-No sabía que en los cielos podía llover -dijo Qi Rong, observando el lugar lleno de palacios. Llevaba cargado de su hijo en su espalda con ayuda de una tela.
Después de la pelea pasaron cinco noches en una posada, hasta que se encontraron con Lang Qianqiu, quién les ofreció quedarse en su palacio en la Capital Celestial.
Así que, ahí estaban.
-No es común, pero puede pasar -dijo Lang Qianqiu -. Aunque yo no sabía que podías hacer eso -señaló al pequeño que dormitaba.
-No es difícil, toda la fuerza recae en la espalda y las piernas.
-No... me refiero a... que sabrías cargarlo como un bebé.
-Ah sí -sonrió -. A veces las mujeres a las que ayudaba necesitaban que alguien cargue a sus bebés mientras ellas atendían a sus otros hijos.
-¿Ayudabas a mujeres con hijos?
-Más precisamente a mujeres embarazadas o con niños pequeños -miró al cielo, llovía a cántaros y deberían atravesar toda agua para llegar al palacio Taihua.
-¿Solías hacer eso?
-Sí. Tanto en XianLe como en Yong An. Por cierto, ¿No tendrás problemas por haberme traído aquí? Considerando, bueno... mi naturaleza.
-Tendré que mantenerte oculto -miró a los alrededores, con una seña le indicó que avanzara -. Todo estará bien siempre y cuando no creas caos.
El fantasma soltó una risa débil.
-En este momento, es lo último que quiero hacer.
-¿Qué te parece si me cuentas sobre las mujeres que ayudabas?
No fue mucho, pero un pequeño brillo alegre se formó en los ojos del fantasma.
Avanzaron con cautela, el dios hacía uno de un escudo para evitar que se mojaran por la lluvia, y durante todo el trayecto Qi Rong habló con algo de entusiasmo, recordando épocas que se le hicieron agradables.
Hace muchos años, cuando era un joven inmaduro de tan solo catorce años, mientras corría por las calles de XianLe intentando replicar las acrobacias de su primo mayor, terminó tropezando con una mujer que casualmente estaba embarazada.
-¡Hey niñato! -le gritó -¡Fíjate por dónde andas! ¿Qué no ves mi estado?
-¿¡Hah!? ¡¿Qué importa?! ¿Si quiera sabes quién soy? Soy el príncipe menor del palacio, ¡Tu eres quien debe mostrar... ¡Auch!
La mujer no se inmutó ante su sermón de poderío y lo jaló fuertemente de la oreja, no fue hasta mucho más tarde que el joven Qi Rong comprendió que ese fue un castigo muy suave.
Sin intenciones de soltarlo, la mujer se lo llevó hasta su casa, una ubicada en la zona pobre de la capital, y sin remordimientos lo obligó a sentarse en una banca para que pelara los tubérculos de su cocina.
-¡¿Qué mierda?! -gritó -Yo no haré esto, ¿Qué no me oíste? Soy un príncipe, maldita plebeya.
Pero eso no funcionó, la mujer sacó una chancla de madera y se la indicó mientras lo regañaba por su tremenda bocota mal hablada.
-Si no quieres recibir una paliza entonces deberás ayudarme de aquí en adelante hasta que mi bebé nazca. Si tanto eres un príncipe entonces deberías saber acerca de valores.
Jamás había sido reprendido de esa manera. Al final quedó tan congelado ante esa actitud que simplemente obedeció, manchó sus túnicas con polvo y sangre (debido a no saber usar un cuchillo), pero al final terminó de hacer todas las labores del hogar que la mujer le había colocado. Ella incluso se rió demasiado de él cuando mostró no saber usar una escoba, sacudir telas o lavar ropa, pero también se lo enseñó. Se sintió muy raro, como si estuviera otra vez en esa casa maltrecha con su madre y el monstruo que se suponía ser su padre. Lo hizo tener nostalgia.
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𝔻𝔼𝕊𝔻𝔼 𝕊𝕀𝔼𝕄ℙℝ𝔼
Fiksi PenggemarHace ochocientos años en el ya olvidado reino de XianLe, dos niños se conocieron y se enamoraron, pero su amor era una especie de tabú. Mientras que uno era el príncipe heredero del reino, otro era un niño que vivía en la miseria y había nacido mald...
