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—Lo amas, se nota en tus ojos –esas palabras no las esperaba Hakuryuu por parte de Tsurugi, este estaba sonriendo de manera amable.

Hakuryuu desvió la mirada, sintiendo el calor abrazador en las mejillas y el pecho, agradable —¿Cómo puedes decir tal cosa?

Kyousuke ríe leve, avergonzando a Hakuryuu —se que soy el menos indicado para hablar de amor, cuando no tengo ni soy un ejemplo.

Hakuryuu pasó de felicidad a sentir un vació y dolor en el pecho —Tsurugi, no digas eso.

El niega —no lo dejes ir. No dejes ir lo que amas, sin importar el resto, o de lo contrario, pasarás la vida pensando en lo que pudo ser.

Aquellas palabras de nuevo fueron flechas en su corazón, le tomó las manos a Tsurugi —desde que te conozco, he estado persiguiendote, siendo estúpido, temeroso al no saber qué es lo correcto o no.

Kyousuke le mira a los ojos, tal como Hakuryuu lo hace, acercando el rostro para besar esos labios que solo beso en el pasado una vez, deseoso de poder hacerlo de nuevo, sentir es fuego en su interior, sin embargo, no pasó eso, no sintió nada en aquel contacto. Tsurugi puso distancia.

—Disculpame, por no haber estado cuando me necesitaste –Hakuryuu abrió los ojos, mirando la dulzura y el cariño en esos ojos que vieron maldad, egoísmo, que pasaron por tanto dolor, lágrimas amargas y pesadas, que aún así logran entregar una imagen de bella a través de esos cristales, una imagen sincera.



Hakuryuu abrió los ojos, aún estaba adolorido por los golpes. Se ducho y preparo para ir a trabajar, el cielo gris y el ruido del tráfico no fue la causa de su molestia aquella mañana, sino las palabras de Tsurugi golpeando en su cabeza, insistentes.

¿Por qué le molestaba hasta ahora?

Recordar como Hidetoshi beso a la fuerza a Fidio le hirvió la sangre, haciendo que los alumnos y los maestros incluso se limitarán en sus palabras hacia él, al tener una expresión nada agradable en el rostro.

Marco tampoco estaba de un buen humor, asustando a varios alumnos y dejar a varios con tareas adicionales por pasarse de listos, y agregar la falta de Fidio, un permiso sin fecha definida al no estar en condiciones, fueron detonantes para empezar rumores que se esparcieron y crecieron por toda la escuela, entre los maestros quienes murmuraban lo más bajo posible cuando ninguno de los dos estaba cerca.

¿Disputa por Fidio?

¿Marco al fin se declaró?

O tal vez ¿Hakuryuu y Marco se gustan?

Esas y más preguntas se formaban, algunos ya tenían en mente el suceso de aquel dilema, otros esperaban poder escuchar de boca de alguno de los tres lo que estaba pasando, pero, sería imposible, y nadie en su sano juicio preguntaría.


—¿Está enojado con el profesor Aldena? –una alumna inocente fue la valiente de cuestionar lo que muchos deseaban saber. El resto del grupo dejó de escribir, más atentos que en cualquier otra cosa para saber la información completa, hasta algunos discretamente empezaron a grabar.

—Esa información no tiene que ver con la clase –Hakuryuu respondió con respeto, pero serio, prosiguiendo con la clase.


—Es una lastima que alguien tan guapo este pasando por algo como eso por un hombre –el grupo de maestras asintieron por aquel comentario dado por una de ellas.

—Es lo que pasa por tener un amigo afeminado como Marco –siguió otra, aquel comentario fue aceptado por las mujeres quienes hablaban entre ellas.

—Lo femenino se me quita con solo hablar –usando el tono grave que Marco no suele usar, asustó a sus colegas, quienes se dispersaron como palomas amenazadas, huyendo de la escena despavoridas, los alumnos y maestros que rondaban por aquel pasillo, observaron la escena para luego huir también.


Luego de llamar a la puerta y recibir respuesta afirmativa para entrar, Hakuryuu entro, deteniéndose al ver a Marco ahí también con el director, quien bebe una taza humeante con té, suspiro cerrando la puerta tras de si y caminar hasta la silla libre para tomar asiento.

—Espero que sepan porque están aquí –sin rodeos, hablo aquel hombre mirando a ambos —hay quejas de ambos por su comportamiento. Todos formamos un equipo, y lamento que el profesor Aldena no este en condiciones para trabajar, pero no es motivo para que estén causando terror en los pasillos.

Marco y Hakuryuu se vieron de reojo y hacer suspirar al director.



—¿Haku? –llamó Víctor a su esposo, quien emitió un sonido en respuesta —¿Me amarías aún si fuera mujer?

Haku le miró de reojo, Víctor estaba recostado en el sillón largo de la sala, mientras Haku estaba en el comedor revisando el manuscrito que había terminado, antes de enviarlo a una revisión con la editorial, asegurándose de cada detalle.

—¿Qué clase de pregunta es esa? –ríe leve para volver la vista a la hoja —claro que te amaría.

—¿Sin importar si fuera gorda, malhumarada y exigente? –siguió Víctor mirando el techo.

Parando su lectura, Haku le miró de nuevo —te amaría con todo y tus defectos.

—¿Y si fuera un sapo gordo y feo?

—¿Qué hiciste? –fue su turno de preguntar.

—Hay demasiado silencio, es todo, sabes que no me gusta el silencio –reprocha para tomar asiento y estirar los brazos —has estado varios días ocupado, no me das la atención que necesito.

—Víctor, estos días que dices que no te doy atención, cada noche dejo que me hagas el amor. Esto es importante, lo sabes.

—¿Más importante que tú esposo? –llegó al costado de Haku, tomando asiento en el borde de la mesa —se que es importante para ti. ¿Sabes qué? Iré a visitar a nuestro polluelo –poniéndose en pie, va por su abrigo.

Haku le mira, niega con una suave risa para seguir revisado el escrito.


17/04/2026

Lazos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora