Capítulo 80.

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─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fifty-three. ❫ ▒▓


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LA NOCHE DESCENDIÓ DESPACIO SOBRE los terrenos Mikaelson, como si el cielo mismo supiera que aquello no era una simple reunión familiar. El jardín extendido estaba preparado desde el atardecer. No era un lugar cualquiera: era uno parecido donde, siglos atrás, habían celebrado pactos, llorado pérdidas y jurado venganzas. Los robles antiguos rodeaban el espacio como centinelas, sus ramas desnudas dibujando sombras alargadas sobre la hierba seca.

La hoguera aguardaba todavía sin encender, construida con leña escogida por Niklaus y Stefan esa misma mañana, junto con los ataúdes de los hermanos Mikaelson. Este iba a ser un punto de inflexión para la familia.

Agnetha observaba todo en silencio. El aire olía a tierra fría y a promesa. Estaban todos. De nuevo, reunidos. Finn, de pie junto a Jenna, ligeramente rígido todavía en esta nueva normalidad, aunque sus dedos rozaban los de la vampira con una delicadeza casi reverencial. Elijah, impecable incluso en un entorno natural y familiar, con las manos cruzadas a la espalda. Kol y Rebekah murmuraban algo entre ellos, compartiendo esa complicidad que una vez de humanos les había caracterizado. Klaus permaneció junto a Caroline, cuya presencia en aquel círculo, a ratos, parecía casi surrealista. Stefan se encontraba junto a su prometida, con las manos cálidas apoyadas en su cintura. Jane y James hablaban en voz baja con Henrik y Jeremy, unos metros más allá. El cuarteto era un tanto peculiar: Henry, con su energía curiosa; Jeremy, más callado pero observador; James, firme y protector; y Jane... Jane era la cordura que unía a los cuatro.


—Es el momento —dijo, con suavidad, Agnetha.

Niklaus encendió la hoguera. Las llamas se elevaron con un rugido controlado, doradas, vivas, reflejándose en los ojos de todos. Durante un instante, mil años parecieron comprimirse en aquel fuego vivo. Y, entonces, los recuerdos comenzaron a filtrarse en las mentes de los hermanos.




Siglo XVII, 1623. Bosques de la Europa Central, selva negra alemana.

El mundo en ese entonces era diferente. Más salvaje, más supersticioso. Los Mikaelson viajaban juntos. No eran humanos y tampoco novatos con su inmortalidad. Pero, aún eran una familia que se movía como una sola entidad. Unidos.

Se habían reencontrado todos menos Finn, que yacía en un ataúd desde 1226—, en 1492, en Inglaterra. Agnetha había permanecido en la corte de Enrique VIII por varios años, siendo considerada una pieza clave de la aristocracia nórdica. Sus hermanos llegaron a Palacio presentándose como la misma nobleza vikinga, sorprendiendo a Agnetha, quien se había alejado durante siglos para controlar su magia.

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