69: Enfrentamiento

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Estaba petrificado, no podía hacer nada más que observar lo que ocurría a su alrededor. Y eso, no era tampoco algo bueno.
¿Por qué hablaba así?
No entendía, Jun Wu le hablaba con un aire extraño a Mu Qing, como si tuviera una soberbia y maldad en su voz.
Le pedía que lo ayudara contra, ¿XianLe? ¿Qué tenía que ver Xie Lian con eso?
No lo sabe, pero ahí estaba, observando como el Emperador convencía a su ex amigo a traicionarlo. El lugar estaba demasiado silencioso y podría jurar como escuchó las risas de su primo por las afueras del palacio.

Y entonces, con una mirada intensa, Jun Wu sostuvo la muñeca del otro oficial marcial, por mucho tiempo hasta que apareció un grillete maldito en la piel de Xuan Zheng. Dijo algo mientras tanto, pero no pudo oírlo.

Su entorno se destrozó, repentinamente ahora estaba en otra posición, sobre una roca que justo daba a una gran caída, rodeado de mucho calor y el miedo de la muerte recorriendo sus entrañas. Finalmente se dió cuenta de que su brazo estaba extendido, soltando a Ruoye hacia el precipicio. Se movió con cautela, consiguiendo ver qué sujetaba.
Tal y como temía.
Se trataba de Mu Qing, quien lo miraba con profundo terror y arrepentimiento, un gran río de lava fluía debajo de él, con almas quemadas que se alzaban y luchaban para arrastrarlo con ellas.
El agarre de la tela resbaló.
Su mirada se convirtió en terror.
Y aquel que alguna vez fue su amigo cayó.
Directamente hacia la lava.

Xie Lian despertó.
Otra vez de un golpe ante aquella pesadilla, sudando y temblando, helado y con un pulso sin ritmo. No podía soportarlo.

Por fin su esposo se levantó para apoyarlo. Pero sus mimos ya no eran igual de efectivos, su sangre ardía como nunca y siempre pensaba con temor sobre la siguiente pesadilla.
¿Por qué ahora?
¿Qué significan?











•••







El metal sonó fuertemente tras chocar contra el suelo, la espada finalmente habia caído y simplemente se escuchaba el llanto del General Pei.
Cayó de rodillas, llorando sin parar.
Esto era deprimente.
¿Por qué debía estar pasando por esto?
¿Por qué era tan cobarde? ¿Siempre fue así?
Es tan cobarde que ni siquiera puede cumplir con la más cobarde de las soluciones.

-¿Por qué no me has matado? -preguntó Shi Wudu.

-Porque no puedo hacerlo. Porque no puedo dejarte hacerlo.

El dios elemental suspiró. Él también está cansado.
-Ya no... puedo soportarlo... Qingxuan, ¿Por qué sigues aquí? ¿Qué puedo hacer para que por fin me pierdas? -también lloró.

-Él no te odia. Él no está aquí -consiguió levantarse. Estaba decidido, su amigo estaba perdido, pero aún había un índice de vida dentro de él.

Recogió su espada y empezó a avanzar.
-Encontraré ese pozo, te lo prometo -y salió.

Así que, ahí lo dejó. Pero realmente no le importó, se acurrucó debajo de las mantas y por primera vez en muchos días se durmió algo cálido, con un sabor amargo en la boca.

-Al final nos volviste a dejar solos -dijo, mientras intentaba no mirar a su hermano menor que seguía parado en una esquina. Observándolo.

Y así cerró los ojos.








•••








-Ah~ Oh~ sigue así~ -gemía Qi Rong.

-A-Rong, por favor.

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