Capítulo 39.

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EL REFLEJO DE UNA ASESINA



Veo al alfa transformarse. Se ha quitado la camisa y cada una de sus vértebras se mueve bajo la piel, oigo el sonido de sus huesos moviéndose, cambiando. Pero antes de que terminase de cambiar, una sombra sale de entre los árboles emitiendo gruñidos y se dirige a toda velocidad hacia Leif. Uno de sus lobos salta a interponerse entre ambos, pero la bestia lo aparta de un solo empujón y se lanza de manera frenética sobre el alfa en plena transformación. Sin embargo, antes de que pudiese tocarlo, Leif se abalanza a su encuentro y cuando ambos chocan, lo que veo es un gran lobo blanco cernirse sobre el monstruo de Perthro. Mientras el alfa intenta enterrarle los colmillos en el cuello, el otro lobo busca la manera de hincarle las garras, pero Leif es mucho más rápido y logra apartarse antes de que pudiese tocarlo, y regresa a mi lado, erizado por completo mientras un gruñido brota de su garganta. El poder que desprende es tal que me llega a poner los pelos de punto sólo por tenerlo a un costado. El alfa es de temer en aquella forma.

Observo a la criatura frente a mí. Es más grande que la forma de lobo de cualquier Cambiaforma, lo cuál ya es mucho, , tiene los ojos blancos como si a la pupila se la hubiese tragado una densa niebla, los caninos se escurren de las fauces y sobresalen de ellas incluso con el hocico cerrado y también le brota una extraña espuma roja. Parece un perro rabioso, no veo rastro de humanidad en esa cosa. Si alguna vez fue una persona, dudaba mucho de que siguiese allí dentro: el lobo ha debido de tragársela hace mucho tiempo.

La bestia gruñe de vuelta y se abalanza sobre Leif una vez más. Son una bola de garras y dientes que emite rugidos. El sonido de sus cuerpos chocando y arañándose ocupa todo el lugar.

Es allí cuando noto algo: ¿Por qué ha aparecido sólo uno?

Hemos oído muchos más y ha parecido que se encontraban muy cerca, pero... ¿por qué no nos han atacado también? Miro a nuestro alrededor: los lobos de Leif rodean a su alfa para poder intervenir en cuanto lo viesen necesario, están concentrado en ellos. Sungji está alerta, escaneando los perímetros, pero no parece haber nada. Algo no está bien.

¿Dónde están los otros?

Mi corazón se dispara y cualquier instinto que he tenido para empezar a cambiar se esfuma y es reemplazado por el pánico puro.

—¡Sungji! —grito—. ¡Han ido tras los otros!

La loba se voltea a mirarme al escucharme y observa nuevamente el lugar, olfatea y luego gruñe. Lanza un aullido al cielo y se lanza hacia los árboles, hacia la penumbra del bosque. Veo a dos de los cuatro lobos de Leif seguirla también.

Desde un inicio planearon separarnos para poder atacarnos. Lo han sabido: sabían que estaríamos aquí, sabían que nos separaríamos y que encontraríamos los cuerpos. Sabían que había un grupo que tenía la desventaja, porque el grupo de Dante no sólo se enfrentaría a las bestias de Perthro... pero también a los cazadores.

Maldita sea. Mierda, mierda.

El lobo blanco cae frente a mí, sobresaltándome y haciéndome caer sobre mi trasero.

—¡Leif!

Me aproximo a él, pero el alfa se levanta rápidamente y se sacude. El blanco pelaje está manchado de rojo y tierra, pero no parece afectarle demasiado. Sus fauces se echan hacia atrás y muestra los colmillos, el alfa mira a los dos lobos que aún están aquí, parecen estar comunicándose. Segundos después, los lobos se han marchado tras los demás. Leif planea enfrentarse solo a ese monstruo.

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora