Extra

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—¡Papá, no te muevas! —ordenó la niña con su voz clara a pesar de sus cuatro años. Concentrada, empuñando el pincel de sombras como si fuera un bisturí—. Arruinarás el smokey eye.

Minho pestañeó lentamente, con el cuello doblado hacia atrás y dos coletas mal atadas en su cabello mientras afirmaba su corona.

—¿De verdad se llama así? Porque yo juraría que esto es una emboscada con brillantina.

—Shhh. Las clientas no hablan.

—A esta clienta no le han dado té ni galletas —jugó con Haeun, pero ella arrugó el entrecejo e hizo una mueca que mostraba sus largos dientes superiores de conejito.

—Arruinaría mi arte —sentenció, con la seguridad de una dictadora en zapatillas de unicornio.

Minho se miró de reojo en el espejo del tocador improvisado.

—Oh wow… ¿eso es rubor o me pegaste una cereza?

—Se llama arte, papá.

—¿Papá? creí que era una clienta —dijo Minho mientras acomodaba su corona, haciendo a la niña soltar un chasquido. Contuvo la risa ante el mohín de su hija.

No tuvo tiempo para estar presentable cuando la puerta principal se abrió y Leebit se levantó de la alfombra para ir a su encuentro.

—Hola, ya llegué —anunció mientras dejaba las llaves en el recibidor y sacaba sus zapatillas para reemplazarlas por zapatos de descanso—. Hola mi pequeño.

Leebit se arrulló en los pies de Eunji mientras esta acariciaba su lomo.

—¡MAMÁ! —gritó la niña, saliendo disparada a la entrada.

—¡¿Haeun, qué te pasó en la cara?!
Eunji parpadeó al ver a su hija corriendo hacia sus brazos.

—Fue papá —soltó señalando hacia la sala —dijo que esto es la moda —talló sus ojos, repartiendo el negro por todo el párpado, cual mapache.

Trató de contener la risa ante el maquillaje gótico que traía, en contraste con su vestido de tul y zapatillas a juego.

—Soy un artista incomprendido —dijo Minho llegando a su encuentro.

Eunji se echó a reír al ver a Minho acercarse, caminando con dignidad cuestionable, las mejillas con purpurina roja, labios rosados y una sombra plateada que ni siquiera intentaba disimular. Mordió sus labios al ver el desastre que habían armado en tan solo unas horas juntos. Rodó los ojos. Rendida, dejó un beso en la cabeza de la pequeña que se aferraba a ella, para luego besar a su marido con cuidado de no arruinar el labial rosa que se esparcía hasta su mentón.

—Ven aquí cariño, para que mamá entre —tomó a la cómplice de sus aventuras en sus brazos, orgulloso y ambos miraban a Eunji con la misma expresión—. Nuestra hija heredó mi talento. Deberías agradecerme como me merezco.

Se acercó para darle un beso y Minho, sin perder la oportunidad, la besó ruidosamente, asegurándose de combinar su labial.

—¡Eewwwww! —gritó su hija, tapándose los ojos, escabullendose de los brazos de su padre para escaparse hacia su habitación con Leebit en brazos—. ¡No veas eso!

Ambos rieron y Minho enredó sus brazos en la cintura de su esposa atrayéndola hacía sí.

—No puedo creer que te haya usado como lienzo humano otra vez —murmuró, mirándolo, aún incrédula por el “arte” en su rostro.

—Soy su clienta número uno.
Sentenció besando a su esposa, quien reía por lo encantadoramente sexy que era Minho en versión padre.

—¿Cómo está Yeji? Pensé que llegarías más tarde.

Limbo - Lee KnowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora