Capítulo 21.

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EL ORGULLO NO ES FÁCIL DE REPARAR



—¿Me estás diciendo que hay una persona dentro de esa cosa? —farfullo.

—De alguna forma, lograron tener Practicantes de su lado y han estado tratando de alterar el hechizo original que les dio la capacidad de transformarse —explica—. Pero las cosas no han salido bien. Es un hechizo muy complejo y muy antiguo. Así que terminan en eso, en bestias que no saben diferenciar entre el instinto animal y su propia humanidad.

Dios mío.

—¿Y qué ocurre con ellos?

—Muchos no vuelven a ser humanos. Cuando intentan cambiar, o mueren en proceso, o quedan en un estado espantoso: no son ni lobos ni personas y son incapaces de pensar con racionalidad... al final, mueren en agonía.

—Eso es terrible, Astrid —musito—. ¿No hay nada que puedan hacer para devolverlos a su forma normal?

Ella sacude la cabeza y un par de mechones se le arrancan del moño que trae sobre la cabeza.

—Quién haya realizado el hechizo, si bien tiene consecuencias horribles, lo ha hecho bien. No es algo que un Practicante de mi nivel pueda deshacer, incluso Valas más experimentadas lo han intentando. Pero no tiene arreglo, jamás hemos visto algo cómo eso antes —replica.

Se le nota desanimada sobre el tema. Empieza a subir las escaleras y yo la imito.

—Entonces, quiénes quieren despertar a Fenrir están aquí en Beckinsale... —alargo—. ¿Eso no hace al bosque demasiado peligroso? ¿Para la gente del pueblo?

Con razón Jera estaba tan en contra sobre dejarme ir al bosque. Qué estúpida fui.

—Los Aulladores registran el bosque todos los días. Se aseguran de que no haya nadie sospechoso muy cerca de la villa y del pueblo. Intentan proteger a todos, pero no son muchos...

—¿Aulladores?

—Aquí todos tienen un trabajo y una función, Mack. Y hay quiénes se encargan de la seguridad y el bienestar de la comunidad. La Tropa de Aulladores son la fuerza bruta de Moonfall, son quiénes nos protegen. —Se mete entre las estanterías—. Jera puede explicarte mejor la distribución de la comunidad. Yo sólo ayudo en lo que puedo, pero no tengo un cargo como tal.

Reviso los libros distraídamente. Son bastante viejos, algunos incluso tienen cubiertas de cuero y pieles.

—¿Y Jera sí?

—Sí —contesta—. Es el segundo al mando.

—Su padre es uno de esos... Primeros —tanteo—. ¿Siempre es así de rígido?

Mis ojos van a parar al perfil de la rubia que está concentrada en los títulos de los lomos de los libros frente a ella. Hace una mueca.

—Kodran es difícil de tratar. No te lo tomes personal —advierte—. Pero no siempre fue así. —Se pone de puntas para intentar alcanzar un libro unos cuantos centímetros más arriba, pero apenas lo roza con las uñas—. Creo que cambió cuando la madre de Jera murió.

Comprensible. Aunque tampoco tanto. Después de perder a alguien, se debería de valorar mucho más a los que aún tienes.

Me cruzo de brazos.

—¿Y el hermano mayor...? —Me interrumpo a mí misma cuando veo que el libro que Astrid está intentando alcanzar se mueve solo y sale de su lugar para luego aterrizar lentamente sobre las manos de ella—. ¿Qué...? ¿Tú...? —balbuceo.

I. The Calling ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora