Mi visión borrosa por las lágrimas, no ayudaba nada a la conducción rápida que llevaba en esos momentos.
No sabía que debía hacer exactamente o donde debía ir.
Sabía que bajo ningún concepto no me podían encontrar.
Pensé en Claudine... Vivia a un par de pueblos de ahí, sabía que ella me ayudaría.
Conduje lo más rápido que pude, intentando no detenerme mucho ni en los semáforos ni en los pasos peatonales.
Aparqué de cualquier manera delante del edificio de ladrillo en aquella calle tan recóndita.
Bajé apresurada del coche, y con la mano temblando presioné el botón que pertenecía al tercer apartamento de ese bloque.
-¿Si?- preguntó la dulce voz de la mujer.
-¿Claudine? Abre... Soy yo- dije entre pequeño sollozos.
-Mack...- susurró a la vez que escuchaba como se abría la puerta del portal.
Tiré de ella y me adentré en el portal para después subir las escaleras lo más apresurada que pude.
Llegué al tercer piso y Claudine se encontraba en la puerta abierta de su apartamento, con la cara descompuesta... Ella sabía que había pasado algo.
Era una mujer de unos treinta y pocos, muy pálida de piel y de un oscuro pelo azabache. Sus ojos verdes destacaban, enmarcados por diminutas pequitas en las mejillas y unas largas pestañas del mismo color carbón que el cabello.
-¿Y Jordan?- preguntó ella acercándose a mí y pasándome una mano por la espalda, invitándome a entrar en su casa.
Negué con la cabeza y de nuevo empecé a sollozar, pero esta vez en su hombro.
-Shhht...- me frotó ella la espalda con afecto.
Una vez me calmé un poco, me preparó una tila y me la trajo al sofá en el que estaba sentada.
Se sentó a mi lado y me tendió la taza humeante.
-¿Qué...?- empezó a preguntar ella.
-Cazadores...- susurré yo mirando fijamente el líquido de la taza moverse dentro de ésta.
-Lo han averiguado...- se tapó la boca con las manos.
Asentí y me encogí de hombros sin saber que decir.
-Jordan se quedó... Yo no sé si...- empecé a decir pero no pude pronunciar esa palabra en la misma frase.
-Estará bien... Él y toda la manada...- me animó Claudine.
Los cazadores pertenecían al pequeño grupo de gente que conocía el mundo místico.
Se dedicaban a armar el caos en cualquier clan vampiro o manada de lobos que se cruzasen.
Hacía poco nos enteramos de que iban a por la nuestra... Llegó a sus oídos que un niño híbrido entre una humana y un alfa iba a llegar al mundo.
El único alfa de Canadá que esperaba un niño híbrido era Jordan... No era difícil localizarnos con esa descripción.
Habían mil cazafortunas que estaban dispuestos a arrasar con manadas enteras.
Le tocó a la nuestra...
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Jordan
Hombres Lobo-Querida... No saldrás de aquí en tu vida... Aquellas palabras me helaron haciendo que se me quedara cara de tonta. ¿C-como dices?- tartamudeé yo. -Lo que oyes pequeña... Me perteneces, siempre lo has hecho Mack. -¡Estas loco- le chillé sin poder co...
