido son demasiado realistas, aterradoras y sin piedad, muestra el sufrimiento de sus seres queridos una y otra vez, y siempre terminan de la misma forma... con un enorme sangrado bajo de él, que parece tan genuino que grita apenas despierta.

Así que, para distraer al dios de todas las posibles razones por las que llega a pasar mucho estrés, ahora se encuentran buscando cosas para preparar la habitación de sus futuros retoños. Aunque claro, Hua Cheng se encargará de hacer las cunas con sus propias manos, pero hay cosas que Su Alteza ha deseado comprar por su propia cuenta.
Y ahí estaba él, corriendo con entusiasmo por cada rincón en dónde encontraba juguetes y ropas tan pequeñas que daban ternura. Finalmente, se detuvo frente a un puesto en el que encontró unas ropitas que lo dejaron hipnotizado.

-¿Le interesan estas prendas para bebés recién nacidos? -preguntó la señora que atendía el puesto.

Él la miró, con lágrimas formándose por sus ojos.

-Ah, discúlpela -habló Hua Cheng -. No es capaz de hablar, pero, sin duda le interesan.

La mujer le mostró una mueca.
-¿Y todavía está casada? Debe ser una zorra -murmuró bajo.

El fantasma la escuchó y por supuesto que reaccionó muy mal, fingió estar en orden y que no había oído nada. Había llevado una vida de ochocientos años y reconocía que la sociedad era conservadora en sus épocas de niñez, pero ahora, parecían hasta incluso más conservadoras. La violencia intrafamiliar era todavía más común y considerada la norma, la pobreza era todavía más repudiada, la mujer era incluso más despreciada.
Qué mierda.

-Cariño -miró a su esposo de nuevo -. ¿Te gustan estas prendas?

Xie Lian simplemente lo miró, apretando los labios y asintiendo levemente.
Lluvia Carmesí las observó, si lo pensaba eran tiernas, una era rosa con mangas blancas y cintas negras, y otras eran negras con mangas rojas y cintas blancas.

-Entonces las llevamos -dijo, entregando el dinero justo y exacto que la mujer pedía.

Apenas pagó, se dirigió al puesto de al lado (que también vendía prendas) y le enseñó a su esposo muchos listones, horquillas, cintas para el cabello, un hanfu de tonos grises, negros y rojos, y otro hanfu de tonos dorados, blancos y rosas. Al final también compraron, mucho más que dónde la otra señora y el fantasma decidió darle a la muchacha de este puesto la amable propina de dos barras de oro.
En frente de la señora odiosa.

Satisfechos, Xie Lian sujetó de la mano a su amado y lo jaló hacia un puesto de caramelos. Un puesto donde cada caramelo tenía forma de animales, pero el encanto de su marido había conseguido dar con que hicieran una de cada uno.
Volvieron a avanzar, ahora con caramelos en las manos, hasta llegar a las afueras del pueblo y poder darse un descanso del sol.

-Mira San Lang -habló después de mucho -. Es idéntico a ti, que hasta incluso hizo el parche.

-Sí -le sonrió -. Este también es idéntico a Gege.

𝔻𝔼𝕊𝔻𝔼 𝕊𝕀𝔼𝕄ℙℝ𝔼Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora