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Ambos estaban sentados aquel sillón en forma de C en los extremos, con la mirada puesta en algún punto de aquel local tipo futurista y retro, algo raro la verdad, no entienden mucho la temática del lugar, solo que hay muchas luces de colores neón como aquellas luces blancas, música mezclada, paredes coloridas y ventanales cubiertos por una malla que impide que el calor del abrazador sol entre.

El personal vestidos entre trajes con pulseras coloridas como los collares, faldas como medias con holán y trajes en colores pastel, yendo y viniendo sobre las ruedas de los patines con los cuales se impulsan, un lugar familiar con malteadas, limonadas, postres y comida rápida.


Yuuichi parecía otro con aquel traje a la medida, un reloj de pulso en la muñeca, los guardias que se quedaron a la puerta del lugar, el auto negro con las ventanas polarizadas, su rostro parecía haber adoptado sus años actuales más unos cuantos más, unas ligeras marcas bajo sus ojos y el poco brillo en ellos, después de todo, desde que se fue tuvo que dejar a Jeanne para irse con su madre, siendo eso y el abandono a su hermano y abuelo que lo dejarán con un vació en el pecho que n lograba llenar con nada. 

Al tiempo supo que Jeanne y Okita se fueron a otra ciudad, y que al parecer se casaron.


—Has crecido, tienes un mejor aspecto, hermano –habló al fin Yuuichi, luego de que la mesera les trajera a cada uno su pedido, sonriendo amable y retirarse —el abuelo dijo que vendería la casa.

—Si, me lo contó hace unos días –afirmó para comer una papa del plato donde una hamburguesa y papas esperan ser devoradas, además de una limonada a lado.

—Entonces, estás de acuerdo –sigue Yuuichi, quien ordeno una ensalada verde con aderezo y agua.

—El sabe que hace, además, ya no hay nadie viviendo ahí –sujeta la hamburguesa con ambas manos —y él decidió que querrá pasar sus días en Francia –sus dientes se clavaron en el pan, traspasando este y descender por la carne, verduras y tocar los dientes inferiores.

—Tienes razón, ya no vivimos juntos –declara con culpa y melancolía en sus palabras.

Kyousuke le miró, como aquellos ojos apagados estaban reviviendo los recuerdos en aquel hogar, sus días alegres y tristes, los recuerdos al ir creciendo bajo el cuidado de su abuelo, quien ahora decide que aquello debía de ser vendido, dejar el pasado atrás y ver por el futuro.

—Estás delgado –habla para sacar de sus recuerdos a Yuuichi —y parece que no duermes.

Ríe por aquel comentario —el trabajo consume más de lo que se piensa, además, hay cosas rondando mi cabeza.



Es verdad.

Desde la muerte de su madre.


No.


Desde antes, cuando dejó atrás la casa de su abuelo, aquel lugar donde vivió toda su infancia, su vida, ese sitio donde crío y cuido de su hermano, lleno de recuerdos, de momentos y memorias; las primeras noches fuera de su hogar se sintió perdido, ajeno a ese lugar lleno de cosas caras, objetos valiosos y sabanas costosas.

Ni los vasos con leche y miel lograban hacer que su sistema dejará de estar en alerta, descansar fuera de su hogar, aquel lugar ostentoso no llena la sensación de un cálido abrazo y la agradable sensación de cobijo que su hogar da junto a Kyousuke y su abuelo.


En un principio el trabajo fue algo nuevo para él, curioso y ansioso, trabajo con esmero, dedicación y esfuerzo, cada día lograba aprender algo nuevo, avanzar, aprender rápido, enorgullecer a su madre, con la cual almuerza todos los días, quien cada día está más orgullosa de él, saliendo algunas veces a un bar para pasar un buen rato y charlar de manera amena, su madre, una mujer de mundo, conocedora, atenta, con buen gusto siempre lo lleva a lugares de alta gama, lugares refinados y costosos.


Notó como ella tiene una buena relación con varios miembros dentro de aquella empresa, sus miradas, aquellas frases con doble intención, intento no pensar mucho en ello, los días pasaban y su trabajo se volvió ameno, agradable al hacerse de compañeros que lo apoyaban cuando algo se le dificultaba, entre ellos uno de cabello rubio a los hombros y piel morena, con ojos chocolate que a veces lo ponen nervioso.


Las semanas se convirtieron en meses en donde no habló con su hermano por el trabajo, apenas y respondiendo a las llamadas de su abuelo, quien le insistía en que hable con Kyousuke, e incluso le contó que este estaba pasando por un mal momento.


—Mentiras de tu abuelo –responde ella con algo de molestia —seguro querrá pedirte dinero, o tiene algún problema, deja que aprender a vivir por sí solo, suficiente tuvo con quitarte valiosos años de tu vida –comento para beber de aquel vino.

—Kyousuke no es así –frunce el ceño molesto por la manera en que su madre sigue hablando de su hijo. Ella prefiere no hablar de ello, pasando a otros temas sobre el buen trabajo que lleva en la empresa, y que tal vez pueda ser promovido en la misma —es demasiado pronto para eso.

—Tonterías, eres excelente en lo que haces –anima alegre —eres maravilloso, hijo, estoy orgullosa de ti.


—Estás preocupado –no fue pregunta. Axel estaba detrás de Yuuichi, quien se sobresalto por la cercanía de Blaze, aquellos ojos le vieron esperando una respuesta.

Desvió la mirada por un momento, estaba nervioso —asuntos de familia –responde apenas con un hilo de voz, la mirada penetrante de Axle seguía sobre él —no he hablado con mi hermano –suelta al fin con dolor.

—Entonces, deberías de hablar con él –atiende con sencillez a su respuesta, notando algo más en la aflicción de los ojos ajenos —¿hay algo que te detenga?


26/06/2026

Lazos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora