"Apoyo incondicional."

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Soundtrack ~ Attention ~ Charlie Puth

"Ella era una gran Historia. Él era el mejor Lector."

Capítulo 70: "Apoyo incondicional."

— Señor — alzo mi vista, un camarero me contempla con visible compasión. Aprieto mi mirada desplazando la mirada y clavándola en la mesa —. ¿Va a querer comer algo o seguirá esperando? — Pregunta, no me toma por sorpresa, hundo mis uñas en la piel cuando envuelvo la mano en un puño, la furia me recorre más de lo que quisiera.

—Tráigame la cuenta — respondo cortante, no escucho nada aparte de sus pasos mientras se aleja y, para cuando me quiero percatar, el aire de la noche impacta en mi rostro provocando un escalofrío en mi cuerpo. Miro a ambos costados con una mínima esperanza de que ella llegue, se evapora en cuanto un desierto se levanta ante mis ojos.

Resoplo deseando que ella aparezca, por algún milagro del universo, aquí, le gritaría hasta que me quedara sin voz y, aún así, eso no disiparía la ira que se encarga de recorrer mis venas sin encontrar un final acorde con la situación, ya de por sí, frustrante. Se suponía que íbamos a relajarnos, dejar de lado por unos malditos segundos todo lo que nos atormenta desde hace semanas.

Quería que se calmara, que la noche terminara con el mayor acto de amor que puedo brindarle. Pateo una piedra rogando porque eso pueda destensar mis músculos cargados de enfado, pero nada me ayuda cuando lo único que quiero es destrozar cada cosa que vea a mi lado. No me importa cuanto daño pueda llegar a causar pues ahora el dolor que yo siento es mayor.

Dejo que el móvil suene en mi bolsillo sin importarme quien es la persona que llama. Si es Elizabeth ya puede ir yéndose por donde ha venido porque no pienso volver a suplicar una cena para aligerar las cosas. Me rindo, está claro que, cualquier acto de bondad que crezca en mí, no va a ser valorado por ella.

Damos un paso adelante y cincuenta atrás, es un agujero negro del que no puedo salir por que, cada vez que quiero huir, me adentro más en él. Lo peor es que me siento estúpido, en todas las peleas me martirizo de lo sucedido. Pero no creo que yo tenga esta vez la culpa, he intentado lo mejor que he podido salvar esto que tenemos y ella me lo agradece dejándome casi más de dos horas sentado en la silla solo y con una cara de amargado con la que nadie se acercaría a mí. Tampoco pretendo que lo hagan, no cuando quiero lastimar a todos.

Suelto un gruñido mientras camino, vuelve a vibrar con insistencia el teléfono. No quiero escuchar a nadie, ahora solo quiero cruzar la manzana, llegar a casa y despotricar a la chica que encuentro más distante por día. Lo que menos deseo es que me obliguen a contestar al maldito teléfono porque, cuando lo haga, no estoy seguro de poder soltar palabras agradables.

Prefiero callarme la boca a argumentar echos que no vendrán a cuento y que, por más que ruegue por sacarlos, acabaré arrepintiéndome. En el fondo, las personas de mi alrededor no merecen ser víctimas de mi enfado porque una chica me haya puesto mi mundo de cabeza, y, por desgracia para mí, esta vez no es en el buen sentido.

Me quito los zapatos cerrando la puerta de un buen golpe, doy un brinco al no medir la fuerza con la que movía esa lámina blanca de madera. Dejo las llaves en el recibidor para adentrarme, segundos después, en el salón. El silencio es ensordecedor, casi escalofriante, y la necesidad de que mi hermanita baje por las escaleras echándome la bronca llena mi cuerpo de nostalgia.

Ella se quedaría a mi lado, me daría uno de sus tantos sermones que me harían ver lo madura en lo que se está convirtiendo desde que llegó a este condado. Me obligaría a percatarme de la enorme cantidad con la que me enorgullezco de la persona hermosa y adulta que es. Aunque después de la charla me dieran ganas de darle con una almohada en la cabeza por ser tan ridículamente lista.

Ignórame (U.D.S.#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora