68: Búsqueda

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La gente vitoreaba de alegría, las bailarinas mostraban su espectáculo y los carruseles avanzaban con esplendor. Era un día único como ninguno, y lo mejor de todo era que su príncipe heredero iba a dar el más grande de los espectáculos ese mismo día. Aunque no aparecía por ningún lado.
Y entonces lo vieron.
Cuál dios fragante y benévolo, una figura cayó de los cielos hasta llegar a la plataforma andante y enfrentarse directamente al demonio que lo llevaba aguardando.
Sus espadas ágiles chocaban entre sí, el metal chillaba y las chispas salían por todos lados. Con movimientos ágiles y maravillosos se daban una lucha uno a uno, haciendo retroceder al otro y mostrando sin parar acrobacias dignas de su príncipe heredero.

Y entonces ocurrió.
La gente gritó de pavor al ver cómo una figura pequeña caía de la más altas de las murallas. ¡Un niño iba a caer ante la muerte del contacto con el suelo!
Pero antes de que pusieran pestañear, su príncipe heredero, lujoso en ropas y actitud, salió disparado para llegar al niño. Lo sostuvo entre sus brazos, permitió que su máscara se cayera, pero jamás dejó de mostrarle una cálida sonrisa que le estimaba que todo estaría en orden.

Pero eso era raro.
Xie Lian lo reconoció. El niño era exactamente idéntico a su esposo, no, era Hua Cheng cuando apenas era un pequeño que vivía en la pobreza y soledad, cubierto de vendas que escondían su ojo maldito. Pero por alguna razón el niño lo miraba con mucho asombro, como si fuese la primera vez que se veían directamente a los ojos. Además... él tenía diecisiete, contrario al pequeño que parecía de diez o incluso menos.

¿Qué estaba pasando?

No tuvo tiempo para intentar hablar con Hong Hong-er, pues empezaron a caer dentro de un abismo interminablemente oscuro, y lentamente el niño entre sus brazos se desvanecía siendo una y otra vez apuñalado por pequeñas dagas afiladas, cortándolo poco a poco y extinguiendo su cuerpo hasta que lo último que quedó del menor fue su ojo carmesí de mala fortuna.

-¡NOO! -gritó Xie Lian, levantándose de un golpe en la mitad de la noche.

Hua Cheng se levantó también, se acercó a él con cuidado e intentó consolarlo.
Otra pesadilla. Pero, ¿Por qué lo sentía tan real? Parecía más un recuerdo que un sueño. Cómo si realmente hubiera ocurrido así, y algo le daba la sensación extraña de que el pequeño Hong-er de esa pesadilla había estado en la muralla con las intenciones de fallecer frente a todos los espectadores.

-¿Amor? ¿A-Lian?

Sin controlar sus temblores, el inmortal lo sujetó del cuello, fuertemente.
-Por favor, San Lang. ¿Cuántos años tenías cuando caíste de la muralla?

-Yo... quince. Tu también lo sabes, ¿No?

Esa pequeña palabra. Ese pequeño número. Fue lo que necesitaba para que su corazón se relajara un poco.
Tomó una gran bocanada de aire y se dejó caer ante los brazos de su esposo.

-¿Estás mejor, Gege?

-Sí. Estoy mejor. Pero... ¿Podría E-ming dormir con nosotros lo que queda de la noche?

-¿El pedazo de ojalata?

Xie Lian rió.
Era real, lo que ahora ocurría era completamente real.
-Es solo que... extraño ver tu ojo maldito.

Y sin más rodeos tocó su rostro para besar el párpado vacío de su amado.
Era real.
Se conocían desde pequeños.
Todo estaba bien.














•••









Saliendo corriendo a trompicones, el General Ming Guang se vió obligado a dar retirada de la gran cueva tras haber sido atacado por una bandada de pájaros-murciélagos. ¿Qué carajos es eso? Son murciélagos son picos de aves, plumas de cuervo y orejas de conejo.
Sí, así tan raro como suena, una anomalía únicamente vista gracias al reino fantasmal. De hecho creía que eran una leyenda hasta que se los encontró dentro de esa cueva.

𝔻𝔼𝕊𝔻𝔼 𝕊𝕀𝔼𝕄ℙℝ𝔼Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora